Mykhailo Fedorov, ministro de defensa de Ucrania: "Si llegamos a 50.000 bajas de soldados rusos al mes, veremos qué le pasa al enemigo"
"El objetivo es imponer a Rusia costes que no pueda asumir y, de este modo, imponer la paz por la fuerza".
El nuevo ministro de Defensa de Ucrania, Mykhailo Fedorov, ha fijado un objetivo tan claro como contundente: infligir hasta 50.000 bajas mensuales al ejército ruso para obligar al Kremlin a sentarse a negociar. Lo ha dicho sin rodeos durante una conferencia de prensa en la que ha detallado la hoja de ruta estratégica del Gobierno ucraniano para los próximos meses.
Fedorov, de 34 años, explicó en una conferencia de prensa que el plan pasa por agotar los recursos militares, logísticos y humanos de Rusia, aumentar el impacto de la guerra en su economía y, sobre todo, volver a la opinión pública rusa contra su propio gobierno, al que responsabiliza directamente de las pérdidas humanas en el frente. "El objetivo es imponer a Rusia costes que no pueda asumir y, de este modo, imponer la paz por la fuerza", resumió.
Una estrategia basada en desgaste y presión interna
Según el ministro, la presidencia ucraniana apuesta por un sistema integral que combine defensa aérea eficaz, freno a los avances terrestres rusos y una intensificación de los ataques asimétricos y cibernéticos. No se trata solo de resistir, sino de erosionar de forma constante la capacidad del enemigo para sostener la guerra.
En este contexto, Fedorov subrayó que el mes pasado murieron unos 35.000 soldados rusos, una cifra que, según aseguró, ha sido "verificada mediante vídeos". El siguiente paso es elevar ese número. "Si llegamos a 50.000, veremos qué le pasa al enemigo. Tratan a las personas como un recurso y los problemas asociados a este recurso ya son evidentes", afirmó.
La lógica es clara: Rusia puede seguir enviando soldados al frente, pero cada incremento en las bajas aumenta la presión política y social dentro del país. Para Kiev, ese desgaste interno es tan importante como los avances militares sobre el terreno.
Reforma profunda del Ministerio de Defensa
La estrategia militar viene acompañada de una reorganización interna del Ministerio de Defensa ucraniano. Fedorov considera que el éxito no depende solo de las armas, sino de la gestión. "Un sistema sin tareas está condenado al fracaso", advirtió.
El ministro apuesta por una administración orientada a resultados, con objetivos mensurables y responsabilidades claras. "La gestión debe centrarse en personas capaces de alcanzar los objetivos establecidos. Si alguien no produce resultados concretos, no puede permanecer en el sistema", señaló.
Este enfoque busca corregir ineficiencias, mejorar la coordinación entre unidades y optimizar el uso de recursos en un contexto de guerra prolongada, donde cada error se paga caro.
Colapso logístico y humano del adversario
Uno de los pilares del plan ucraniano es provocar una desorganización profunda en la logística y en el personal de las fuerzas rusas. Fedorov cree que el ejército invasor ya muestra signos de agotamiento, tanto en la rotación de tropas como en el suministro de material.
La estrategia cobra aún más relevancia a la luz de los datos del proyecto DeepState, que estima que Rusia podría llegar a controlar 4.336 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano en 2025. Pese a ello, Kiev sostiene que las pérdidas rusas desde el inicio de la invasión superan el millón de muertos, una cifra que Moscú no reconoce.
Mientras Rusia refuerza sus filas con nuevos contratistas, Ucrania también afronta problemas serios, especialmente la escasez de personal en su infantería. Fedorov no lo oculta, pero insiste en que el Estado debe ofrecer "resultados concretos" sobre el terreno para respaldar cualquier avance diplomático.
Guerra y diplomacia, dos frentes inseparables
El mensaje del ministro es que sin presión militar real, no habrá negociación efectiva. Kiev entiende que la diplomacia solo funcionará si Rusia percibe que el coste de continuar la guerra es superior al de buscar una salida política.
En ese equilibrio entre desgaste militar, reformas internas y presión internacional se juega buena parte del futuro del conflicto. Y, según Fedorov, el tiempo empieza a pesar más sobre Moscú que sobre Kiev.