Pablo Berlanga, ingeniero español de 23 años, tras subir un robot humanoide a 6.000 metros: "Nos llamaban locos. Nadie quería darnos un robot, nadie"
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Pablo Berlanga, ingeniero español de 23 años, tras subir un robot humanoide a 6.000 metros: "Nos llamaban locos. Nadie quería darnos un robot, nadie"

El objetivo ha sido poner a prueba su movilidad, sus baterías y sus sistemas de comunicación en condiciones límite.

El robot de la empresa china Unitree supera una prueba extrema en el Chimborazo, a más de 6.000 metros.Pablo Berlanga / roboteverest.com

Los más haters de la tecnología dirán que así cualquiera: no se le congelan los pies, ni necesita oxígeno, ni se agota físicamente, que no la batería. Pero la robótica sigue alcanzando cotas muy altas, nunca mejor dicho. No todo tendrá que ser producir más y mejor, sino que se "motiven" con hazañas de lo más humanas, como escalar las cumbres más altas del planeta. 

El Chimborazo, la montaña más alta de Ecuador y el punto del planeta más cercano al sol si se mide desde el centro de la Tierra, acaba de convertirse en un laboratorio extremo para la robótica. 

Allí, un equipo liderado por el ingeniero español Pablo Berlanga, de 23 años, ha logrado subir un robot humanoide a más de 6.000 metros de altitud para poner a prueba su movilidad, sus baterías y sus sistemas de comunicación en condiciones límite.

El proyecto parecía tan arriesgado que casi nadie quiso apoyarlo al principio. "Cuando nos lanzamos en el proyecto nos llamaban locos", cuenta Berlanga a Efe. Y añade: "Nadie quería darnos un robot, nadie". 

Un robot llamado Pemba José

El humanoide fue bautizado como Pemba José. Pemba significa sábado en sherpa, porque "nació ese día", y José fue elegido por ser un nombre común en Ecuador.

El robot, donado finalmente por la firma Eastworlds y fabricado por la empresa china Unitree, mide unos 132 centímetros, pesa 35 kilos y está construido con aluminio de alta resistencia y fibra de carbono.

Cuenta además con decenas de articulaciones y tres sistemas de visión: una cámara convencional, una infrarroja y una cámara LiDAR, capaz de reconstruir en tres dimensiones el terreno mediante rayos láser.

Ciencia en condiciones extremas

La misión no buscaba solo batir un récord. El objetivo era comprobar si un robot humanoide puede trabajar en entornos de alta montaña para ayudar en estudios de conservación. 

Los primeros análisis indican que el sistema LIDAR logró recoger datos útiles pese a la nieve, uno de los grandes temores del equipo. Esa información puede servir para estudiar glaciares, ríos, reservas de agua y cambios ambientales en zonas de difícil acceso. 

Según sus impulsores, las montañas más altas del planeta son uno de los escenarios más exigentes para la robótica: terreno irregular, frío extremo, poca energía disponible y comunicaciones limitadas.

El susto antes de subir

La expedición también tuvo momentos de tensión. Horas antes del ascenso, el robot empezó a caminar de forma extraña. Berlanga lo resume con humor: "El robot andaba borracho".

El problema estaba en una pequeña pieza plástica utilizada para evitar movimientos bruscos durante el transporte. Cuando los técnicos la retiraron, todo cambió. "Era como ver al robot con una nueva vida", recuerda el ingeniero.

El guía de montaña Oswaldo Freire, con más de cien ascensos al Chimborazo, participó en la prueba. Explicó que el robot camina bien hasta pendientes de unos 35 grados, aunque en esta primera misión el 80% del ascenso tuvo que hacerse cargándolo.

Aun así, Pemba José "bailó en la cumbre" y, conectado mediante Starlink, realizó una transmisión en directo desde la montaña. 

El siguiente objetivo: el Everest

El proyecto, apoyado en Ecuador por la Reserva Chimborazo, ya ha sido calificado por sus responsables como un éxito total. La información recogida se está abriendo parcialmente al público y servirá para preparar nuevas pruebas.

Berlanga quiere llevar el robot este mismo año al Cotopaxi, de 5.897 metros, o al Mauna Kea, en Hawái. Pero el gran sueño es otro: el Everest.

La idea es transportar el robot por partes, ensamblarlo entre el campamento base y el campamento IV, cerca de los 8.000 metros, y utilizarlo para recopilar datos ambientales e incluso recoger pequeños residuos en una de las montañas más sensibles y saturadas del planeta.

Más ciencia que aventura

Además, la expedición serviría para probar sistemas de aprendizaje automático capaces de adaptar los movimientos del robot en tiempo real sobre terreno irregular y permitirle operar en zonas sin cobertura convencional.

Lo que empezó como una idea que muchos veían imposible ha terminado abriendo una puerta nueva: que los robots humanoides puedan acompañar a los científicos allí donde el frío, la altitud y el riesgo hacen más difícil llegar.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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