A todo esto, ¿los norteamericanos quieren o no quieren hacerse con Groenlandia?
Varios sondeos conocidos esta semana constatan que la idea de Trump, tanto de comprar como de ocupar la isla ártica, carece de apoyo popular. Es más: uno de cada cinco ciudadanos ni ha oído hablar de su propuesta. Preocupan otras cosas.

"Queridas Panamá y Groenlandia, disculpad. Es un idiota". Firmado: América. La pintada, hecha con tiza, apareció el pasado 23 de diciembre a las puertas del Trump International Hotel, en Nueva York. Junto al dorado de los negocios del presidente de los Estados Unidos, la queja de un ciudadanos, hecha extensiva a su pueblo, ante los afanes expansionistas y neocoloniales del republicano.
Pero ¿refleja ese mensaje el sentir de los norteamericanos ante la andanada de su mandatario contra la isla del Ártico? ¿Son partidarios también de comprarla o invadirla o prefieren dejar las cosas como están? Sin contar, claro, con que los propios afectados, los groenlandeses, han dejado meridianamente claro que no quieren que nadie los toque, que su soberanía es inviolable y que basta de comportamientos de otro siglo.
Lo cierto es que no, que los ciudadanos de la primera potencia del mundo no tienen interés alguno en este territorio autónomo dependiente de Dinamarca. Y, menos aún, en apropiarse de él por la fuerza. Y más: temen que, de mantenerse la ofensiva de Washington, su país salga mal parado por perder aliados en Europa y generar una crisis en la OTAN.
El contexto
El pasado miércoles por la tarde, Donald Trump anunció desde el Foro de Davos (Suiza) que había llegado a un acuerdo marco sobre Groenlandia con el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte. Aunque no dio detalles al respecto, alejó dos fantasmas de un plumazo, uno gigante y el otro, angustioso: el de la propia invasión militar de un territorio ajeno, parte de un país compañero en la OTAN, y el de la imposición de aranceles extra a varias naciones europeas que habían dado el paso de movilizar tropas en la zona (aunque fueran testimoniales y para participar meramente en ejercicios militares).
Con el paso de las horas se han sabido algunas líneas gruesas del pacto:
- La soberanía danesa y groenlandesa queda intacta y que EEUU podría involucrar el control de pequeñas áreas de tierra por parte de Washington, donde se ubicarían posiblemente bases militares (ya existe un precente: las bases chipriotas de Akrotiri y Dhekelia, que son en realidad de Reino Unido).
- Ya hay un la acuerdo bilateral de defensa que data de 1951 y ahora podría remozarse para establecer "zonas de defensa", si la OTAN lo considera necesario.
- Se añade la posibilidad de que el sistema de la Cúpula Dorada (la copia norteamericana de la Cúpula de Hierro de Israel) cubra Groenlandia.
- Se ampliaría la presencia de aliados atlánticos en la zona.
- Se incluyen en las conversaciones posibles derechos mineros y de explotación de tierras raras en la zona, con restricciones para países no miembros de la OTAN, especialmente Rusia y China, con el objetivo de proteger intereses estratégicos y económicos de EEUU y sus aliados.
Todo, justifica siempre la Casa Blanca, contrarrestar la "influencia externa maligna" de Rusia y China, que supuestamente aprietan en el Ártico para tener mejores posiciones defensivas y comerciales y para la explotación de tierras raras y minerales escondidos bajo el hielo de Groelandia. De este creciente interés hostil no hay pruebas masivas por parte de EEUU, dicho sea de paso.

Los números
Junto antes de que se conociera este acuerdo y, con él, llegase cierto descanso a los socios europeos, varios sondeos publicados en EEUU habían dejado claro que esta es una aventura presidencialista y de su círculo más cercano, de acérrimos de MAGA, pero no de los norteamericanos. El revés ha sido doble para Trump y viene de dos fuentes de enorme solvencia: el tándem de Reuters / Ipsos y el de The Economist /YouGov.
Empecemos por la última de estas encuestas. Realizada entre el 9 y el 12 de enero, cuando Trump rescató el asunto al verse envalentonado por su victoria contra Nicolás Maduro en Venezuela, refleja que sólo el 8% de los estadounidenses apoya el uso de la fuerza militar para tomar el control de Groenlandia, mientras que el 68% se opone a tal acción.
Entre los entrevistados republicanos, la cifra subía 10 puntos, hasta el 18%, pero el 45% aplastante se opone a una acción armada en la zona. Lo que hay, aparte de rechazo, es desconcierto: el 37% de los conservadores no estaba seguro de qué pensar. Entre los votantes directos de Trump, el 17% estaba a favor, frente al 51% en contra.
Los que fueron votantes de la demócrata Kamala Harris (la última aspirante a la Casa Blanca por el Partido Demócrata), dicen en un 92% que no a una invasión de la isla y apenas lo apoya un 2%.
En la misma encuesta, el 13% de los consultados apoya que EEUU pague a los residentes de Groenlandia para que la isla pase a formar parte de los Estados Unidos, mientras que el 64% se opuso y el 24% no sabe o no contesta. Son las dos opciones que el mandatario había puesto sobre la mesa: las armas, "por las malas", o el dinero, "por las buenas". Unos 700.000 millones de dólares se calcula que costaría, de haber venta. Entre los votantes de 2024, los de Trump estaban divididos: el 30 % apoyaba la medida, el 41 % se oponía y el 29 % dudaba.
En el caso de los demócratas, rechazaron abrumadoramente también esta vía: el 5% la apoyaba, el 84 % se oponía y el 11 % dudaba.
En el caso de la encuesta de Reuters / Ipsos, las conclusiones son muy similares: en este caso, es apenas el 17% de los estadounidenses el que aprueba los esfuerzos de Trump para adquirir Groenlandia, ya sea mediante negociación o por la fuerza. La desaprobación general de los esfuerzos de Estados Unidos por adquirir Groenlandia fue del 47%, y el 35% se mostró inseguro, finalmente.
Cabe destacar que sólo el 4% de los estadounidenses (incluido el 10% de los republicanos y prácticamente ningún demócrata) cree que sería una buena idea usar la fuerza militar para tomar Groenlandia, mientras que el 71% lo considera una mala idea.
Hay un dato muy llamativo en esta entrega: aproximadamente uno de cada cinco encuestados no había oído siquiera hablar del plan del neoyorquino para Groenlandia, pese a que es, sin duda, una de las noticias de mayor alcance internacional de las últimas semanas y a que el propio Trump ya mostró su intención de hacerse con la isla en su primer mandato, entre 2017 y 2021.
No es lo que sigue el grueso de la población norteamericana, esa a la que el republicano le prometió en campaña alejarse de la política internacional y del militarismo, porque era una pérdida de dinero, y que está virando poco a poco su posición al respecto. En busca del Nobel de la Paz, pero sin alcanzarlo, como explica en este análisis nuestro compañero Miguel Fernández Molina.
Cuidado con pasarse
Este tipo de apuestas de Trump se ven fuera como extralimitaciones de un acosador, un "abusón", como lo señaló esta semana, sin nombrarlo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Dentro, no se entienden.
Pero es que no es un rechazo más, sino uno que se añade al suma y sigue que, tras un año de mandato, ha llevado a que las cifras de popularidad general del presidente sean las más bajas conocidas, apenas dele 37%. Una encuesta de la CNN sobre el global de su gestión refleja un desgaste importante de Trump, que sería más serio si frente a él tuviera a un Partido Demócrata más peleón, propositivo y con un liderazgo claro.
Los encuestados que piensan que Trump "ha ido demasiado lejos" en distintas áreas son:
- 51 % si se consulta sobre su manera de cambiar la forma en que funciona el Gobierno.
- Un 52 % en deportar inmigrantes indocumentados.
- Un 55 % en usar las Fuerzas Armadas para lograr sus objetivos.
- Un 57 % en recortar programas federales.
- Un 58 % en usar el poder presidencial.
- Un 59 % en tratar de aprovechar el poder de Estados Unidos sobre otros países.
- Un 62 % en hacer cambios en instituciones culturales como el Smithsonian y el Kennedy Center, que Trump intentó recientemente renombrar como el Trump Kennedy Center, sin hacerlo legalmente. Ha sido, posiblemente, el mejor ejemplo del narcisismo de este presidente.
Las dos almas republicanas
La apuesta trumpista por un territorio europeo y OTAN no sólo cuenta con la oposición popular, sino con la interna, en el propio Partido Republicano del que Trump se ha ido adueñando a las bravas. Aunque se ha hecho limpia para mantener al mayor número posible de correligionarios acérrimos, aún quedan derechistas de los clásicos, de los que defienden la multilateralidad o la diplomacia, bases del mundo diseñado tras la Segunda Guerra Mundial.
Aún así, hay un pequeño pero creciente grupo de republicanos en el Congreso que se muestra receptivo a las insistencias de Trump, junto con su deseo de castigar a los aliados europeos que se resistan a la idea. Por ahora, ganan las advertencias enérgicas contra la anexión de Groenlandia, argumentando que dividiría peligrosamente a los aliados más cercanos de EEUU, pero esta crisis deja una herida más entre la derecha norteamericana: la constatación de que el pasado, pasado es.
Una de estas voces ha sido la del senador Eric Schmitt, republicano por Missouri y leal a Trump, quien argumentó en la Fox que EEUU tenía una capacidad excepcional para defender Groenlandia y criticó a los europeos por ser demasiado débiles para hacerlo por sí mismos. "Hay muchas razones por las que Estados Unidos tiene un interés fundamental en garantizar la protección de Groenlandia", declaró Schmitt durante su aparición. "Europa no puede protegerlo, los daneses no pueden protegerlo. Es un hecho obvio en este momento. Por lo tanto, es de interés estratégico para EEUU perseguir esto".
El senador Ted Cruz, republicano por Texas, elogió a Trump por apuntar al territorio, declarando en el programa “Sunday Morning Futures With Maria Bartiromo” de Fox News: “Creo que es de suma importancia para el interés nacional de Estados Unidos adquirir Groenlandia”.
Aun así, varios republicanos han criticado la agresión de Trump hacia Groenlandia como "desafortunada". El senador Thom Tillis, republicano por Carolina del Norte, hablando en el pleno del Senado el miércoles pasado, calificó de "absurda" la idea, posiblemente proveniente de "malos consejos" de los asesores del mandatario. Un intento de apoderarse de Groenlandia, dijo en una publicación en redes sociales más tarde, sería "malo para Estados Unidos, malo para las empresas estadounidenses y malo para los aliados de Estados Unidos". "Es excelente para Putin, Xi y otros adversarios que quieren ver a la OTAN dividida", argumentó.
Blake Moore, representante republicano de Utah, estaba en la misma frecuencia: "Si el mensaje es 'necesitamos Groenlandia', la verdad es que ya tenemos acceso a todo lo que podríamos necesitar de Groenlandia", declaró en una declaración conjunta con el representante Steny Hoyer, demócrata por Maryland, un bloque de unidad bipartidista contra el presidente.
"Si queremos desplegar más fuerzas o construir infraestructura adicional de defensa antimisiles en Groenlandia, Dinamarca nos ha dado luz verde para hacerlo. Nuestro aliado siempre nos ha dado la razón. Amenazar con anexar Groenlandia socava innecesariamente esa cooperación sin ningún beneficio", añadían. Y justo por esa vía, por ampliar lo existe, van al fin los tiros.
