Italia endurece las normas en sus destinos turísticos: multas de hasta 1.000 euros por hacer castillos de arena o 500 euros por besarse en el coche
Unas reglas que muchos consideran “desproporcionadas”.
Viajar ya no es solo elegir destino, reservar alojamiento y hacer la maleta. En algunos de los enclaves turísticos más visitados de Italia, también implica conocer y respetar una larga lista de normas que pueden resultar, cuanto menos, sorprendentes.
Desde multas por construir castillos de arena hasta sanciones por besarse dentro de un coche, varias localidades italianas han endurecido sus regulaciones en un intento de poner orden ante la creciente presión turística.
Aunque muchas de estas medidas pueden parecer anecdóticas, en realidad reflejan un problema cada vez más extendido en Europa: la saturación de destinos y la necesidad de regular comportamientos que, multiplicados por miles de visitantes, terminan afectando al entorno, a la seguridad o a la convivencia.
Playas bajo control: adiós a los chicles y a los castillos de arena
Uno de los casos más llamativos se encuentra en Eraclea, una localidad costera cercana a Venecia. Allí, construir castillos de arena, cavar hoyos o incluso jugar con pelotas en la playa puede salir caro: las multas oscilan entre los 250 y los 1.000 euros.
El motivo no tiene tanto que ver con la estética como con la seguridad. Las autoridades argumentan que estos obstáculos pueden dificultar el trabajo de los servicios de emergencia, especialmente en situaciones de rescate. Una norma que, aunque pueda parecer excesiva, cobra sentido en playas masificadas donde cualquier elemento fuera de control puede convertirse en un riesgo.
Otro ejemplo se encuentra en la playa de Stintino, en Cerdeña, donde mascar chicle está prohibido y puede suponer multas de hasta 500 euros. El objetivo: mantener la playa en condiciones óptimas y evitar residuos difíciles de limpiar.
Besos, coches y sanciones inesperadas
Las restricciones no se limitan a la costa. En Eboli, en la provincia de Salerno, incluso un gesto tan cotidiano como besarse dentro de un coche puede acarrear una multa de hasta 500 euros.
Según las autoridades locales, esta norma responde a cuestiones de seguridad vial, aunque muchas personas, tanto locales como visitantes, se han quejado por considerar esta regla “desproporcionada”.
En la misma línea, el país también cuenta con otras normas más comunes en materia de seguridad vial como, por ejemplo, la prohibición de sacar el brazo por la ventanilla mientras se conduce, lo cual está penalizado en todo el país y puede acarrear sanciones que superan los 150 euros.
Comer en la calle, también regulado
Por supuesto, la gastronomía italiana es uno de los grandes atractivos del país, una de las primeras cosas en las que cualquier visitante piensa al organizar un viaje y todo un orgullo para sus habitantes locales.
Sin embargo, disfrutar de una pizza o un helado en la calle no está siempre permitido. En ciudades como Roma o Rimini, existen restricciones sobre comer en la calle para evitar aglomeraciones y preservar determinados espacios urbanos.
Estas medidas buscan mantener el orden en zonas especialmente concurridas, donde el turismo masivo ha transformado el uso del espacio público. Calles históricas y plazas emblemáticas se convierten, en temporada alta, en auténticos puntos de colapso.
Por este motivo, más allá de lo llamativo de estas normas, el trasfondo es claro. Italia, como otros destinos europeos, se enfrenta al reto de gestionar millones de visitantes sin comprometer su patrimonio, su entorno ni la calidad de vida de sus residentes.
En este contexto, las sanciones actúan como herramienta disuasoria, pero también evidencian una realidad incómoda: el modelo turístico actual obliga a regular incluso los gestos más cotidianos.