Begoña Román, filósofa: "Una sociedad sin educación en espiritualidad se queda sin herramientas para explorar cuestiones profundas"
La también profesora universitaria cree que "tenemos que ser más creativos".
Begoña Román cree que como ciudadanos tenemos cosas que hacer más allá de depositar el voto en una urna. Esta filósofa alicantina siempre ha apuntado en la dirección de Kant. Tanto en sus clases magistrales como profesora de la Universidad de Barcelona, como en su libro Gracias a Kant (2025, Herder). En él, expone las ideas éticas y políticas del filósofo para analizar problemas y retos del mundo contemporáneo.
"Debemos ser más creativos para hacer valer nuestra voz", dicta, al ser preguntada por qué podemos hacer como ciudadanos más allá de votar, en una entrevista con el diario El País. "Las firmas y las manifestaciones siguen siendo útiles, pero en la era digital las fake news y la posverdad nos están haciendo mucho daño. Debemos crear espacios para exigir respeto a nuestra condición de ciudadanos y rechazar los mensajes populistas", apunta.
Para la alicantina, estamos perdiendo la capacidad de dialogar. "Nos enviamos mensajes cortos, audios rápidos, pero no conversamos con calma. También hemos perdido la capacidad de escuchar: nos interrumpimos. Falta respeto por los tiempos del otro", lamenta.
La importancia del vínculo
La filósofa insiste en que la gran aportación de Kant es su visión sobre los derechos humanos y la dignidad. "Pero no solo hay que tener en cuenta los derechos, deberes y consecuencias. También los procedimientos, que suelen olvidarse: si los procedimientos son malos, las consecuencias también lo serán aunque el objetivo sea bueno". En este punto, crítica las ayudas sociales que tienen que ver con vivienda.
"Respetar la autonomía y la dignidad implica proporcionar medios para ejercer los derechos. La burocracia debe garantizar la igualdad de acceso y la no arbitrariedad", sentencia.
Pero ella también echa culpa de esto a los ciudadanos: "Pensar que si no lo hago yo, lo hace el Estado es mezquino. La responsabilidad es compartida". Ella pone de ejemplo en Estado social de Suecia, al que califica de "excelente". Eso sí, con "altísimos" índices de soledad y suicidio.
"Toda tradición espiritual ha señalado que el ser humano necesita afecto y reconocimiento. Y toda tradición materialista ha señalado que necesita infraestructura: comer, techo, estabilidad. Son pilares básicos. Hoy esos lazos están dañados", lamenta. Para ella, las redes sociales, "no tienen apenas efectos positivos".
Por último, asegura que "una sociedad sin educación en espiritualidad se queda sin herramientas para explorar cuestiones profundas". "Me parece positivo que los jóvenes busquen, pero también hay riesgos: el sectarismo, quedarse con lo primero que vean, la superficialidad. Las tradiciones espirituales son exigentes: cábala, ejercicios gnósticos, meditación. Falta educación en espiritualidad —no religiosa necesariamente, sino espiritual— y eso nos deja desprotegidos".