Los científicos no dan crédito: el 20% de la materia orgánica del agua costera ya son residuos de fármacos, pesticidas y plásticos
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Los científicos no dan crédito: el 20% de la materia orgánica del agua costera ya son residuos de fármacos, pesticidas y plásticos

“Quedan muy pocos ecosistemas marinos en el mundo donde los humanos no hayan dejado una huella química”.

Una playa de California.Getty Images

Los océanos, tradicionalmente considerados uno de los últimos grandes refugios naturales del planeta, están cada vez más alterados por la actividad humana. Y aunque la contaminación visible como los plásticos o los vertidos han centrado el foco durante años, la ciencia advierte ahora de una amenaza mucho más silenciosa: la acumulación de compuestos químicos invisibles.

En concreto, un estudio internacional publicado en Nature Geoscience ha encendido todas las alarmas. Tras analizar más de 2.300 muestras de agua recogidas en distintos puntos del planeta, los investigadores han descubierto que los residuos de origen humano (procedentes de fármacos, pesticidas o plásticos) representan ya de media el 20% de la materia orgánica disuelta en zonas costeras, alcanzando incluso picos del 63% en los casos más extremos.

El trabajo, liderado por el bioquímico Daniel Petras, confirma lo que muchos científicos intuían: la contaminación química en el océano es “omnipresente”. “Este estudio nos muestra que quedan muy pocos ecosistemas marinos en el mundo donde los humanos aún no hayan dejado una huella química”, advierte.

Una contaminación invisible, pero masiva

A diferencia de otros estudios que suelen centrarse en un contaminante concreto, esta investigación ha utilizado una técnica avanzada de análisis molecular que permite detectar un amplio abanico de compuestos. El resultado: 248 sustancias de origen humano identificadas en aguas del Pacífico, el Atlántico Norte y el Índico.

Entre ellas aparecen pesticidas comunes como repelentes de insectos, aditivos de plásticos como los ftalatos, filtros UV de productos cosméticos, tensioactivos industriales y residuos de medicamentos como betabloqueantes, antidepresivos o incluso antiinfecciosos.

Para el oceanógrafo Richard Sempéré, que no participó en el estudio, la magnitud del hallazgo es clara: “El hecho de que estas moléculas representen el 2% de toda la materia orgánica del océano no es nada insignificante”. Pero el dato más preocupante está en la costa: “Un 20% es enorme”.

Por qué las costas son las más afectadas

El estudio revela que la contaminación es especialmente superior cerca de tierra firme, lo que tiene una explicación directa: el origen de estos compuestos está en la actividad humana.

Todas estas moléculas provienen de la tierra”, explica Sempéré. Desde ahí, llegan al mar a través de ríos, escorrentías o sistemas de saneamiento. El problema es que muchas estaciones depuradoras no están preparadas para eliminarlas completamente.

Petras lo ilustra con un ejemplo: “En algunos países, una gran parte del agua de los ríos en verano proviene de plantas de tratamiento de aguas residuales”. Y añade: “Estas plantas no pueden eliminar la mayoría de los compuestos orgánicos, por lo que acaban en el océano”.

Un problema que va a más

Lejos de mejorar, las previsiones apuntan a un empeoramiento significativo. Según los expertos, la producción de sustancias químicas podría aumentar entre un 500% y un 600% entre 2000 y 2050, muy por encima del crecimiento de la población mundial.

Esto implica que los ecosistemas, y también los seres humanos, estarán expuestos a un entorno cada vez más cargado de compuestos potencialmente tóxicos. “Sabemos que es peligroso”, advierte Sempéré. “Ya hay impactos que empiezan a observarse y cuantificarse”, añade el investigador.

Algunos de estos compuestos, como los ftalatos, están identificados como disruptores endocrinos, mientras que otros pueden ser cancerígenos o neurotóxicos.

Una carrera contrarreloj

A pesar de la evidencia científica, el proceso para regular o prohibir estos productos es lento. “Pueden pasar años entre que se detecta la toxicidad de un compuesto y se prohíbe”, explica Sempéré.

Durante ese tiempo, además, la industria suele desarrollar alternativas químicas que aún no están reguladas, lo que complica aún más el control. “Es una carrera contrarreloj”, lamenta el científico.

Estos estudios son fundamentales porque demuestran que los compuestos industriales acaban en el medio ambiente”, señala Sempéré. Algo con lo que también coincide Petras: “Será muy importante seguir investigando para entender no sólo cuánto estamos contaminando, sino qué efectos reales tendrá en el futuro”.

Además, Petras indica que no basta solo con medir. “Debemos reducir la producción y el uso de estas sustancias, así como mejorar los sistemas de depuración de aguas para evitar que lleguen al mar”.

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Aunque estudié la carrera en Madrid, y es donde resido actualmente, tengo la suerte de ser literalmente del paraíso: Mallorca. Aunque también he estado viviendo un tiempo en Barcelona y en Londres. (Sí, es un poco difícil seguirme el ritmo).

 

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