Hemos conseguido avanzar tanto en la legislación europea como en el acervo europeo de compromisos vinculantes en un ámbito tan exigente como es el de la violencia contra las mujeres.
Que lo oiga todo el mundo en el PE: no puede aspirar a gobernar un país plural y diverso como lo es España quien ni la entiende, ni la acepta, ni la "ama" como realmente es.
Impagables cuatro minutos de viaje a través del tiempo –nuestro tiempo– y la belleza –nuestra propia iniciación a la respiración contenida ante lo que nos conmueve y sobrepasa.
La buena noticia trasciende los confines nacionales de este país principal en el proceso europeo, por su extensión, su población, su número de escaños en el Parlamento y su emplazamiento geográfico.
La Constitución ni comprende ni cubre, sin sufrir en sus cimientos, tanta agresividad vociferada sin escrúpulo por una extrema derecha cainita y resentida.
Al menos, tenemos ahora unos textos, con claros diferendos, y una mesa, sobre los que enzarzarnos en una pelea a cara de perro hasta alcanzar un compromiso.
No cabe más procrastinar, pero tampoco concesiones a una retórica 'melonizada', tan hostil como ineficaz para atender los múltiples factores del polinomio europeo de migraciones y asilo.
Criticas por la percepción decantada de que en esta recta final que conduce a las elecciones europeas de junio de 2024 Von der Leyen ha hecho su apuesta por el PPE, por el que aspira a renovar un nuevo mandato al frente de la Comisión.
Somos muchos más, conforme a los resultados de las elecciones del 23J, los que creemos firmemente en la oportunidad del empeño de trabar un programa cargado de razones, españolas y europeas.
La Presidencia española ha sido preparada a conciencia, con la veteranía de un estado miembro de dilatada experiencia, contrastado europeísmo y probada capacidad de organización.
De lo que se trata, ahora, es de ampliar su competencia para incluir todos los tipos de vulneraciones de las medidas restrictivas de la UE contra Rusia.