La "nueva Gaza" de Trump: rascacielos, turismo y libre mercado sobre una Franja devastada por el hambre
El yerno del presidente de EEUU, Jared Kushner, presenta en el Foro Económico Mundial de Davos un plan urbanístico para la región mientras Israel continúa con los bombardeos y la población gazatí sobrevive entre ruinas, frío y la falta de alimentos.
Mientras en Gaza la población sigue buscando cómo calentarse y comer un día más entre los escombros que han causado los incesantes bombardeos de Israel en más de dos años de genocidio, la Administración de Donald Trump ha presentado este jueves en Davos su "plan maestro" para reconstruir la que ha bautizado como la "nueva Gaza".
El proyecto, expuesto en el Foro Económico Mundial por el principal asesor para Oriente Medio de la Casa Blanca, Jared Kushner, se trata de una oportunidad “realista”, según ha dicho el yerno de Donald Trump, quien ha insistido en que no existe “plan B” para que se pueda reconstruir completamente, desde cero, una Franja de Gaza que han destruido las bombas de Israel y que se ha concebido como un gran polo de atracción para inversores, cuya economía se basa en el libre mercado.
De hecho, las diapositivas con las que se ha presentado Kushner en Davos muestran una franja costera repleta de torres residenciales y hoteles en primera línea de playa, un gran puerto en el Mediterráneo y un aeropuerto ubicado en la frontera con Egipto. También, en diferentes fases, se levantarían poco a poco nuevas ciudades, empezando por el sur de la Franja hasta acabar en el norte, en la devastada Ciudad de Gaza. Un modelo urbano que recuerda más a Dubái o a cualquier ciudad vacacional que puebla Florida, que a la Gaza previa a la ofensiva israelí, hoy reducida a un paisaje de ruinas.
El propio Donald Trump, tras el acto de presentación en Davos de la cuestionada Junta de Paz impulsada por la Administración estadounidense, ha apelado a su experiencia como promotor inmobiliario para defender el potencial económico de la 'Nueva Gaza'. "Fíjense bien dónde está esto, junto al mar. Es una ubicación espectacular", aseguró el presidente antes de prometer una reconstrucción "cuidadosamente diseñada" y con todo el respaldo internacional, aunque sin atreverse a concretar plazos o financiación comprometida.
Un plan condicionado
Más allá de las imágenes y las promesas, el proyecto que EEUU ha presentado en Davos plantea lagunas significativas. La más relevante, la condición que impone Washington: la reconstrucción de la Franja de Gaza queda supeditada al desarme completo de Hamás y a que el ejército de Israel tome el control efectivo del territorio. "No hay plan B”, insistió Jared Kushner durante la presentación del proyecto en el Foro Económico Mundial.
Ese planteamiento implicaría que las primeras fases del proyecto de la reconstrucción de Gaza se concentren en las zonas del sur de la Franja que ya se encuentran bajo el control militar israelí, donde apenas reside población civil, porque la mayoría de los más de dos millones de habitantes de Gaza, desplazados en repetidas ocasiones desde el inicio de la ofensiva israelí, se quedarían al margen de una reconstrucción que se ha anunciado como integral, pero que en la práctica se aplicaría de forma fragmentada y condicionada.
El plan tampoco aclara qué ocurriría con los gazatíes durante el tiempo que dure toda la reconstrucción de la Franja, ni dónde vivirán quienes ahora han perdido sus casas, sus barrios y sus medios de vida. Tampoco aborda cuestiones sensibles como los derechos de propiedad, las compensaciones por las viviendas destruidas o el futuro de los terrenos sobre los que se levantarían los nuevos desarrollos urbanos. Unos vacíos que contrastan con el nivel de detalle con el que se han presentado los rascacielos, las infraestructuras y los aspectos llamados a provocar a los inversores.
A todo ello hay que sumar la falta de concreción financiera. Pese a que el proyecto se ha presentado como una gran oportunidad para el capital privado, la Administración Trump no ha identificado a los posibles inversores ni tampoco ha explicado cómo se financiaría una reconstrucción que obligaría a la retirada de toneladas de escombros. "Pronto se va a celebrar en Washington una conferencia donde se anunciarán muchas aportaciones que harán desde el sector privado”, se limitó a decir Kushner durante la presentación.
En Gaza, mientras tanto, la supervivencia
Mientras en Davos se proyectan rascacielos de lujo, en Gaza la vida se sigue reduciendo a la pura supervivencia. En barrios como Al Mawasi, en Jan Yunis, familias enteras rebuscan en vertederos para encontrar materiales para quemar y calentarse por las noches. “La vida es muy dura. Ni siquiera podemos tomar una taza de té”, cuenta Sanaa Salah, una madre de seis hijos que vive en una tienda de campaña, a la agencia Associated Press.
Pese al alto el fuego anunciado en octubre, los bombardeos israelíes siguen elevando el número de víctimas mortales. Solo en las últimos días, las bombas y el fuego de artillería de Israel han matado a varios civiles, incluidos periodistas que cubrían la situación sobre el terreno. En los campamentos de desplazados, cientos de miles de personas duermen en tiendas o edificios semiderruídos, a la intemperie y la falta de alimentos.
La entrada de ayuda humanitaria ha aumentado respecto a los momentos más críticos de la guerra en Gaza, pero las oenegés advierten de que la situación sigue siendo grave. “No tenemos alternativas. Nuestra situación es miserable”, resume Fathi Abu Sultan, uno de los desplazados en Jan Yunis a AP. De acuerdo con Naciones Unidas, solo una parte de los casi mil campamentos de desplazados recibe asistencia regular y más de un millón y medio de personas continúan en situación de inseguridad alimentaria.