Así es el acoso en la playa, explicado por las mujeres que lo sufren

Así es el acoso en la playa, explicado por las mujeres que lo sufren

Aunque la playa sea el lugar de veraneo por excelencia, también se convierte a veces un lugar inhabitable para las mujeres.

SMARTBOY10 VIA GETTY IMAGES

Verano y playa son sinónimos de vacaciones, si bien no siempre equivalen a descanso para las mujeres. Según una encuesta publicada en junio, una de cada cuatro mujeres ha sido víctima de acoso en la playa.

Este acoso consiste en piropos insistentes y comentarios no solicitados y, a veces, insultos. También son miradas constantes y juzgadoras a las piernas sin depilar o a los pechos de las mujeres que hacen topless o una atención excesiva a esos tops y mallas cortas de las que van a la playa a hacer deporte.

Porque sí, las deportistas no viven ajenas a este fenómeno que a veces incluso les hace dudar sobre la conveniencia de practicar su deporte favorito, ya sea surf, vóley-playa o simplemente pelotear con las palas.

Más de una mujer de cada cuatro ha sufrido acoso en la playa

El verano suele ser el momento del año de mayor desconexión... salvo que seas víctima de acoso. Según otra encuesta realizada por YouGov para la web Bumble, casi 4 de cada 10 mujeres (el 39%) de entre 18 y 34 años han sido víctimas de acoso en la playa. 

Entre las encuestadas de 18 a 24 años, el porcentaje asciende al 46%. ¿Cómo se manifiesta ese acoso? El 66% de las encuestadas refieren piropos insistentes, aunque hayan expresado verbalmente su desinterés; un tercio de las encuestadas señalan también comentarios inapropiados por su cuerpo o su cara y un 12% hablan de insultos.

Tras una manifestación de acoso, una mujer de cada dos (53%) asegura sentirse incómoda, alrededor del 40% dicen que entran en cólera y una de cada tres siente vergüenza.

La edición francesa del HuffPost se ha puesto en contacto con algunas de las muchas mujeres que han sufrido esta clase de acoso para conocer su experiencia y la falta de consideración de algunas personas.

Un buen libro y una bebida fría por aquí, una mirada incómoda por allá. Aunque la playa sea el lugar de veraneo por excelencia, también se puede convertir en un lugar incómodo para las mujeres. Los peores casos de acoso los suelen sufrir las mujeres que están solas. Esto es así hasta tal punto que muchas de ellas se lo piensan dos veces antes de ir a la playa sin acompañantes.

Más allá de plantar cara a los acosadores, a las mujeres acosadas no les queda otra que poner en práctica estrategias de evitación: ir siempre acompañadas (tomar el sol juntas, bañarse en el mar juntas...). “Cuando estás acompañada, eres menos susceptible de sufrir acoso que cuando vas sola o con una sola amiga”, comenta Amélia*, una víctima de acoso cuyo nombre ha sido modificado por privacidad.

Las playas, “lejos de ser espacios pacíficos para relajarse y despreocuparse, históricamente han sido también espacios de violencia”, explica Elsa Devienne, profesora de Historia y Civilización Americana en la Universidad de París y autora de La ruée vers le sable.

“Los cuerpos de las mujeres están siempre disponibles, son siempre fuentes de comentarios, tanto en los espacios públicos como en la playa. La particularidad en este caso es que los cuerpos están más desnudos”, señala Johanna Dagorn, profesora de Sociología en la Universidad de Bordeaux, especialista en violencia de género y de acoso en la calle.

Otro factor importante es la falta de movimiento: al igual que la mayor parte de los casos de acoso suceden en la parada de metro o bus u otros entornos en los que la víctima está quieta, el hecho de estar tomando el sol en la toalla aporta ese factor estático que a los acosadores les atrae.

“Dejadme practicar mi deporte en paz”. Para las apasionadas del pádel, el surf, las palas o el vóley-playa, practicar su deporte es una fuente de impertinencias.

Tanto si van en bikini como si llegan con otra ropa y se tienen que cambiar en la playa o en el aparcamiento, son muchas las que reciben comentarios inapropiados, miradas libidinosas o insultos por el mero hecho de practicar su deporte. Da igual que sean atletas de alto rendimiento o simplemente aficionadas al deporte, están hartas de recibir críticas y comentarios sobre su aspecto físico.

“Yo he recibido comentarios inapropiados por mi ropa, pero lo sorprendente es que no fueron hombres quienes los dijeron, sino mujeres mayores que consideraban que estaba ‘demasiado desnuda’ y que debería estar prohibido jugar o entrenar así. Me han dicho cosas como: ‘¿Adónde vas con esa ropa?’ o ‘¡Tu bikini es demasiado corto!’”, explica Marion, jugadora profesional de vóley-playa.

Otra versión de este acoso son esos comentarios jocosos que reciben las mujeres por su supuesta falta de talento para un deporte que ellas simplemente quieren practicar en paz.

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En la actualidad son muchas las mujeres que deciden no depilarse antes de ir a la playa. Sin embargo, lo hacen sabiendo que tendrán que hacer frente a los comentarios de los desconocidos o incluso de su propia familia.

Así lo explican Léa Taieb y Juliette Lenrouilly, que han realizado una encuesta sobre la depilación con motivo de su libro Parlons Poils!. “Para el 80% de las mujeres, la mayor preocupación antes de irse de vacaciones es la depilación”.

“Cuando era más joven y tenía menos experiencia, me hacía muchas preguntas antes de competir: ‘¿Estoy bien depilada? ¿Estoy presentable?’. Era consciente de que iba a jugar con ropa corta. Actualmente me digo a mí misma que no hay nada que hacer. Me van a decir que no tengo un cuerpo suficientemente atractivo, que estoy demasido musculosa... Francamente, ya paso de todo eso”, explica Pauline Bourdet, jugadora profesional de tenis-playa.

“¿Quieres un piti?”, “¡Bonitas curvas!”; son algunos de los comentarios que reciben las mujeres en la playa por la simple razón de estar tomando el sol en bikini o hacer topless.

“Tenía 14 o 15 años y me dirigía al mar con mi hermano pequeño, que tenía 5 o 6 años. Mis padres estaban atrás, en la sombrilla. Un hombre de más de 30 años se me acercó y me preguntó si quería que nos conociéramos. Le dije que no, que solo tenía 15 años. “Ah, pues aparentabas más”, me respondió. Hubo un silencio incómodo y volvió a decir: “Aun así, podríamos conocernos”.

Cuando lo pienso, me doy cuenta de lo turbia que fue la situación. Casi tuve que pedir disculpas por el sufrimiento que le había causado mi no. En aquella época yo aún era bastante inocente. Cuando se lo conté a mi padre, se echó a reír”, Camille*, 32 años.

“Estaba en Montpellier, tenía 16 años y estaba tomando el sol con mis amigas. Había un grupo de chicos a nuestro lado y no me quitaban el ojo de encima. No dejaban de decirme: ‘¡Bonitas curvas!’ y frases de ese estilo. Estuvieron así un buen rato. Cada vez que me levantaba para darme un baño, oía que comentaban: ‘Joder, qué buena está’.

Cuando nos fuimos de la playa, nos siguieron hasta el coche y me pidieron el Snapchat. Me negué y me dijo uno de los chicos: ‘A ver, por cómo vas, se nota que buscas algo’. Yo era joven y no dije nada; no sabía dónde meterme. No fue nada agradable porque yo venía a la playa a tomar el sol con mis amigas, es normal que llevara bikini”, Anaïs*, 23 años.

“Cuando voy sola a la playa, me gusta hacer topless. Siempre que lo hago, acabo rodeado de mujeres que también quieren hacer topless, como si se sintieran más seguras estando en grupo.

El problema es que siempre hay algún baboso que se pone justo a mi lado y no deja de mirarme. Me molesta que lo hagan cuando voy vestida, así que en topless, aún más.

A menudo, cuando se dan cuenta de que no les hago caso, deciden pasar a la acción y vienen a hablar conmigo con cualquier excusa del tipo: ‘¿Quieres un piti?’, pero mirándome a las tetas en vez de a los ojos. Cuando les digo que no fumo ni quiero tomarme una cerveza con ellos, siguen tirándome la caña y el triste final es que me veo obligada a levantarme e irme para estar tranquila”.

Me ha pasado más de veinte veces, no ha sido un caso aislado. Es indignante. Algunos no entienden un no por respuesta”, Constance, 28 años.

Este artículo ha sido publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Francia y ha sido traducido y adaptado del francés por Daniel Templeman Sauco.