El nuevo dron que el Pentágono presume como "innovación americana" es una copia de copia de copia que llega hasta un programa alemán de la Guerra Fría
Numerosos expertos consideran que el 'Lucas' está claramente inspirado en la familia HESA Shahed-136 iraní.

El nuevo dron presentado por el Pentágono como ejemplo de “innovación estadounidense” podría tener en realidad un árbol genealógico mucho más complejo y menos original de lo que aparenta. Analistas y expertos en tecnología militar sostienen que el aparato mostrado por Washington sería una evolución directa de diseños iraníes, que a su vez derivan de drones israelíes y, más atrás todavía, de proyectos occidentales desarrollados durante la Guerra Fría.
La polémica, publicada por el diario Focus, gira alrededor de un dron exhibido recientemente por el Pentágono y presentado en redes sociales como un nuevo ejemplo de capacidad industrial militar estadounidense. Sin embargo, varias comparaciones técnicas y visuales apuntan a que el modelo sería en realidad el 'Lucas', fabricado por la empresa estadounidense SpektreWorks. Y ahí es donde empieza la cadena de copias.
El 'Lucas' estadounidense apunta directamente al Shahed iraní
Las imágenes oficiales y las especificaciones técnicas sugieren que el dron mostrado coincide con el modelo 'Lucas', un dron de combate barato diseñado para ataques unidireccionales, saturación de defensas, entrenamiento militar y operaciones de bajo coste.
El problema para el relato del Pentágono es que numerosos expertos consideran que el 'Lucas' está claramente inspirado en la familia HESA Shahed-136 iraní, comparte diseño, estructura y filosofía operativa, y reproduce el concepto de dron desechable barato usado masivamente por Irán y Rusia.
Además, SpektreWorks fabrica también otro modelo aún más explícito: el FLM-136, cuyo propio nombre recuerda directamente al Shahed-136 iraní.
Irán también copió el diseño original
Pero la historia no termina ahí. Los propios drones Shahed tampoco surgieron de cero. Según varios analistas militares, el diseño iraní deriva en buena medida del IAI Harpy, desarrollado por la empresa israelí IAI a finales de los años 80. El Harpy fue uno de los primeros drones suicidas modernos producidos en serie y estaba diseñado para detectar radares enemigos, atacarlos automáticamente u operar como munición merodeadora autónoma.
Su concepto revolucionó la guerra electrónica: permanecer en el aire esperando objetivos, atacar sin intervención directa humana y destruir defensas antiaéreas enemigas, algo otrora de ciencia ficción. Irán habría adaptado posteriormente esa idea a drones más baratos, sistemas guiados por GPS y ataques contra infraestructuras y ciudades.
El origen aún más lejano: Alemania y la Guerra Fría
El árbol tecnológico se remonta incluso más atrás. Los expertos apuntan ahora al programa alemán Dornier DAR, desarrollado durante la Guerra Fría. El DAR (Drone Anti-Radar) fue un proyecto experimental alemán orientado a ataques antirradiación, supresión de defensas aéreas y vehículos no tripulados de ala delta.
Aunque no puede considerarse un "padre directo" del Harpy, sí forma parte de la misma línea evolutiva tecnológica junto a los programas occidentales similares, el proyecto sudafricano ARD-10 Lark y otros desarrollos experimentales de drones suicidas. Es decir, el supuesto dron nuevo del Pentágono forma parte en realidad de una evolución tecnológica de más de 40 años.
El gran cambio: ahora EEUU copia drones baratos
Lo más significativo del caso no es solo la copia tecnológica, sino el cambio estratégico que refleja. Durante décadas, EEUU desarrolló drones extremadamente caros y sofisticados. Apostó por plataformas avanzadas como el Predator o el Reaper y priorizó precisión y superioridad tecnológica.
Pero guerras recientes —especialmente la de Ucrania— han demostrado otra realidad: los drones baratos pueden saturar defensas, las armas simples pueden ser devastadoras y la producción masiva importa tanto como la tecnología avanzada. Por eso ahora Washington estudia y reproduce conceptos que antes consideraba inferiores.
El Shahed cambió la guerra moderna
El HESA Shahed-136 se ha convertido en uno de los símbolos de la nueva guerra: bajo coste, producción rápida, ataques masivos y saturación de defensas aéreas. Rusia lo ha utilizado extensivamente contra infraestructuras energéticas, ciudades ucranianas e instalaciones militares.
Y su éxito ha obligado a Occidente a replantearse sus doctrinas militares, su producción industrial y su dependencia de sistemas demasiado caros.
La polémica también reabre un viejo debate dentro de la industria armamentística: ¿Qué significa realmente innovar en guerra? ¿Inventar algo nuevo o adaptar mejor una idea existente? En realidad, gran parte de la evolución militar funciona así: un país desarrolla una tecnología, otro la copia y mejora y un tercero la abarata y masifica. El caso del dron presentado por el Pentágono resume perfectamente ese ciclo.
