Un pez que no debería existir: la hembra que lleva 100.000 años reproduciéndose sin machos y desafía a la teoría de la evolución
La molly amazona, una especie formada exclusivamente por hembras, lleva alrededor de 100.000 años clonándose generación tras generación.
En los ríos del norte de México y el sur de Texas vive uno de los animales más desconcertantes para la ciencia moderna. Se llama molly amazona (Amazon molly) y, sobre el papel, no debería seguir existiendo.
Todas las integrantes de esta especie son hembras. No hay machos. Nunca los ha habido. Y, sin embargo, continúan reproduciéndose generación tras generación desde hace unos 100.000 años. Lo más sorprendente es que llevan décadas poniendo en apuros a los biólogos evolutivos.
Una especie que se clona a sí misma
La molly amazona utiliza un mecanismo conocido como ginegénesis. Para reproducirse necesita aparearse con machos de especies cercanas, pero solo utiliza el esperma como un "interruptor" biológico que activa el desarrollo del huevo. Después ocurre algo extraordinario: el ADN del macho es descartado.
Después ocurre algo extraordinario: el ADN del macho es descartado.
Las crías heredan únicamente la información genética de la madre, por lo que todas son hembras y esencialmente clones de la generación anterior. Durante mucho tiempo, los científicos consideraron que una estrategia así estaba condenada al fracaso.
El gran problema de reproducirse sin sexo
La reproducción sexual tiene inconvenientes evidentes: encontrar pareja, competir por ella y transmitir solo la mitad de los genes a los descendientes. Sin embargo, ofrece una ventaja crucial: mezcla el ADN y genera diversidad genética.
Esa diversidad ayuda a eliminar errores y mutaciones dañinas que aparecen de forma natural cuando el ADN se copia una y otra vez. Según una teoría clásica conocida como la "carraca de Müller", las especies asexuales deberían acumular cada vez más errores genéticos hasta acabar desapareciendo.
Por eso la existencia de la molly amazona ha sido durante años un auténtico rompecabezas.
La clave que los científicos no habían visto
Ahora, una nueva investigación parece haber encontrado parte de la respuesta.
Los científicos han descubierto que este pez utiliza de forma especialmente intensa un mecanismo llamado conversión génica, una especie de sistema natural de "copiar y pegar" que permite reparar el ADN utilizando otras secuencias genéticas como plantilla.
En la mayoría de animales este proceso funciona en segundo plano. En la molly amazona, sin embargo, parece desempeñar un papel mucho más importante.
Al analizar su genoma completo, los investigadores observaron que determinadas regiones del ADN eran corregidas constantemente, reduciendo así la acumulación de mutaciones perjudiciales. Y lo más llamativo es que esas reparaciones aparecen precisamente en las zonas donde los errores podrían resultar más dañinos para la supervivencia de la especie.
Un accidente evolutivo que salió bien
La historia de este pez es todavía más singular. Los investigadores creen que la especie surgió hace unos 100.000 años tras el cruce accidental entre una hembra de molly atlántica y un macho de molly vela.
A diferencia de otros híbridos conocidos, como mulas o ligres, aquel cruce produjo una descendencia fértil capaz de reproducirse sin necesidad de incorporar ADN masculino. Esa combinación inicial dejó a la especie con una enorme diversidad genética de partida, algo que podría haber sido clave para su supervivencia durante miles de generaciones.
Un desafío para lo que creíamos saber
El hallazgo no significa que la reproducción sexual haya dejado de ser la estrategia dominante en la naturaleza. De hecho, más del 99% de las especies siguen dependiendo de ella.
Pero sí obliga a replantear algunas ideas que durante décadas parecían incuestionables. "Pensábamos que la reproducción sexual era la única forma adecuada de mantener sano un genoma", explica el investigador Edward Ricemeyer, uno de los autores del estudio. "Ahora hemos descubierto que existe otra manera de llegar al mismo resultado".
Y eso convierte a este pequeño pez plateado en algo más que una rareza biológica. Lo transforma en uno de los ejemplos más fascinantes de cómo la naturaleza siempre encuentra caminos alternativos cuando parece que todas las puertas están cerradas.