Takeshi Yoro, 88 años, anatomista japonés: "El problema no es el móvil, es la sistematización. "Hemos perdido libertades pequeñas pero reales"
"Siempre sostuve lo contrario: que el ser humano se había vuelto más parecido al ordenador".
El anatomista japonés Takeshi Yoro lleva décadas pensando sobre el cerebro humano, los límites de la comunicación y la forma en que la tecnología transforma a las personas. A sus 88 años, después de pasar tres décadas realizando autopsias en la Universidad de Tokio, cree que el gran problema contemporáneo no es el teléfono móvil ni siquiera la inteligencia artificial. Para él, el verdadero riesgo está en algo más profundo: la “sistematización” de la vida, en una entrevista concedida a El País.
“El problema no es el móvil: es la sistematización. Y los sistemas tienen la propiedad de absorberte aunque no quieras entrar”, afirma. El científico japonés, convertido desde hace años en una figura mediática en Japón, sostiene que la sociedad moderna ha ido cediendo pequeñas parcelas de libertad cotidiana sin apenas darse cuenta.
Su reflexión llega en pleno auge de la inteligencia artificial, la hiperconectividad y los algoritmos que organizan desde el trabajo hasta el ocio. Yoro considera que la humanidad está aceptando sistemas cada vez más cerrados y automatizados, donde el margen para improvisar, desviarse o simplemente perder el tiempo es cada vez menor.
El éxito de un libro que vendió millones
Takeshi Yoro se convirtió en una celebridad en Japón tras publicar en 2003 El muro de la ignorancia (Baka no Kabe). El ensayo vendió alrededor de cuatro millones de ejemplares en apenas dos años y defendía una idea sencilla pero incómoda: los seres humanos tienden a ignorar cualquier información que contradiga sus creencias.
Según Yoro, no se trata de un problema moral ni educativo, sino neurológico. El cerebro, explica, filtra aquello que amenaza sus certezas. “Aunque llegue el input, no hay output; su comportamiento no cambia”, resume al hablar sobre conflictos internacionales o debates políticos actuales.
El anatomista aplica esa teoría incluso a las negociaciones geopolíticas actuales entre EEUU e Irán. A su juicio, muchos líderes políticos escuchan información constantemente, pero no la procesan realmente. “Ellos lo saben, pero lo olvidan de inmediato”, sostiene.
“Nos estamos pareciendo más a los ordenadores”
Uno de los puntos más llamativos de su reflexión tiene que ver con la inteligencia artificial. Mientras durante años se repitió que los ordenadores serían cada vez más parecidos a los humanos, Yoro cree que el proceso real ha sido el contrario.
“Siempre sostuve lo contrario: que el ser humano se había vuelto más parecido al ordenador”, explica. Y añade una pregunta que resume buena parte de su pensamiento: “Ya hay 8.000 millones de personas dotadas de inteligencia. ¿Por qué nos empeñamos en fabricar algo de lo que ya existen 8.000 millones de unidades?”.
La paradoja es que el propio Yoro tiene ya una versión digital de sí mismo. En la Exposición Universal de Osaka se presentó el llamado 'Profesor Yoro IA', un doble artificial entrenado con más de 200 libros escritos por él. El científico resta dramatismo al asunto y compara el proyecto con publicar un libro más. Aunque admite que la inteligencia artificial reproduce pensamientos que quizá ya no comparte hoy.
La pérdida de pequeñas libertades
El científico japonés utiliza su propia enfermedad para explicar cómo funcionan los sistemas modernos. Tras ser diagnosticado de cáncer, asegura que el hospital y el sistema sanitario lo absorbieron automáticamente.
“Estoy en tratamiento de cáncer y en cuanto fui al hospital, el sistema me incorporó”, explica. Según relata, el seguro cubre gastos médicos equivalentes a unos 54.000 euros anuales sin necesidad de decisiones individuales complejas. El problema, para él, no es la asistencia médica, sino la lógica global de una sociedad cada vez más estructurada. “Hemos perdido libertades pequeñas pero reales”, lamenta.
Yoro cree que antes existían más espacios para actuar fuera de las normas establecidas. Incluso en la universidad. Recuerda que el maestro de su maestro organizó una expedición al Himalaya para buscar al yeti, algo que hoy considera imposible dentro de una institución académica moderna. “La universidad era un lugar con espacio para soñar. Ya no lo es”, afirma.
Japón, los robots y una relación distinta con la tecnología
Otra de las cuestiones que aborda es la relación especial de Japón con los robots. Frente al temor que suele existir en muchos países occidentales, Yoro considera que la cultura japonesa nunca trazó una frontera tan rígida entre lo humano y lo no humano.
Explica que el sintoísmo convivió durante siglos con figuras y divinidades sin forma humana fija. Por eso, según él, un robot no se percibe necesariamente como una amenaza. “Es simplemente otra forma de presencia en el mundo”, comenta.
En una época marcada por debates sobre automatización, dependencia digital y pérdida de atención, el mensaje final de Yoro resulta casi sorprendente por su sencillez. No pretende convencer a nadie ni lanzar grandes proclamas. “No tengo mensajes”, dice. “Solo aspiro a que cada uno piense por sí mismo”, añade.