Un experto revela en el Carnegie la condición tácita de Rusia para el fin de la guerra en Ucrania
"Insistir en la dimisión de Zelenski no es sólo una venganza personal, sino una clara señal que el Kremlin quiere enviar a todos los dirigentes de todos los vecinos de Rusia: incluso si consiguen oponer cierta resistencia, al final pagarán el precio".
La reanudación de las negociaciones directas entre Rusia y Ucrania en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), auspiciadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reavivado las esperanzas de una resolución del conflicto. Con ambas partes agotadas tras cuatro años de guerra -se cumplen a final de mes-, el principal obstáculo para un alto el fuego parece ser una disputa territorial sobre una pequeña parte del Donbás, la zona de Slaviansk - Kramatorsk.
Pero aunque la cuestión territorial es, sin duda, importante para el Kremlin, la principal condición del presidente ruso, Vladímir Putin, aunque no se ha puesto sobre la mesa de forma tan explícita. No, no aparece en ninguno de los borradores del acuerdo lo que es esencial para el Kremlin, según desvela Vladislav Gorin, periodista, presentador del podcast "¿Qué pasó?" del medio independiente ruso Meduza.
En un análisis publicado por The Carnegie Endowment for International Peace, un tanque de pensamiento de referencia con sede en Washington (EEUU), señala la clave: "nada menos que un cambio de régimen en Kiev".
De qué se habla...
La composición de las delegaciones en Abu Dabi, así como la ausencia de filtraciones que pudieran socavar el diálogo, dan la impresión de que el trabajo para un acuerdo de paz "avanza realmente". Las delegaciones no están encabezadas por políticos ni propagandistas, sino por "representantes de los servicios de inteligencia militar". Del lado ucraniano se encuentra Kyrylo Budanov, exjefe de la Dirección General de Inteligencia, quien recientemente fue nombrado jefe de la administración presidencial. Del lado ruso se encuentra Igor Kostyukov, jefe de la Dirección General del Estado Mayor.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, calificó las negociaciones en los Emiratos como "constructivas, pero no fáciles". El Kremlin también afirmó que fueron "constructivas". Rusia parece seguir insistiendo en que Kiev se retire sin más combates de las zonas del Donbás que aún están bajo control ucraniano: concretamente, de las ciudades de Slaviansk y Kramatorsk. La respuesta de Ucrania es que solo está dispuesta a discutir el estatus del territorio que actualmente está bajo control ruso, y nada más.
Representantes de Ucrania, Rusia y Estados Unidos, incluido el presidente Zelenski, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, han declarado abiertamente que el principal punto de conflicto es la cuestión territorial.
"A pesar de los intentos de ucranianos y europeos de suavizar estas demandas en el texto de los documentos en discusión, Rusia sigue insistiendo en concesiones territoriales y ha estipulado repetidamente que, si se las niegan, tomará todo el Donbás por la fuerza", recuerda el especialista.
Putin ha dedicado gran parte de sus apariciones públicas a intentar convencer a Trump de "la inevitabilidad de esta posibilidad", y "Washington parece haber aceptado esta lógica". A juzgar por los documentos filtrados, Estados Unidos vincula las garantías de seguridad para Ucrania a las concesiones territoriales. Es algo repetido en los papeles desde que comenzó a negociarse, en febrero del año pasado.
"Hay otros indicios de que Rusia y Ucrania podrían firmar un acuerdo de paz en un futuro próximo. Sobre todo, es lo más lógico para ambas partes. Llevan cuatro años luchando, han agotado sus recursos y sus problemas internos se están agravando. Ninguna de las partes tiene motivos objetivos para esperar que continuar la lucha les garantice condiciones fundamentalmente mejores que las actuales", dice Gorin.
Al acercarse el cuarto aniversario del inicio de la guerra a gran escala, parece que Ucrania está dispuesta a ceder en su insistencia anterior en regresar a sus fronteras de 1991. Rusia, por su parte, está dispuesta no solo a ceder las partes de las regiones de Sumy y Járkov que ha capturado, sino también las partes de las regiones de Zaporiyia y Jersón que no están bajo su control, pero que alguna vez reclamó, incluidas las capitales regionales.
"Digan lo que digan los políticos en público, no hay garantía de que luchar durante varios meses o incluso años más resulte en victorias. La situación sigue siendo de guerra de trincheras, y las líneas del frente prácticamente no han cambiado", expone.
En los últimos años, ambas partes han tenido la oportunidad de evaluar a fondo sus respectivas capacidades, así como las suyas propias. También "han comprendido el precio que hay que pagar incluso por los éxitos más limitados, por no hablar de los reveses" y "ninguna de las partes puede esperar obtener asistencia externa significativa en el futuro próximo que les permita cambiar radicalmente la situación en el frente".
Por último, Estados Unidos y los europeos están dispuestos a ofrecer garantías de seguridad para un acuerdo, y Kiev ha declarado que está dispuesto a firmar un acuerdo sobre dichas garantías de seguridad con Washington en cualquier momento.
... y de qué no
Sin embargo, aunque todas las miradas estén centradas en la cuestión territorial, Moscú ha recordado que el territorio está lejos de ser el único tema polémico y que "toda propuesta debe examinarse en términos de su aceptabilidad para Rusia y su cumplimiento de las metas y objetivos de la operación militar especial", como el Kremlin se refiere a la guerra en Ucrania.
El texto de esta estipulación no se limita a la postura del Kremlin de que el despliegue de fuerzas occidentales en territorio ucraniano como parte de las garantías de seguridad es inaceptable. "Existe otra condición, fundamental para Putin, aunque no se mencione explícitamente: la destitución de Zelenski del poder en Ucrania", afirma a las claras el periodista.
Desde la invasión a gran escala, Putin ha calificado a los líderes ucranianos de "banda criminal" que "usurpó el poder en Ucrania" e incluso de "régimen neonazi". Mucho más importantes que estos clichés propagandísticos son las reiteradas referencias de Putin a Zelenski como un líder ilegítimo , lo que implica que el líder ucraniano no tiene autoridad para firmar ningún acuerdo internacional.
En cierto momento, la parte rusa incluso logró sembrar esta idea en la cabeza de Trump, hasta el punto de que el presidente estadounidense calificó a su homólogo ucraniano de "dictador sin elecciones" y sugirió que Kiev debería mostrar mayor disposición a ceder en las negociaciones con Moscú, entiende el especialista. "Esta misma lógica de la supuesta falta de legitimidad de Zelenski se encontraba detrás de una cláusula que otorgaba a Ucrania 100 días para celebrar elecciones, incluida en el plan de paz de Steve Witkoff", el mediador nombrado por la Casa Blanca para este conflicto.
Incluso ahora, cuando las negociaciones se han intensificado y parecen adquirir mayor relevancia, "el Kremlin sigue mostrando desdén por Zelenski". En respuesta a la reciente iniciativa de Ucrania de mantener conversaciones al más alto nivel -es decir, entre los presidentes de Rusia y Ucrania-, "Moscú presentó una contraoferta manifiestamente inaceptable y humillante para que Zelenski fuera a Moscú, "si realmente está dispuesto a reunirse". Kiev respondió de la misma manera e invitó a Putin a visitar Kiev".
A finales de 2021, el ultimátum de Rusia a Occidente expuso sus reivindicaciones sobre una esfera de influencia que abarcaba Europa del Este. Para el primer semestre de 2022, en las negociaciones ruso-ucranianas celebradas en Estambul, poco después del estallido de la guerra, esto cambió para hablar "sólolo" del control de la soberanía de Ucrania. Ahora, tras cuatro años de guerra, tras haberse sometido a pruebas exhaustivas a sí mismos y al enemigo, los líderes políticos rusos han vuelto a reducir notablemente sus reivindicaciones. "Pero es poco probable que las haya reducido a la cuestión de quién se queda con algunas partes del Donbás y que haya abandonado sus exigencias de control de la soberanía ucraniana", resalta el análisis del Carnegie.
"Para Putin, Ucrania y todo el espacio postsoviético siguen siendo esfera de influencia rusa, y afirmaciones similares de la administración estadounidense al hemisferio occidental no hacen más que reforzar esa creencia. El hecho de que la "operación militar especial" de Moscú, destinada a derrocar a un régimen vecino, haya fracasado y se haya convertido en una guerra prolongada y agotadora no lo ha convencido de lo contrario". Es el famoso "mundo ruso" del mandatario, del que tanto se ha teorizado.
"Insistir en la dimisión de Zelenski no es sólo una venganza personal, sino una clara señal que el Kremlin quiere enviar a todos los dirigentes de todos los vecinos de Rusia: incluso si consiguen oponer cierta resistencia, al final pagarán el precio (incluso a nivel personal)", añade el autor.
"Exigir un cambio en el liderazgo ucraniano es una cuestión del prestigio político externo e interno de Putin, así como una oportunidad para ejercer control sobre la soberanía de Ucrania, que era el objetivo original de la guerra. La expulsión de Zelenski y su gente del poder es una condición innegociable para el Kremlin, incluso si consigue Sloviansk y Kramatorsk", concluye.