Los movimientos antivacunas hacen peligrar el regreso a la normalidad

La guerra contra el coronavirus se lucha en los laboratorios, pero la guerra para conquistar mentes se lleva a cabo en las redes sociales.
Manifestante antivacunas en California el 16 de mayo.
Manifestante antivacunas en California el 16 de mayo.

Los científicos creían que la guerra contra el coronavirus se ganaría en los laboratorios. De hecho, la primera vacuna pública podría estar disponible en los próximos meses.

“Si todo va bien, a comienzos del año que viene sabremos si [nuestra vacuna] funciona”, augura el doctor Robin Shattock, que encabeza un equipo de investigación en el Imperial College de Londres.

En la actualidad ya hay 15 voluntarios que se han vacunado como parte de este ensayo clínico y en las próximas semanas la cifra aumentará a 200 o 300 personas, informa Shattock, aunque advierte de que no está claro todavía que esta u otra vacuna vayan a ser eficaces. Sin embargo, si este ensayo sale bien, la vacuna podría ponerse a disposición del público durante la primera mitad de 2021.

Para muchas personas en todo el mundo, la perspectiva de una vacuna ofrece un rayo de esperanza como vía más rápida para volver a la normalidad. Normalmente se tarda años en desarrollar una vacuna, pero a causa del sufrimiento que ha provocado la pandemia, se da por hecho que esta vez los científicos van a acortar los plazos. El ensayo del Imperial College de Londres aglutina más de 150 proyectos distintos de desarrollo de la vacuna de todo el mundo. Otro ensayo británico, liderado por la Universidad de Oxford, se encuentra incluso más avanzado y podría tener la vacuna a finales de 2020, incluso en septiembre, según las previsiones más optimistas.

No obstante, este esfuerzo sin precedentes en la historia de la humanidad para desarrollar una vacuna en un tiempo récord podría no servir de mucho por culpa de un movimiento antivacunas cada vez más amplio que ha ganado fuerza desde el inicio de la pandemia.

Las teorías de la conspiración y la desinformación se han extendido como la pólvora en las redes sociales y han acabado por sembrar una enorme desconfianza en la futura vacuna contra el coronavirus. Por lo tanto, independientemente de cuándo llegue la vacuna, la sociedad tendrá encima un problema mucho mayor.

Casi 1 de cada 3 británicos se podrían negar a vacunarse del coronavirus, según una encuesta publicada la semana pasada y publicada por por YouGov para el Center for Countering Digital Hate (CCDH). En ella se muestra cómo el 6% de los participantes se negaría con total seguridad a vacunarse; un 10% “probablemente no” se vacunaría y un 15% no estaba seguros todavía.

Esta encuesta descubrió también que las personas que prefieren informarse en las redes sociales antes que en los medios de comunicación tradicionales son más propensos a ser antivacunas.

La encuesta concluyó, por lo tanto, que existe una amenaza razonable contra la capacidad de la vacuna para contener la pandemia.

Pero este problema no es exclusivo de Reino Unido. Encuestas similares en muchos otros países han arrojado datos similares de desconfianza hacia la vacuna contra el coronavirus.

Antivacunas en Alemania el 2 de mayo.
Antivacunas en Alemania el 2 de mayo.

Alemania, por ejemplo, ha sido siempre un importante foco de antivacunas. Según las encuestas realizadas por la Universidad de Erfurt en colaboración con el Instituto Robert Koch y otras organizaciones públicas de la salud, el porcentaje de personas que apoya la vacuna contra el coronavirus ha ido descendiendo desde el 79% en abril hasta el 63% la semana pasada.

“Aunque la vacuna funcione a la perfección, es posible que estos porcentajes no sean suficientes para alcanzar la inmunidad de rebaño”, advierte la investigadora Cornelia Betsch para The Washington Post.

En Estados Unidos también hay un amplio porcentaje de la población que se opone a las vacunas. A finales de mayo, una encuesta de The Associated Press-y NORC reveló que solo la mitad de los estadounidenses está dispuesto a ponerse la vacuna del coronavirus, mientras que un 20% de los participantes la rechazaría categóricamente.

El escepticismo que gira en torno a la vacuna del coronavirus está especialmente extendido entre los estadounidenses negros, según los resultados de la encuesta. Solo una cuarta parte de los participantes negros afirmó que se pondrían la vacuna seguro, mientras que un 40% se negaría sin dudarlo.

Muchos estadounidenses negros sienten una gran desconfianza hacia la sanidad a causa del racismo sistémico de su país y su historial de discriminación médica.

Para alcanzar la inmunidad de rebaño, los científicos indican que el 70% de la población debe estar inmunizada para proteger a los que todavía no lo están.

El principal responsable científico en la lucha contra el coronavirus en Estados Unidos, Anthony Fauci, ha advertido recientemente de que si el porcentaje de estadounidenses que se niega a vacunarse es muy amplio, será “improbable” que Estados Unidos alcance una inmunidad de rebaño suficiente como para detener la expansión del coronavirus.

“Existe un sentimiento anticiencia, antiautoridad y antivacunas muy extendido en este país, un porcentaje muy amplio en términos relativos”, lamentó Fauci en la CNN. “Tenemos mucho trabajo por delante” a la hora de educar a la población sobre la eficacia y la seguridad de las vacunas, añadió el experto.

Al inicio de la pandemia, surgió la esperanza de que la cifra de muertes y el inmenso impacto del coronavirus en el día a día pusiera fin al movimiento antivacunas.

“La gente tenía muchísimas ganas de que saliera la vacuna contra el coronavirus”, recuerda el doctor Peter Hotez, decano de la National School of Tropical Medicine en la Facultad de Medicina de Houston y codirector del Centro de Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas (EE. UU.). “Yo pensaba que se darían cuenta de cómo es vivir en una época sin vacunas en la que tu familia o tú corréis serio peligro por no estar vacunados y que eso dañaría gravemente al movimiento antivacunas. Creo que durante un mes así fue, antes de que estos descubrieran cómo reagruparse y volver a ponerse en marcha”.

En Estados Unidos y en otros países, el movimiento antivacunas se ha aliado con grupos de extrema derecha para manifestarse contra las medidas de confinamiento, de distanciamiento y otras restricciones y han intentado reivindicar su oposición a las vacunas como un acto de libertad.

Los comunicados del Gobierno estadounidense sobre la rapidez con la que iban a desarrollar la vacuna contribuyeron a generar desconfianza en la seguridad de esta por los posibles atajos que pudieran tomar los científicos.

“Seguimos sin abordar el movimiento antivacunas de forma correcta. Ya es un algo globalizado, está mejor financiado y, lejos de perder fuelle con la pandemia de coronavirus, la han sabido aprovechar para salir reforzados”, señala.

La guerra contra el coronavirus se lucha en los laboratorios, pero la guerra para conquistar mentes se lleva a cabo en las redes sociales y supone el mayor reto al que se han enfrentado hasta ahora las grandes empresas tecnológicas para poner freno a la desinformación.

Manifestante en Londres el 16 de mayo con una pancarta que dice: 'Nuestra libertad, nuestra decisión. Los antivacunas merecemos una voz'.
Manifestante en Londres el 16 de mayo con una pancarta que dice: 'Nuestra libertad, nuestra decisión. Los antivacunas merecemos una voz'.

En un informe publicado la semana pasada, el CCDH analizó más de 400 cuentas de antivacunas en Facebook, YouTube, Twitter e Instagram con más de 57 millones de seguidores entre Estados Unidos y el Reino Unido.

Estas cuentas publicaban teorías de la conspiración falsas, como la de que Bill Gates es el creador del coronavirus y que los ensayos con vacunas contra el coronavirus ya habían provocado casos de infertilidad en mujeres.

El estudio observó que el número de seguidores de estas cuentas creció en 7,7 millones desde el inicio de la pandemia.

“Nuestra esperanza para volver a la vida normal depende de que los científicos logren desarrollar una vacuna efectiva contra el coronavirus”, señala Imran Ahmed, director ejecutivo del CCDH. “No obstante, la irresponsable decisión de las plataformas de permitir que se publique propaganda antivacunas puede provocar que la vacuna no logre contener el virus”.

“El precio de su codicia se va a pagar en vidas humanas”, avisa Ahmed.

Un portavoz de Facebook asegura que la compañía está dando pasos adelante para neutralizar los rumores, las teorías de la conspiración y las fake news de su plataforma. “Estamos trabajando para detener la expansión de desinformación peligrosa en nuestra plataforma y hemos borrado cientos de miles de publicaciones asociadas a distintos tipos de desinformación”, explica.

Ya en febrero, la Organización Mundial de la Salud calificó de infodemia la desinformación relativa al coronavirus e instó las empresas tecnológicas a imponer mano dura para detenerla.

Pese a los esfuerzos de los gigantes tecnológicos para acabar con las fake news y facilitar el acceso a fuentes de información fiables, la desinformación ha seguido proliferando.

En mayo se estrenó un documental llamado Plandemic (plandemia), que habla de teorías de la conspiración como la de que las vacunas contra el coronavirus en realidad te hacen más vulnerable. En cuestión de una semana, el vídeo ya contaba con 8 millones de reproducciones en YouTube, Facebook, Twitter e Instagram, según el recuento del periódico The New York Times. Incluso después de que estas plataformas eliminaran el vídeo, este siguió circulando por internet.

La solución a la desinformación sobre el coronavirus, por tanto, no es solo de tipo técnica. Los científicos, los médicos y las autoridades sanitarias han insistido en que mientras se desarrolla la vacuna, los países deben aunar fuerzas para animar a sus ciudadanos a vacunarse.

Superar el rechazo a las vacunas y la desconfianza en el Gobierno implicará no solo realizar campañas informativas oficiales, sino también convencer a famosos, deportistas, líderes religiosos y otros miembros apreciados por la comunidad para que hablen de la importancia de vacunarse.

Heidi Larson, antropóloga y directora del Vaccine Confidence Project, explicó hace poco en la revista Science por qué no hay tiempo que perder: “Deberíamos aprovechar cada minuto que tengamos desde ahora hasta que las vacunas estén listas, porque ya estamos en un terreno muy inestable”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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