Un pueblo de 650 habitantes no tenía ni 500 euros para las luces de Navidad en 2012: hoy su comarca acumula 100 millones gracias a 279 molinos de viento
Una apuesta que cambió el rumbo.

La Navidad de 2012 dejó una imagen difícil de olvidar en Mörsdorf, un pequeño pueblo alemán de apenas 650 habitantes. El ayuntamiento había pedido una ayuda de 500 euros para colocar luces navideñas, pero la administración regional rechazó la solicitud porque las cuentas municipales no podían permitirse ese gasto.
Más de una década después, la historia parece sacada de otro lugar: la comarca acumula alrededor de 100 millones de euros en reservas y se ha convertido en uno de los grandes referentes europeos de la transición energética. ¿La explicación? 279 aerogeneradores que se alzan sobre las colinas que rodean la región.
De pueblo en declive a ejemplo internacional
A comienzos de los años noventa, el distrito de Rhein-Hunsrück era una zona marcada por la despoblación, el desempleo y la dependencia energética. Muchos jóvenes se marchaban, los comercios cerraban y numerosos municipios arrastraban problemas financieros.
Mörsdorf era uno de esos casos. Con un presupuesto anual de apenas 70.000 euros, cualquier inversión parecía imposible. Sin embargo, la situación empezó a cambiar cuando los municipios decidieron apostar por la energía renovable y, sobre todo, conservar la propiedad de los terrenos donde posteriormente se instalarían los parques eólicos.
Hoy, la región produce mucha más energía de la que consume. Entre la energía eólica, la solar y la biomasa, genera más del triple de sus necesidades eléctricas y ha logrado reducir a cero sus emisiones netas de CO₂.
El viento que financió puentes, servicios y empleo
La transformación económica ha sido igual de llamativa. Los municipios reciben ingresos anuales derivados de la explotación de los aerogeneradores, lo que ha permitido financiar infraestructuras y servicios que hace apenas unos años parecían inalcanzables.
El mejor ejemplo es el puente colgante Geierlay. Inaugurado en 2015, se ha convertido en una de las grandes atracciones turísticas de Alemania y ya ha superado los dos millones de visitantes. Paradójicamente, lo que comenzó como una idea considerada “extravagante” terminó convirtiéndose en un motor económico para toda la zona.
Asimismo, otros pueblos han invertido los recursos obtenidos en transporte gratuito para mayores, centros comunitarios, instalaciones deportivas, bicicletas eléctricas o redes de calefacción sostenible que sustituyen miles de litros de combustible fósil cada año.
No todo es perfecto, pero pocos quieren volver atrás
Pero no todo es color de rosa, la expansión eólica también ha generado críticas. Algunos vecinos denuncian el impacto visual de los molinos, las luces de señalización nocturna o los cambios en el paisaje tradicional de Hunsrück.
Sin embargo, incluso muchos de los responsables locales que reconocen esos inconvenientes admiten que el desarrollo de la comarca habría sido imposible sin la energía renovable. Los datos respaldan esa percepción: ha aumentado el empleo, se han construido más viviendas y los municipios presentan niveles de deuda muy reducidos.
El pueblo que hace poco más de una década no podía permitirse encender unas luces de Navidad es hoy parte de una de las regiones más prósperas de Alemania gracias a una apuesta que transformó el viento en riqueza colectiva.
