La izquierda colombiana, ante una remontada a contrarreloj: el terremoto político que deja la primera vuelta
La victoria de Abelardo de la Espriella y las denuncias de irregularidades lanzan a Colombia a tres semanas de máxima tensión política.
La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia ha dejado mucho más que dos nombres para la segunda ronda del próximo 21 de junio. Ha dejado una derecha reconfigurada, una izquierda obligada a remontar, acusaciones de fraude desde el poder, un expresidente que pierde el liderazgo político que había ejercido durante un cuarto de siglo y una victoria que la ultraderecha internacional celebra como uno de sus mayores éxitos recientes.
Sobre el papel, el resultado de Iván Cepeda no debería ser motivo de preocupación. El candidato del Pacto Histórico obtuvo más de 9,6 millones de votos, el mejor resultado logrado jamás por la izquierda colombiana en una primera vuelta presidencial. Incluso supera los registros que Gustavo Petro consiguió hace cuatro años antes de llegar a la Casa de Nariño.
Sin embargo, la realidad política que deja la jornada es muy distinta porque quien ganó fue Abelardo de la Espriella. Y lo hizo con claridad.
El abogado y empresario ultraderechista logró más de 10,3 millones de votos, rozó el 44% de los sufragios y se convirtió en el gran protagonista de unas elecciones que han sacudido el tablero político colombiano.
La izquierda obtiene su mejor resultado... y sale obligada a remontar
La paradoja de la noche electoral es evidente.
La izquierda nunca había llegado tan fuerte a una primera vuelta presidencial. Pero tampoco había terminado una jornada electoral con una sensación tan amarga después de lograr semejante resultado.
En la sede de campaña de Cepeda, instalada en el Hotel Tequendama de Bogotá, la euforia prevista nunca llegó a aparecer. Los más de nueve millones y medio de votos obtenidos quedaron eclipsados por el crecimiento de De la Espriella, que consiguió movilizar a un amplio sector de votantes descontentos con el Gobierno de Gustavo Petro.
Los testimonios recogidos entre los militantes del Pacto Histórico reflejaban esa mezcla de decepción y resistencia. Los cánticos de "No pasarán" sustituyeron a las celebraciones que muchos esperaban vivir al cierre de las urnas.
Ahora la izquierda afronta una campaña de apenas tres semanas en la que necesita convencer a nuevos votantes, ampliar su base electoral y, sobre todo, evitar que la derecha cierre filas definitivamente alrededor de su rival.
El hundimiento del uribismo y el nacimiento de un nuevo líder de la derecha
La otra gran noticia de la jornada es el cambio de liderazgo dentro del espacio conservador colombiano. Durante más de veinte años la derecha giró alrededor de una figura: Álvaro Uribe.
El expresidente ganó las elecciones de 2002 y 2006 con enorme autoridad, impulsó después las candidaturas de Juan Manuel Santos e Iván Duque y mantuvo una influencia determinante en la política nacional incluso tras abandonar la Presidencia.
Ese ciclo parece haber terminado. La candidata del uribismo, Paloma Valencia, sufrió un auténtico desplome electoral. Las encuestas le otorgaban alrededor del 12% de intención de voto. Terminó por debajo del 7%.
El golpe fue tan contundente que la propia Valencia anunció su apoyo a De la Espriella apenas se conocieron los resultados.
Poco después hizo lo mismo Uribe. El mensaje era claro: la derecha tradicional acepta que ha perdido el liderazgo del bloque conservador y se pone al servicio del nuevo referente político.
La extrema derecha suma una victoria simbólica internacional
El triunfo de De la Espriella trasciende las fronteras colombianas. Llega además en un momento especialmente sensible para la ultraderecha internacional, que en los últimos meses había encajado algunos reveses importantes, entre ellos la pérdida de poder de Viktor Orbán en Hungría, considerado durante años uno de los grandes referentes del movimiento soberanista global.
Por eso numerosos dirigentes ideológicamente afines reaccionaron con rapidez.
Entre los primeros en felicitar públicamente al candidato colombiano estuvieron el presidente argentino Javier Milei y el líder de Vox, Santiago Abascal, que celebraron el resultado como una muestra del avance de las fuerzas conservadoras frente a los gobiernos progresistas de la región.
Para muchos analistas, la campaña de De la Espriella comparte varios de los elementos que han impulsado a otros líderes de la nueva derecha internacional: un discurso frontal contra las élites políticas tradicionales, una fuerte presencia en redes sociales y una retórica permanente contra el progresismo y las instituciones establecidas.
Petro y Cepeda elevan la tensión al cuestionar el resultado
Pero si algo amenaza con marcar las próximas semanas no es únicamente la campaña electoral. Es la batalla sobre la legitimidad del resultado.
Pocas horas después del cierre de las urnas, Gustavo Petro sorprendió al afirmar que no aceptaba los datos del preconteo difundidos por la Registraduría. El presidente aseguró que existen inconsistencias en el sistema informático utilizado durante la jornada y afirmó que únicamente reconocerá el escrutinio oficial realizado por los jueces.
Poco después, Cepeda se sumó a las dudas. El candidato aseguró que existen diferencias de hasta 885.000 personas en el censo electoral y denunció la existencia de mesas con votaciones presuntamente atípicas que están siendo revisadas por sus equipos.
Las acusaciones provocaron una respuesta inmediata de De la Espriella. "Petro, Cepeda, no se les ocurra desconocer la voluntad popular", advirtió el candidato ultraderechista durante su discurso de celebración en Barranquilla.
Lejos de rebajar la tensión, ambos bandos parecen dispuestos a convertir el proceso de escrutinio en otro frente de batalla política.
Una campaña marcada por la polarización
Las próximas tres semanas apuntan a ser una de las campañas más polarizadas que ha vivido Colombia en años. De la Espriella ya ha planteado la segunda vuelta como una lucha contra lo que denomina "la tiranía" y el "absolutismo" del actual Gobierno.
Cepeda, por su parte, intentará movilizar a los sectores progresistas y moderados alertando del riesgo que supondría la llegada de la ultraderecha al poder. Mientras tanto, el centro político aparece debilitado.
Sergio Fajardo y Claudia López sumaron poco más del 5% de los votos entre ambos, pero sus apoyos pueden resultar decisivos si la diferencia final termina siendo ajustada.
La cuestión es hacia dónde se moverán esos votantes. Y si la izquierda es capaz de ampliar una base electoral que, pese a haber alcanzado cifras históricas, se ha quedado por detrás de una derecha que hoy aparece más movilizada que nunca.
A partir de este lunes comienza una carrera de 21 días que puede cambiar el rumbo político de Colombia. Y que ya ha arrancado entre acusaciones de fraude, reproches cruzados y la sensación de que el país se encamina hacia una de las segundas vueltas más tensas e imprevisibles de su historia reciente.