¿Y si esta vez pierde Orban? Las claves de las elecciones húngaras que tienen a la UE en vilo
El primer ministro ultra, tras 16 años en el poder, ve amenazado su cetro por Peter Magyar, un derechista clásico salido de su propio partido. Bruselas aguarda atenta, tras años de violaciones del Estado de derecho y de amistad con Putin.

Este domingo, Hungría va a elecciones. El país europeo, de 9,5 millones de habitantes, decide si, tras 16 años en el poder, mantiene la confianza en el actual primer ministro, el ultraderechista Viktor Orban, o cambia de aires. Por primera vez, su partido, Fidesz, se enfrenta a un desafío sostenido y creíble por parte del opositor Péter Magyar, cuyo partido, Tilza, de derecha más centrista, lidera la mayoría de las encuestas.
El resultado de la contienda definirá la trayectoria interna de Hungría, claro, pero tendrá también una onda expansiva en Europa, ya que los Gobiernos de Orban, en los últimos tiempos, han complicado la capacidad de la Unión Europea (UE) para actuar de forma cohesionada y han roto la necesaria unidad de acción en cuestiones como el apoyo a Ucrania. Orban, hoy, es el mayor aliado que tiene Rusia en el viejo continente, por encima de la Eslovaquia de Robert Fico, así que ésta es también una guerra de influencias internacional.
Y más aún: el mandatario en activo es, también, uno de los mayores aliados europeos afines al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por lo que con sus votos los ciudadanos también ponen a prueba la red de apoyo del republicano, que no hace más que acumular impopularidad, de Irán a los aranceles. Esta misma semana, en pleno sprint final de las elecciones, el vicepresidente norteamericano, JD Vance, ha viajado a Hungría para dar su apoyo abierto a Orban, una forma inusualmente directa de participación política en unas elecciones a este lado del Atlántico, lo que profundiza la división entre Washington y sus aliados tradicionales, empezando por Bruselas.
Con todo este mar de fondo ¿a quién no le va a interesar una jornada electoral húngara? Para entender este momento crucial para la historia reciente del país, en El HuffPost te traemos las claves esenciales de este decisivo 12-A.
Lo que está en juego
Son algo más de ocho millones de ciudadanos con derecho a voto los que tienen que elegir este domingo a los 199 diputados del Parlamento nacional, donde el Fidesz cuenta desde 2010 con mayorías de más de dos tercios en estos momentos.
Un total de 106 de estos escaños se eligen en otras tantas circunscripciones, donde el partido más votado se hace con el único escaño en juego, mientras que los restantes 93 parlamentarios se eligen de forma proporcional entre las listas nacionales de los partidos.
El sistema actual es fruto de una reforma electoral aplicada por Orban, que beneficiaba hasta ahora al Fidesz, aunque ahora podría causar ahora un efecto contrario si el Tisza logra puntuar también en zonas rurales. Es un escenario al que Hungría no se ha enfrentado desde el cambio legal.
Como explica la Agencia EFE, en las ciudades -con clara ventaja para el candidato opositor-, un escaño requiere muchos más votos que en el empobrecido interior del país, donde el Fidesz domina la vida pública y económica. Al propio Orban la encanta mostrar su imagen de hombre de campo y cristiano cumplidor. Por alteraciones del Estado de derecho como este, la ONG Freedom House rebajó en 2020 a Hungría de democracia semiconsolidada a "régimen híbrido". El actual mandatario se considera un iliberal.
Los candidatos y las encuestas
Dos son los únicos candidatos con oportunidades reales de ganar y gobernar. Son los citados Viktor Orban, de 62 años, cara visible de Fidesz, de ultraderecha y Péter Magyar, de 45 años, representante de Tisza, de lo que podríamos llamar la derecha convencional.
Con su rechazo a la visión liberal del mundo, Orban defiende el modelo de la "democracia iliberal", basado en valores tradicionales del cristianismo, con un rechazo a la inmigración y a los derechos LGBTI, mientras que está alineado con el populismo y el autoritarismo creciente de Trump y mantiene buenas relaciones con la Rusia de Vladimir Putin, a pesar de la invasión de Ucrania de 2022. La dependencia energética de la Federación Rusa es la principal causa de esta cercanía, afinidades aparte, y ahora cobra un nuevo sentido, vende el Ejecutivo, ante la crisis en Oriente Medio.

El Tisza, por su parte, es una formación que promete liberar al país de lo que considera "endémica" corrupción bajo los mandatos de Orban y mejorar la precaria situación del sistema sanitario y la educación. Casi todos los servicios públicos se han visto claramente desincentivados en estos años. Su visión en política exterior favorece una mayor alineación con el resto de los socios de la UE y, por eso, sus contrarios colocan estos días carteles en los que se ve a Magyar como un ciego llevado por un perro lazarillo o como un bebé, acunado por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.
Salvo que haya sorpresas de última hora, el favorito en esta ocasión no es Orban, sino Magyar. Hay sondeos que le dan hasta 23 puntos de ventaja, aunque la media es de cinco a siete, salvo los del instituto Nezopont, muy cercano al Gobierno, que es el único que vaticina una victoria del Fidesz.
El particular sistema electoral de Hungría puede hacer posible que el partido de Orban consiga una mayoría de escaños en el Parlamento aunque alcance sólo un 45% de los votos, mientras que el Tisza podría acabar necesitando más del 55% para asegurarse una mayoría.

Pero es que, en los últimos días, es tal el aval popular que están teniendo los disidentes que es posible llegar a ese umbral: "La dinámica de las últimas semanas de campaña podría haber favorecido a Péter Magyar", que así podría obtener entre 138 y 143 escaños, de los 199 en total, asegura el instituto Medián en su estimación más reciente conocida (del miércoles pasado). El instituto basa sus cálculos en los últimos cinco sondeos publicados, de ahí su valor. En concreto, el partido de Orban podría hacerse con entre 49 y 55 escaños, una importante derrota para el Fidesz, que actualmente cuenta con 135 diputados.
Los partidos de la izquierda, en el Gobierno hasta 2010, casi han desaparecido del espectro político y es posible que no logren representación alguna, mientras que la derecha extrema de Nuestra Patria no parece que vaya a entrar en el Parlamento. Si supera el límite del 5% de los votos, y por cómo está el sistema, podría alcanzar de cinco a seis escaños.
Dos mundos conservadores, pero dispares
Durante su enérgica campaña, Magyar se ha comprometido a desbloquear miles de millones de euros de fondos de la UE congelados, a imponer impuestos a los más ricos, a reformar el deteriorado sistema sanitario húngaro y a pelear contra la corrupción y el juego sucio. Denuncia que él mismo ha sido víctima de un intento de extorsión al filtrarse una imagen sexual en la que supuestamente aparece él, consumiendo drogas además, dicen sus detractores. Él ha respondido que tiene 45 años y pleno derecho a tener relaciones "consentidas con adultos. El candidato estuvo casado hasta 2023 con Judit Varga, que fue ministra de Justicia con Orban. Con ella tiene tres hijos.
Magyar expuso en una entrevista con la agencia Reuters que estas elecciones giran en torno a si Hungría puede consolidar su posición como nación europea y reactivar su economía, o si se adentrará aún más en el autoritarismo. "En tan sólo unos días veremos un cambio de régimen", afirmó directamente en un mitin en la ciudad de Baja, prometiendo superar las divisiones políticas entre los húngaros. "Esta es la última oportunidad para evitar que nuestro país se convierta en un estado títere de Rusia. No permitamos que Fidesz saque a Hungría de la UE", alienta.
Orban, por su lado, afirma que quiere reformar la UE desde dentro y no abandonar el bloque. Ha planteado estas elecciones como una encrucijada entre "la guerra o la paz", afirmando que sus oponentes arrastrarían a Hungría a las trincheras ucranianas. Tisza niega ese señalamiento. "Estas elecciones tratan sobre el futuro de Hungría. La elección es clara: dependencia y decadencia, o soberanía, fortaleza y paz", declaró Orban el martes pasado.
El partido de extrema derecha Nuestra Patria espera obtener el apoyo suficiente para convertirse en un factor decisivo, lo que podría permitir a Orban mantenerse en el poder aunque sea con esa muleta.
Si Tisza gana, revertir los cambios legales e institucionales que Orban ha implementado con una mayoría constitucional será una tarea titánica para un nuevo Gobierno si cuenta con una mayoría simple en el parlamento de 199 escaños, afirmó Mario Bikarski, analista sénior para Europa de la empresa de inteligencia de riesgos Verisk Maplecroft. Esto podría generar "un entorno de bloqueo legislativo persistente e incertidumbre política", añadió.
Sin embargo, por ahora, los inversores se centran en los posibles beneficios de una victoria de Tisza. "El fin del régimen de Orban supondría un gran impulso para la economía húngara", señaló Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg, en un comunicado de valoración. La cercanía a Europa y la promesa de estabilidad gusta. "Eliminaría un obstáculo clave para una cooperación europea más estrecha y allanaría el camino para sanciones más severas contra Rusia", estima.
Como expone Gregoire Roos, director de los Programas de Europa, Rusia y Eurasia de Chatham House (un tanque de pensamiento con sede en Londres), hay que entender la perspectiva de cambio debe abordarse "con cautela". Magyar, afina, "no es un forastero que busca desmantelar el sistema desde sus cimientos, sino un político con experiencia que comprende su funcionamiento". En su campaña ha evitado deliberadamente presentar las elecciones como un choque entre dos Hungrías irreconciliables. "Este posicionamiento es crucial, ya que apunta a un escenario en el que cualquier cambio probablemente será selectivo y progresivo, en lugar de sistémico y radical", ahonda en un análisis publicado por su think tank.
"Algunas áreas podrían experimentar cambios con relativa rapidez. Las relaciones con Bruselas podrían estabilizarse, lo que permitiría acceder a parte de la financiación de la UE. Y el tono de la política exterior podría ajustarse, sobre todo hacia Kiev y Moscú. Pero otros elementos están más arraigados: el papel central del Estado en la economía o, aún más importante, la relevancia de los grandes proyectos energéticos", avisa a los que ya lanzan las campanas al vuelo.
Eszter Wirth, profesora de Economía Internacional (ICADE) en la Universidad Pontificia Comillas, añade en The Conversation que, "incluso si las encuestas aciertan y Tisza gana, su gobernabilidad seguiría estando limitada por las redes de Orban". Y esto es así porque "durante 16 años, el primer ministro ha extendido sus tentáculos para nunca soltar el poder, colocando a sus secuaces en los principales tribunales: Constitucional , Supremo y de Cuentas. También controla la fiscalía general, empresas estatales y buena parte de la prensa".
El momento
Orban ha tenido sus altos y bajos. Tras un primer mandato, iniciado en 1998, y los consecutivos retomados en 2010, se ha ido radicalizando, ha ido adaptando la política a sus intereses y ha creado una especie de cortijo a su medida. El conservadurismo creciente, el nacionalismo y, durante un tiempo, también la economía, aparte de los retoques legales ya citados, lo han mantenido arriba.
Ahora, en cambio, la sociedad acumula tres años de estancamiento económico y afronta un vertiginoso aumento del coste de la vida, mientras que en paralelo se ha producido el enriquecimiento de oligarcas cercanos al Gobierno (incluyendo a su padre, su yerno y varios amigos) que ha indignado a los votantes. La campaña de Orban también se ha visto afectada por informes de prensa que acusan a su gabinete de conspirar con Moscú: se han filtrado una serie de audios de los titulares de Exteriores de los dos países que revelan que Budapest estaba poniendo al tanto a Moscú de por dónde iban las sanciones europeas. "Siempre a tu servicio", se escucha al enviado de Orban.
Magyar, que es un antiguo leal a Orban, que ha crecido tras una fractura con el Fidesz, ha sabido capitalizar el descontento de los húngaros con su partido, que no es progresista sino de centroderecha, hasta llegar al cómodo liderazgo que le dan las encuestas. Sin embargo, los analistas políticos advierten que los votantes indecisos, la reconfiguración del mapa electoral a favor de Fidesz y la elevada proporción de húngaros étnicos en los países vecinos -que en su mayoría apoyan al partido gobernante- generan incertidumbre ante el resultado final. Cualquier escenario posible, porque todo es factible.
Desde una perspectiva puramente interna, estas elecciones no representan tanto una simple elección entre continuidad y cambio, sino más bien una prueba de la profunda consolidación de un sistema político. Durante la última década, el país ha desarrollado un modelo caracterizado por una fuerte centralización y un papel activo del Estado en la economía. Eso se ha traducido en políticas concretas: topes a los precios de la energía, programas de apoyo directo a los hogares y un enfoque estatal en sectores estratégicos. Sin embargo, la inflación ha erosionado el poder adquisitivo y las finanzas públicas están más ajustadas que en ciclos electorales anteriores.

El factor europeo...
"Estas son unas de las elecciones más trascendentales de Europa en muchos años", expone Gregoire Roos. Recuerda que Hungría "ha utilizado repetidamente su posición para retrasar o modificar decisiones colectivas, especialmente en lo referente al apoyo financiero a Ucrania" y eso ha generado fricciones dentro de la UE, "donde la unanimidad sigue siendo necesaria en cuestiones clave de política exterior".
Alegando una disputa con Kiev sobre un oleoducto dañado por la guerra, Orban, de 62 años, ha bloqueado un préstamo de la UE a Ucrania acordado en diciembre, el último de sus numerosos conflictos con Bruselas. 90.000 millones de euros que Kiev necesitaba como agua de mayo quedaron sin entregar.
Una victoria electoral de Orban "probablemente intensificaría los llamamientos de Alemania y otros países para introducir el voto por mayoría cualificada en la UE, con el fin de minimizar el poder de negociación de Budapest". Es un largo debate en Bruselas el de reformar los tratados fundacionales para impedir que todo dependa de una nación. Durante décadas, no fue necesario ni planteárselo. No es ese el escenario actual.
Roos tiene claro que "un cambio de liderazgo podría reducir los bloqueos húngaros". Sin embargo, "esto no alinearía automáticamente a Hungría con todas las posturas mayoritarias de la UE". En materia de migración, por ejemplo, la opinión pública en el país probablemente "seguiría siendo cautelosa". Los húngaros no van a cambiar de tendencia de la noche a la mañana, aunque ahora apoyen una cierta moderación y un mayor europeísmo respecto a Orban.
En cuanto a Ucrania y Rusia, Hungría ha mantenido una posición distintiva dentro de la UE, combinando la alineación formal con las sanciones y los compromisos con la OTAN "con un enfoque más cauto -a veces pragmático y oportunista- hacia Moscú". Esto ha incluido la cooperación energética continua con Rusia y una postura más moderada respecto al apoyo militar a Ucrania. Un gabinete liderado por Magyar podría "reajustar este equilibrio". Aún así, "las limitaciones subyacentes que cualquier Gobierno húngaro enfrentará -geográficas, económicas y políticas- no desaparecerían de la noche a la mañana", advierte el experto.
Hoy, casi 20.000 millones de euros en fondos de la UE para Hungría permanecen congelados por estos encontrononazos y los retrasos o las condiciones asociadas a la financiación de la UE son ahora visibles en Hungría: se han pospuesto proyectos de infraestructura y se están concediendo menos subvenciones al desarrollo a las empresas, a la par que el margen para el gasto público es aún más limitado.
Tras haber convertido la confrontación con la UE en un eje central de su proyecto, el sistema de Orban ahora ve cómo esa estrategia se vuelve en su contra, manifestándose en retrasos en la entrega de fondos, presupuestos más ajustados y menos opciones políticas. Eso puede inclinar la balanza electoral.
El European Council on Foreign Relations (Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, ECFR) ha publicado esta semana una encuesta que revela que, "a pesar de las tensas relaciones entre Budapest y Bruselas en los últimos años, los húngaros confían mayoritariamente en la UE y apoyan la adhesión de su país al bloque": el 77% de los votantes apoya la pertenencia de su país a la UE, dos tercios de los encuestados confían en la UE, y la mayoría desea que su próximo Gobierno adopte un enfoque diferente en su relación con la UE, señala. El 45 % de los simpatizantes de Fidesz, junto con el 91 % de los aliados de Tisza, abogan por esos cambios, "sustanciales o menores" en la postura actual del país.
Sí detecta el ECFR que los magiares están "profundamente divididos" en materia de política exterior, especialmente en lo que respecta a las relaciones con China, Rusia y Estados Unidos. Al preguntarles sobre la dirección general que debería tomar la política exterior de Hungría, los votantes de Tisza se inclinan mayoritariamente por una mayor alineación con los socios europeos (77%), mientras que los votantes de Fidesz están divididos entre equilibrar Occidente, Rusia y China (25%), alinearse con los Estados Unidos de Trump (24%), estrechar lazos con Europa (16%) y fortalecer las relaciones con Rusia y China (14%).
Respecto a Rusia, la mayoría de los votantes del opositor la consideran un adversario y a Ucrania, un socio; la mayoría de los votantes de Fidesz opinan lo contrario. Trump y Putin gozan de una valoración mayoritariamente positiva entre los votantes de Fidesz y mayoritariamente negativa entre los de Tisza, mientras que Macron genera el patrón inverso. En cuanto a otras propuestas políticas, el 66% de los votantes de Tisza desearía que Hungría dejara de comprar energía rusa, mientras que el 77% de los votantes de Fidesz se opone. Respecto a permitir el tránsito de ayuda militar a Ucrania a través de Hungría, el 62% de los votantes de Tisza está a favor y el 77% de los votantes de Fidesz se opone.

... y el norteamericano
Si a Rusia le conviene como interlocutor en Europa y socio energético, en EEUU esta Hungría ha llamado la atención como laboratorio de políticas soberanistas. Así se entiende que se haya convertido en uno de los teatros de operaciones de ideólogos ultras como Steve Bannon, el que fuera asesor de Donald Trump.
Hace dos semanas, el presidente dio expresamente su "respaldo completo y total" a primer ministro de Hungría y pidió a los ciudadanos que lo reelijan. Orban "es un líder verdaderamente fuerte y poderoso, con un historial comprobado de ofrecer resultados fenomenales", escribió Trump en su plataforma Truth Social.
El apoyo público de su administración a Orban fue cristalino esta semana con la visita de Vance, quien criticó lo que calificó de "vergonzosa" injerencia de la UE en las elecciones, sin dar pruebas de ello. Acusa, que algo queda. Más si es a los "burócratas de Bruselas", como los llamó, la misma etiqueta que usa el aún mandatario. Un portavoz de la Comisión Europea (CE) tuvo que salir al paso y afirmar que los comicios eran "la decisión exclusiva de los ciudadanos".
Moscú no tardó en reaccionar, tampoco. El miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, declaró que "muchas fuerzas en Europa, muchas fuerzas en Bruselas, no desean que Orban gane las elecciones de nuevo".
Orban y Trump comparten una agenda basada en la soberanía nacional, el rechazo a la inmigración irregular y la crítica a las políticas de seguridad de la UE. El húngaro es visto por el entorno de Trump como un referente del nacional-populismo conservador, que les puede ser útil en un continente que los quiere poco. Que no haya perdido el contacto con Putin es otro aliciente, a ojos de Trump. Además, hacen buenos negocios juntos: tras una reciente visita de alto nivel, Hungría anunció la compra de petróleo a EEUU por un valor de 500 millones de dólares para diversificar su suministro.
