El bibliotecario invisible de Buenos Aires: un taxista lleva 40 años dejando libros de Borges o Neruda en los bancos de la ciudad con una nota sin firmar
“Te dejo este libro para que te instruyas”, dice la dedicatoria.

Hay libros que entretienen, otros que enseñan y algunos que llegan en el momento justo para cambiar la forma de ver las cosas. Quizá por eso nunca dejan de tener valor, incluso en un mundo dominado por las pantallas. Porque abrir un libro sigue siendo una de las maneras más sencillas de viajar, aprender o encontrar un poco de compañía. Y eso es precisamente lo que lleva cuarenta años intentando un taxista de Buenos Aires.
Se llama Roque, aunque casi todo el mundo lo conoce como el Tigre. Desde hace cuatro décadas, cada vez que termina de leer un libro, lo envuelve cuidadosamente en una bolsa para protegerlo de la lluvia, escribe una breve nota sin firmar y lo deja sobre un banco de la ciudad para que cualquier desconocido pueda encontrarlo. Entre los ejemplares que ha repartido hay obras de Borges, Neruda, Sabato o Balzac, con la esperanza de que, al otro lado de ese gesto anónimo, alguien descubra el placer de la lectura.
"Te dejo este libro para que te instruyas. Tal vez sea el único que leas en tu vida, pero dirás: leí un libro", es lo que deja escrito en cada ejemplar, según recoge El País. Para Roque, cada libro puede convertirse en un refugio para alguien que atraviesa un mal momento, una puerta de entrada a la literatura o simplemente una compañía inesperada. En su imaginación, cada ejemplar encuentra siempre al lector que más lo necesita.
Un gesto silencioso pero poderoso
Detrás de cada libro que deja sobre un banco también hay una historia muy personal. Hace 40 años, Roque perdió a Mónica, su primera esposa, que falleció con solo 27 años tras una enfermedad repentina. El tiempo ha pasado, pero todavía hoy se emociona al recordarla. Su actual mujer, Carla, entiende que ese amor forma parte de quien es Roque. En definitiva, esa mezcla de dolor, esperanza y generosidad explica parte de la constancia con la que el hombre continúa repartiendo libros sin esperar nada a cambio.
Su recorrido suele llevarlo por algunos de los lugares más emblemáticos de la capital argentina, una ciudad estrechamente ligada a la literatura y al legado de Borges, quien trabajó durante años en la histórica Biblioteca Miguel Cané, donde escribió parte de su obra. Ese vínculo convierte a Buenos Aires en el escenario perfecto para una historia donde los libros cada vez están más presentes fuera de las bibliotecas tradicionales.
Después de cuatro décadas manteniendo el anonimato, Roque ha decidido hacer una pequeña excepción. Inspirado por una conversación con El País, decidió que, a partir de ahora, aquellas notas anónimas llevarán una firma muy especial: "El bibliotecario invisible de Buenos Aires". Un nombre que resume cuatro décadas de una iniciativa silenciosa que demuestra que, a veces, el gesto más pequeño puede cambiar la historia de un lector desconocido.
