Amenazas, diálogos secretos y sanciones: ¿será Cuba la próxima guerra de Trump?
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Amenazas, diálogos secretos y sanciones: ¿será Cuba la próxima guerra de Trump?

El presidente de EEUU ha dejado caer que su mayor portaviones puede dirigirse a la isla caribeña cuando acabe la contienda en Irán. Repite frases como "puedo hacer lo que quiera con ella" o "tendré que tomarla" pero nadie sabe realmente qué pretende.

Celebraciones del Día Internacional de los Trabajadores, el 1 de mayo de 2026, cerca de la Embajada de EEUU en La Habana (Cuba), para protestar contra las sanciones y los bloqueos norteamericanos.Magdalena Chodownik / Anadolu via Getty Images

Donald Trump afirma ahora que va a por Cuba. El presidente de Estados Unidos lleva semanas dejando caer que, cuando acabe la guerra en Irán (esa que lo mismo da militarmente por cerrada que prolonga "dos o tres semanas" o amenaza con convertir en "el infierno en la tierra"), tiene intención de enfocarse en la isla caribeña. Lo que no está claro es para qué. Mientras que la diáspora opositora reza en Florida por un cambio de régimen, en Washington afirman que con un cambio económico les podría valer. ¿En qué quedamos? La respuesta es que nadie lo sabe. 

El magnate deja palabras grandilocuentes, pero pocas pistas. Sostiene que, tras la "histórica transformación" de Venezuela, debe llegar la de Cuba, que puede hacer con ella "lo que quiera" y que barrunta que tendrá "el honor" de tomarla. Estos días, incluso ha avisado de que el portaaviones USS Abraham Lincoln, la joya de su Armada, podría poner rumbo a la mayor de las Antillas y colocarse "a cien yardas", tras regresar de Oriente Medio. Ladra pero, ¿también muerde? ¿Puede ser Cuba la siguiente guerra de Trump, ese presidente que se presentó en campaña como el pacifista máximo?

Por ahora lo que tenemos es un baile de amenazas, sanciones y conversaciones secretas que no han llegado a buen puerto aún, de las que casi nada de ha dejado entrever o filtrar. EEUU está apretando y presionando, pero se desconoce si se aventurará a dar un paso similar al del 3 de enero pasado en Venezuela, cuando se llevó al presidente Nicolás Maduro. 

En el platillo de lo hecho, y no lo por hacer, tenemos que, desde enero, la Administración Trump ha restringido severamente los envíos de petróleo a Cuba. Sobre todo, ha cerrado el grifo a entre 27.000 y 35.000 bariles de crudo diarios desde Venezuela, que hasta la defenestración del chavista era el mayor suministrador energético de la isla. Con esta decisión, ha provocado escasez de combustible, fuertes aumentos de precios y prolongados apagones de hasta 20 horas diarias; ya se han contabilizado al menos tres apagones nacionales, totales. 

Las recientes crisis económicas y energéticas de Cuba no vienen sólo del bloqueo venezolano, sino que "se derivan de una combinación de problemas estructurales de larga data y decisiones políticas, incluida la falta de inversión en el sector energético", reconoce un informe del Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores) norteamericano. Pero sobre ello "las políticas de línea dura y las sanciones económicas de Trump han exacerbado estas dificultades desde que regresó al cargo en 2025".

El pueblo cubano está desesperado. No consigue gasolina. La comida es carísima. No puede ir a trabajar. Y si va a trabajar, no hay electricidad. El turismo se ha reducido a la mínima expresión porque los hoteles no pueden abrir, ya que no se puede usar ni un ascensor sin electricidad. Y apenas hay corriente dos o tres horas al día. Esa es la realidad, la peor crisis económica desde que los rebeldes bajaron de las montañas. 

Altos funcionarios estadounidenses han indicado a la prensa nacional que el objetivo final de estas políticas es lograr la liberalización política y económica en Cuba, incluyendo la posible destitución del presidente, Miguel Díaz-Canel. "Cuba tiene una economía que no funciona y un sistema político y gubernamental incapaz de solucionarlo. Por lo tanto, deben cambiar drásticamente", declaró el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, el 17 de marzo. "Tienen que tomar decisiones importantes allí", remacha. 

Pero es que Rubio, como se dice en el periodismo, es "fuente herida", porque es hijo de exiliados cubanos y habla desde el anhelo de un borrón y cuenta nueva total. Sus palabras más suaves para los dirigentes de la isla son "comunistas incompetentes" y "fallidos". Sin embargo, confirma el CFR, no es eso lo que deja entrever su jefe, Trump, pese a la retórica cada vez más agresiva y la creciente presión económica. Sus objetivos "siguen sin estar claros" y dudan de que sea probable una toma del poder militar en Cuba al estilo venezolano, sobre todo porque EEUU sigue inmerso en un conflicto como poco enquistado con Irán. Queda el dinero y quedan los recursos. 

Michael J. Bustamante, catedrático de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos en la Universidad de Miami, declaró al Consejo que el enfoque trumpista hoy "parece muy, muy impredecible". Sin embargo, cree que parte de la estrategia podría consistir en "mantener a sus homólogos cubanos en la incertidumbre". El juego del gato y el ratón, relamiéndose y despistando mientras asesta el golpe. 

Trump ha afirmado repetidamente que el Gobierno comunista está cerca de un punto de quiebra, debido al embargo estadounidense que data de 1962 y que ha sido incapaz de eliminar al gabinete revolucionario, razón por la que EEUU e Israel ahora se quedan solos votando en Naciones Unidas por la prolongación de este castigo, sin frutos, más allá del sufrimiento de los ciudadanos. Lo que sí ha cosechado, por ahora, es una fuerte condena por parte de La Habana: Díaz-Canel ha prometido responder con una "resistencia inexpugnable" a "cualquier agresor externo" y ha apelado a la doctrina de la guerra popular, o sea, cada cubano, un fusil. 

Y, sin embargo, en mitad de ese toma y daca, Díaz-Canel confirmó públicamente el 13 de marzo que Cuba está negociando con EEUU para encontrar soluciones a las diferencias entre ambos países, conversaciones que se encuentran actualmente en su fase inicial. Poco ha trascendido de esos contactos, más allá de que es un diálogo complejo y limitado, enfocado principalmente en la gestión migratoria y la seguridad. Por el momento no hay coincidencias sustantivas, pero es que, además, ninguna de las dos partes da detalle alguno de lo hablado, si las hubiera. 

Desde la perspectiva cubana, las conversaciones buscarían restablecer el suministro de combustible al país, con la esperanza de levantar algunos de los embargos reinstaurados en 2016 y garantizar que EEUU no intente invadirlo. Desde la perspectiva estadounidense, como poco, esta es una oportunidad para lograr la liberación de algunos presos políticos, obtener concesiones de Cuba para que no opere sus servicios de inteligencia en EEUU y llevar a cabo otras reformas, como permitir la inversión extranjera de ciudadanos cubanos en su suelo. Ahora, la incógnita es si la oferta cubana será suficiente para que la Administración Trump modere algunas de sus amenazas.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel, en el 65º aniversario de la declaración de Fidel Castro sobre el carácter socialista de la Revolución, el 16 de abril de 2026, en La Habana.Norlys Pérez / Reuters

Por qué pone la diana en La Habana

Durante su segundo mandato, Trump está implementando una campaña bautizada como de "máxima presión" contra Cuba como parte de una estrategia más amplia para afianzar la primacía de EEUU en el hemisferio occidental y limitar la influencia de adversarios como China y Rusia. Si antes se hablaba de doctrina Monroe, ahora de habla de doctrina Dondoe, pero es, al final, intervencionismo igualmente. 

Tanto la Estrategia de Defensa Nacional como la Estrategia de Seguridad Nacional de Washington dan prioridad a dicho hemisferio, haciendo hincapié en las amenazas de adversarios extranjeros y bandas transnacionales, así como en la necesidad de dominar en la región para proteger los intereses de EEUU.

"Esta es una administración que tal vez percibe una oportunidad: la sensación de que el Gobierno cubano está contra las cuerdas y puede ser presionado para que ceda en asuntos en los que, francamente, nunca antes había cedido", señala Bustamante.

El presidente norteamericano aprovechó rápidamente esa aparente oportunidad al regresar al cargo. A los pocos días de su investidura, Trump emitió una orden ejecutiva declarando que Cuba "constituye una amenaza inusual y extraordinaria" para la seguridad nacional, citando sus vínculos con actores hostiles (de nuevo, Moscú y Pekín de fondo). También autorizó aranceles a productos provenientes de terceros países que venden o suministran petróleo a la isla.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, durante su reunión en el Gran Palacio del Kremlin, el 7 de mayo de 2025, en Moscú.Getty Images

La Casa Blanca intensificó su presión económica sobre Cuba en junio de 2025, cuando reimplantó estrictas restricciones de viaje al turismo estadounidense a la isla, restringió las transacciones financieras con entidades controladas por el Ejército cubano y redobló su apoyo al embargo, que ya limita severamente el comercio entre los dos países. Dio donde dolía, en vías por las que en los últimos años había entrado un oxígeno preciado a la isla. 

Tras la operación militar en Venezuela de hace cuatro meses, el neoyorquino se vino arriba y avanzó que Cuba "caería por sí sola". Trump no pidió una intervención militar, se limitó a decir que se trata de una "nación fallida" y a plantear repetidamente la posibilidad de una "toma de control amistosa". Sea eso lo que quiera que sea en su imaginario. 

Las tensiones entre EEUU y Cuba se intensificaron aún más a principios de marzo. En la cumbre inaugural del Escudo de las Américas, una iniciativa militar y de seguridad multinacional liderada por el Pentágono que reúne a líderes de toda América Latina, Trump advirtió que "Cuba está al límite" y añadió que su país "no permitirá que la influencia extranjera hostil se afiance en este hemisferio". 

El primer día de mayo, vino la "imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de EEUU". Van 240 desde enero. Al anunciar las nuevas medidas, la semana pasada, la Casa Blanca rgumentó que el régimen cubano "se alinea con países y actores malintencionados hostiles a EEUU, llegando incluso a facilitar sus operaciones militares y de inteligencia".

Entre otros, se castiga al conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), GAESA, y su presidenta, Ana Guillermina Lastres, más la empresa estatal Moa Nickel SA, que explota los yacimientos de níquel y cobalto de la isla, que se estiman entre los diez mayores del mundo, indica EFE. Pero va mucho más allá, porque también amenaza a toda aquella persona o entidad que apoye financiera, material o tecnológicamente al Gobierno cubano o que opere en sectores clave, como la energía, la defensa, las finanzas, la minería y la seguridad. La idea es disuadir al mundo de hacer negocios en el país. 

Para Díaz-Canel, se trata de una "agresión unilateral" que se enmarca en una oleada de medidas impuestas por Washington "de forma ilegal", del petróleo hasta hoy. "Aunque estas sanciones ilegales agravan la difícil situación del país, refuerzan nuestra determinación de defender la patria, la revolución y el socialismo en la misma medida", aseguró el viernes pasado en un mensaje en redes sociales. "Queremos ser dueños de su propio destino y libres de la perniciosa interferencia del imperialismo estadounidense", remarca. 

Dinero aparte, EEUU también ha llevado a cabo unos ejercicios militares de siete días en la zona de Key West, el punto de Florida más cercano a la isla, en los que han intervenido drones de largo alcance, barcos autónomos y sistemas de inteligencia artificial. Hasta Rubio se ha hecho fotos preocupantes para La Habana, posando con el jefe del comando sur con un mapa del país a sus espaldas. "No voy a decirles qué discutí sobre ese asunto", replicó el jefe de la diplomacia norteamericana a la prensa cuando fue consultado por ello.

A pesar de la retórica de "liberación" que llega del norte, la realidad para los ciudadanos cubanos es de un endurecimiento migratorio sin precedentes en suelo norteamericano y ello pone de manifiesto las contradicciones de Trump ante su hoja de ruta para el país. Juan Carlos López, analista de CNN de enorme eco en el mundo latino, describe esta política como un "trabalenguas": mientras el presidente promete liberar la isla, cierra todas las vías de escape para quienes huyen de ella.

Un informe del Instituto CATO, un centro de pensamiento no partidista, revela cómo con Trump y Rubio no sólo han crecido los arrestos de cubanos por casos de inmigración, sino que además se han cerrado los caminos legales para inmigrar a USA. La aprobación de visas de residencia permanente para los cubanos pasó de 10.807 en octubre de 2024 a 15 en enero de este año, una caída de 99,8%. En octubre de 2024, hubo 140 arrestos de cubanos por casos de inmigración, cuando en enero de 2026 fueron 1.008, un incremento del 463%.

Además, una orden de un juez federal de Massachussets reveló en marzo, citando un documento del Departamento de Seguridad Nacional, que existe un acuerdo no escrito entre EEUU y México para deportar cubanos a este último país, aún sin documentos de viaje. Unos 6.000 fueron enviados en el último año.

Díaz-Canel reprocha a Trump su confusión y le acusa de buscar únicamente "satisfacer" a "un grupo pequeño pero adinerado e influyente" de Florida, "impulsado por el deseo de venganza y dominación". Al otro lado del estrecho se multiplican las oraciones masivas y las caravanas coloridas de los cubanos emigrados para reclamarle a Trump que vaya a por todas y se ha difundido incluso un "Acuerdo de la Libertad", con los puntos fundamentales para instaurar la democracia en el país. Sus exigencias de renuncias del régimen son totales. 

¿Puede caer el régimen?

Los analistas del CFR, de la Chatham House de Londres o del Chicago Council on Global Affairs coinciden en que, si bien el régimen está más debilitado que nunca, su caída no es una conclusión inevitable, sino un complejo juego geopolítico con consecuencias impredecibles. El clima es de desesperación y eso ha forzado al régimen a sentarse a negociar. Si las reformas económicas serán o no suficientes, los días lo dirán.

Los especialistas advierten de que La Habana es un caso único. No es comparable con Caracas. Christopher Sabatini, de Chatham, señala que, a diferencia de la "caótica" Venezuela, el Estado cubano posee una estructura de control de más de seis décadas: "El sistema político de Cuba se cree que es más centralizado y leal, lo que hace que los cambios significativos sean más difíciles de lograr", añade. 

"El sistema político de Cuba se cree que es más centralizado y leal, lo que hace que los cambios significativos sean más difíciles de lograr"

Por su parte, Will Freeman (del CFR) sugiere que el cambio podría ser más interno que una ruptura total: "Es más probable que veamos una reorganización dentro del régimen, quizás con los militares asumiendo un papel más prominente, algo que ya hacen de facto". 

Incluso si Trump quisiera sellar un acuerdo, la ley estadounidense (la famosa Helms-Burton) es un corsé difícil de romper. Sabatini recuerda que "existen límites legales sobre lo que la Administración Trump puede ofrecer". Cita la Ley de Libertad de 1996, que "reconfirmó el embargo como ley”, exigiendo condiciones como elecciones libres y la salida de todos los Castro del poder. Después de casi siete décadas de mando comunista, aún parece que no hay un líder cubano capaz de traer un cambio sustantivo, mientras que la oposición está dividida (y encarcelada y exiliada) y carece de un plan.

Desde la perspectiva de la seguridad nacional, Cécile Shea, del Chicago Council, advierte sobre el riesgo de presionar demasiado sin un plan de transición: "La idea de entrar en un país y secuestrar a un líder para facilitar un cambio de régimen abre una caja de Pandora que no creo que queramos abrir", avisa. Además, un colapso total podría provocar una crisis migratoria masiva hacia Florida, algo que el propio Trump desea evitar. La península está a poco más de 140 kilómetros, una diferencia salvable, como se ha visto en el pasado con la crisis de los balseros en los años 90. 

Un grupo de balseros trata de llegar desde Cuba a Estados Unidos con embarcaciones precarias, durante la crisis de 1994, en una imagen del 21 de agosto de ese año.Najlah Feanny / Corbis via Getty Images

"Sería un gran triunfo para el presidente Trump, pero si la exigencia absoluta es que den un paso al lado y dejen el poder, no está claro cómo avanzarán las cosas", matiza Shea, que tiene a sus espaldas más de dos décadas de servicio diplomático en EEUU. 

Sabatini sostiene que "un juego de la gallina con el Gobierno cubano podría tener una serie de consecuencias no deseadas, que podrían volverse más violentas y políticamente tensas que las de Venezuela". ¿Y qué es esto del juego de la gallina? Pues una metáfora de situaciones de conflicto extremo, donde dos partes se arriesgan a un desastre mutuo para evitar parecer cobardes. El objetivo es que el oponente se rinda primero (sea la "gallina", el cobarde), mientras ambos corren el riesgo de un resultado fatal si ninguno cede.

Habla de un escenario "más problemático", el de un levantamiento popular en la isla "que impulsara a cubanoamericanos aventureros a viajar a Cuba para unirse a los manifestantes y acelerar la transición a la democracia, lo que desencadenaría violencia por parte de las fuerzas de seguridad cubanas". Si esto afectara a ciudadanos estadounidenses en Cuba, "aumentaría la presión para que las fuerzas estadounidenses intervinieran en la isla para defender a sus ciudadanos. Esto, a su vez, podría desencadenar un conflicto de mayor envergadura", constata, alineado con Shea. 

Una curiosidad: en un análisis publicado en su think tank, Sabatini caer deja por el camino un nombre para seguirle la pista. Se trata de Alejandro Castro, hijo de Raúl, sobrino de Fidel, que permanece en el poder, "desempeñando un cargo poco definido en el Ministerio del Interior". Supuestamente "se ha convertido en el principal negociador del régimen: informes no confirmados afirman que ha estado dialogando con EEUU, aunque estas afirmaciones han sido puestas en duda". Por tenerlo en cuenta. 

"Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba"

Han pasado 12 presidentes de EEUU y no han podido acabar con el "problema cubano". Díaz-Canel promete una "resistencia total", pero no deja de hablar con el adversario y hasta se dispone, dice entre líneas, a hacer concesiones muy importantes. "Están siendo muy sinceros. No están dispuestos a abandonar el poder en este momento", recuerda la investigadora de Chicago, quien dice que espera "que los negociadores estadounidenses se den cuenta de que esta es una oportunidad extraordinaria para obtener promesas para unas elecciones en dos años". 

"Yo diría: 'Bien, tenemos todas estas otras promesas de ustedes con respecto a cambios económicos y la liberación de presos políticos (lo cual es importantísimo, porque si liberan a presos políticos, significa que habrá una oposición política en el país). ¿Podemos fijar como objetivo elecciones libres y justas dentro de dos o tres años?'. Eso sería una gran victoria", apunta. Sin partidismo, sería "un gran logro para el presidente Trump y la mejor manera de avanzar" porque "haría que EEUU fuera popular en Cuba, lo cual sería bueno porque uno quiere que la gente de un país a 145 kilómetros de distancia lo aprecie", concluye.

Y en el caso de que EEUU optase por una acción armada, un ataque, no está claro cuáles serían los objetivos precisos de la misma, como no lo están los políticos. Es hablar de política ficción, rechazan los que lo ven inviable pero... ¿también lo parecía en el caso de Venezuela o de Irán? Con Trump nadie pone ya la mano en el fuego.  

Derrocar a la cúpula dirigente del país sería una repetición de la operación estadounidense en Venezuela en enero, cuando las fuerzas especiales arrestaron a Nicolás Maduro y a su esposa, la abogada chavista Cilia Flores, en una sorprendente redada en la fortaleza en la que se guarecían. Ha trascendido que aquella operación dejó 47 militares venezolanos y 32 uniformados cubanos muertos, además de dos civiles de Venezuela; en el lado norteamericano hubo ocho heridos. Cambió el jefe, no el sistema. 

El presidente Canel, a la espera, recuerda al inquilino del Despacho Oval que "ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba".

El enorme daño económico

De fondo, Cuba atraviesa una de sus peores crisis económicas desde el "Período Especial" de la década de 1990, cuando la caída de la Unión Soviética -que siempre fue un salvavidas económico fundamental- provocó una miseria generalizada. La crisis actual se caracteriza por el colapso casi total de la anticuada red eléctrica de la isla, la escasez de productos básicos debido a la inflación galopante, la grave escasez de combustible y la disminución del turismo. Según estimaciones de The Economist, desde 2021, el número de cubanos en la isla ha descendido de más de 11 millones a menos de nueve.

El bloqueo estadounidense está acelerando el deterioro económico de la nación. Cuando se interrumpió el suministro de petróleo de la isla, tras la captura de Maduro, el régimen cubano se vio obligado a implementar medidas de emergencia para hacer frente a la escasez generalizada de combustible, incluso mientras Trump permitía a las empresas solicitar licencias para revender petróleo venezolano al sector privado cubano, una medida que ha servido de poco para aliviar la crisis de la isla. 

A principios de marzo, Díaz-Canel afirmó que Cuba no había recibido ningún cargamento de petróleo en tres meses. Sólo se sabe de la llegada de un petrolero ruso en todo este tiempo y de la interceptación de al menos siete. Las exportaciones generales de energía a la isla se han reducido entre un 80 y un 90%. La ayuda humanitaria que México ha sido autorizado a entregar son migajas para lo que se necesita. 

Ciudadanos de La Habana (Cuba) usan una bicicleta como taxi comunitario durante el apagón del 21 de marzo de 2026.Angelo Mastrascusa / Anadolu via Getty Images

Mientras, la economía sigue dominada por GAESA, el conglomerado empresarial controlado por los militares que supervisa gran parte del turismo, las finanzas, el comercio minorista y las importaciones de la isla, el ahora sancionado por EEUU. Una investigación del Miami Herald de 2025, basada en documentos financieros internos filtrados, reveló que GAESA posee hasta 18.000 millones de dólares en activos denominados en dólares, de los cuales 14.500 millones se encuentran en cuentas bancarias o en las propias instituciones financieras de GAESA.

El empeoramiento de la situación, que ha provocado inusuales protestas públicas , también ha afectado a las misiones médicas cubanas en el extranjero, un pilar fundamental de su economía. El Departamento de Estado norteamericano ha instado a los países a dejar de aceptar la diplomacia médica cubana, que anteriormente calificó de "trabajo forzoso", y varios países han puesto fin o reducido recientemente los acuerdos mediante los cuales Cuba enviaba brigadas médicas al extranjero y se hacía cargo de la mayor parte de sus salarios.

En medio de la crisis energética, Canel ha pedido reformas económicas y sociales inmediatas para estabilizar el país. Según medios estatales , en una reunión del Consejo de Ministros de Cuba, el 2 de marzo, enfatizó la necesidad de una mayor inversión extranjera en el sector energético y de que los municipios gestionen alianzas económicas entre actores estatales y no estatales. 

Un alto funcionario cubano declaró a NBC News el 17 de marzo pasado que el Gobierno también está permitiendo que los cubanos residentes en el extranjero comiencen a invertir en empresas de la isla. Esta medida representa un cambio significativo para un país que durante mucho tiempo ha tenido una economía controlada por el Estado, aunque funcionarios estadounidenses afirmaron que las nuevas medidas no son suficientes para resolver la crisis económica de Cuba.

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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