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28/01/2019 09:13 CET | Actualizado 28/01/2019 09:19 CET

Lo que no necesitamos ver del caso Julen

AFP
Velas en memoria de Julen, en Málaga.

Este articulo va a ser corto. El domingo se cumplieron 26 años del hallazgo de los cadáveres de las niñas de Alcàsser. Escribí esto, hace un año, sobre aquel día fatídico en el que Nieves Herrero NO estuvo sola. Del nuevo caso, el del pequeño Julen, estoy tan cansada, tan estomagada, como vosotros. No pensaba volver a hablar de esta cobertura. Una tiene la sensación de que ya lo ha dicho todo sobre el asunto. Lo conté en La Ventana, en la polémica de Isaías Lafuente, y en otros tantos medios en los que se me preguntó. Ante todo, una aclaración: NO, no todos los medios han hecho lo mismo, han perseguido lo mismo, han informado igual. La manera de contar, las acotaciones, el despliegue, NO ha sido el mismo. En fin.

Por resumir, lo expliqué también en mi cuenta de Twitter:

Pero entre todo el ruido, descubrí este tuit de un cámara, uno de los muchísimos que estaba a pie de obra, a bastantes metros de distancia del pozo (las medidas de seguridad han prohibido a los medios acercarse más). Su tuit me dio un latigazo:

La pregunta que lanzaba me hizo pensar que quizá no todo esté tan claro. Quizá no todo el mundo tenga la certeza de que lo único que se ha perseguido durante estas dos semanas (y todos los días que están por llegar) ha sido que nos quedáramos pegados ante los diferentes contenidos audiovisuales, sobre todo ante la tele, que todo lo puede.

Reflexioné sobre la cuestión que se planteaba el cámara. El equipo de rescate de Julen prepara los bártulos necesarios para la perforación, las microvoladuras, asuntos de los que lo desconocíamos todo, pero que ahora nos resultan tan familiares. Máquinas de precisión, elementos para reciclar su propio oxígeno, materiales de todo tipo para penetrar la roca. Linternas, trajes específicos. Perforar la montaña, bajar a ese pozo, supone como ya hemos seguido en directo, mucha logística, maquinaria pesada y concreta, concentración, pericia... Tecnología precisa, además. Un trabajo arduo.

Pero hay un elemento que no es necesario para llegar al cuerpo del niño, para adentrarse en el túnel: luces láser. En cambio los responsables las meten en sus mochilas, la cargan en las furgonetas. Las tienen previstas como tienen previstas las taladradoras.

¿Por qué lo hacen? ¿En qué momento, en pleno fragor de la batalla, alguien de cualquiera de las instituciones que ha contribuido de esta manera impecable al rescate se para a pensar en ese utensilio? ¿Para qué lo pueden necesitar? ¿Por qué lo hacen?, pregunta incrédulo el cámara.

Periodistas gráficos apostados a distancia del pozo en el que cayó Julen durante la operación de rescate.

Me impresionó la inocencia que desprendía, cosa que no sería relevante (bendita sea la inocencia). Pero sobre todo me sorprendió por otro asunto, este sí, más peliagudo: igual hemos interiorizado que ESPECTACULARIZAR el dolor ajeno está bien. Que ese es nuestro trabajo, que si tu jefe te pide eso, tú vas y lo grabas. Que si te ordenan meter el micro donde no debes meterlo (donde no te gustaría a ti que lo metieran si fueras tú la víctima) tú vas y lo metes. Y que si alguien decide cambiar programaciones, incluir llamadas en pantalla, mantener la tensión durante horas, tú vas y lo haces.

Así que, por si acaso alguien más de los 45.600 periodistas, cámaras, realizadores, técnicos, redactores, presentadores, ejecutivos, directivos, jefes de sección, se ha hecho esta misma pregunta, "¿por qué el equipo de rescate nos apunta con un láser?", aquí va la respuesta: para evitar que los 45.600 enviados por los 45.600 medios (tele, webs, versiones digitales) puedan tener imágenes precisas, pormenorizadas, de momentos concretos del rescate. De la extracción del cuerpo del niño, de su pequeño cadáver. O de algún minero llorando, o de los padres desmayándose de dolor.

Lo sórdido, lo obsceno, lo espectacular, lo llamativo, lo triste, lo excesivo, lo morboso, siempre nos dejará pegados a la pantalla. Entre otras cosas porque nadie nos ve mirar la tele, mirar LO MALO en la tele. Es algo así como un vicio privado.

¿Y por qué? Porque es INNECESARIO, porque es reprobable éticamente hablando, porque cualquiera de los que están ahí abajo, o en el despliegue entero, sabe que se abusará hasta la náusea de esas imágenes, y se le hará creer al espectador que es una imagen que necesita ver, que es informativamente importante. Porque todos saben que si se emiten (da igual por dónde, la tele, el Whatsapp, Twitter) será imposible resistirse. Porque la tele tiene un poder hipnótico, está al acceso de todo el mundo (más que Internet, mas que la radio, más que los periódicos, más que nada) y si la tele le dedica horas, medios, periodistas, titulares, a un tema concreto, uno, desde su casa, acabará pensando que es importante. Que ha de estar atento. Que si llevan tantos días ahí, con especiales informativos, por algo será. Y porque lo sórdido, lo obsceno, lo espectacular, lo llamativo, lo triste, lo excesivo, lo morboso, siempre nos dejará pegados a la pantalla. Entre otras cosas porque nadie nos ve mirar la tele, mirar LO MALO en la tele. Es algo así como un vicio privado.

Getty Images
Los mineros que trabajaron en el túnel para llegar a Julen, a su partida de Málaga.

Resumiendo. Lo que necesitamos saber sobre este tema es: qué ha pasado, por qué había un puto pozo sin sellar en un espacio abierto, cómo se está llevando a cabo el rescate y cómo ha sido el trágico final. Y todo eso lo tenemos contado en seis o siete minutos de televisión. Y ahí no harían falta las declaraciones de la familia rota, (ya sabemos cómo está, todos tenemos la suficiente empatía para visualizarlo y ninguno de nosotros querría salir en pantalla mostrando descarnado, su dolor).

Tampoco necesitaríamos oír al novio de la tía del primo del padre del niño especulando. Cabría, incluso, en esos siete minutos un elogio rotundo a ese equipo de mineros por su labor y una loa total y merecida a la Guardia Civil (que por cierto, con sus imágenes oficiales, nos bastaría para hacernos una idea de la complejidad del rescate).

Más allá, todo lo demás es RUIDO y FURIA.

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