Trump está seguro de obtener soberanía sobre el suelo de sus bases militares en Groenlandia
Una soberanía de este tipo requeriría acuerdos bilaterales complejos y, previsiblemente, la aprobación de Dinamarca.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que Washington obtendrá soberanía sobre los terrenos donde se asienten sus bases militares en Groenlandia. Así lo afirma en una entrevista publicada este sábado por el diario The New York Post, en la que vincula este movimiento a un marco preacordado esta semana en Davos con la OTAN.
Según Trump, el entendimiento permitiría a Estados Unidos ejercer control soberano sobre el suelo que ocupen sus instalaciones militares en la isla ártica, un territorio que pertenece al Reino de Dinamarca, aunque goza de un amplio autogobierno.
La declaración introduce un elemento de enorme calado político y jurídico en una región clave para la seguridad internacional.
Groenlandia, pieza clave en el tablero ártico
Groenlandia se ha convertido en los últimos años en un enclave estratégico de primer orden, tanto por su posición geográfica —entre América del Norte, Europa y el Ártico— como por el creciente interés militar y económico en la zona.
El deshielo progresivo abre nuevas rutas marítimas y facilita el acceso a recursos naturales, lo que ha elevado la competencia entre potencias.
Estados Unidos mantiene desde hace décadas presencia militar en la isla, especialmente a través de la base aérea de Thule (hoy, Pituffik), fundamental para los sistemas de alerta temprana y defensa antimisiles. Sin embargo, la soberanía del territorio ha seguido siendo danesa, con acuerdos que regulan el uso militar estadounidense sin cesión formal del suelo.
Las palabras de Trump sugieren un salto cualitativo: pasar de una presencia acordada a un control soberano de los terrenos militares, algo que no tiene precedentes claros en la relación entre Washington, Copenhague y las autoridades groenlandesas.
Un acuerdo ligado a la OTAN
El presidente estadounidense vincula este posible cambio al marco negociado en Davos con la OTAN, aunque no se han hecho públicos detalles oficiales ni documentos que confirmen esa cesión de soberanía. Tampoco se ha pronunciado, por el momento, el Gobierno danés ni el ejecutivo autonómico de Groenlandia.
Desde el punto de vista jurídico, una soberanía de este tipo requeriría acuerdos bilaterales complejos y, previsiblemente, la aprobación de Dinamarca. Además, abriría un debate interno en Groenlandia, donde una parte significativa de la población defiende avanzar hacia una mayor autonomía —o incluso la independencia— y observa con recelo cualquier movimiento que refuerce el control externo sobre su territorio.