"Al principio tiraban la medicación": la lección de la 'rosa del desierto', el laboratorio argelino que ha salvado a miles de saharauis
Desde hace cinco décadas 173.000 saharauis habitan en los campamentos de Tinduf, al suroeste de Argelia.
Algunos llaman al Laboratorio de Producción de Medicamentos Mohamed Embarek Fakal·la "una rosa en el desierto". En las inmediaciones de los campamentos de Tinduf, al suroeste de Argelia, donde 173.000 refugiados saharauis conviven con las temperaturas abrasadoras del desierto, nació este laboratorio farmaceútico que desde hace tres décadas fabrica paracetamol, ibuprofeno, colirios, sueros, pomadas, geles para ecografías y antibióticos.
En estos años, Mohamed Embarek Fakal·la se ha convertido en una figura histórica de la sanidad saharaui. Según recaba Planeta Futuro, todo comenzó en 1992, cuando Carles Codina, un farmacéutico de Medicus Mundi Mediterrània, visitó un dispensario de los campamentos y vio a un técnico saharaui preparando un antiséptico. Fue en ese momento cuando surgió la idea de construir este laboratorio, que se inauguró en 1996 e inició la producción de medicamentos dos años después.
En declaraciones al mismo medio de comunicación, su director actual, Mohamed Lamin Abdi, asegura que "empezamos con pocas fórmulas, entre cinco y ocho. En el año 2000 llegamos a producir medio millón de cápsulas de varios medicamentos. Ahora mantenemos una lista de unos 15 o 20 fármacos".
"Todo lo que producimos cubre una parte de las necesidades de la población saharaui": en estimación, un 5% de los medicamentos necesarios en la región saharaui. El resto lo dispensa la farmacia central, financiada con fondos de la Unión Europea. Pero, desgraciadamente, nada es suficiente. "No llega cantidad suficiente para cubrir todo el consumo nacional”, lamenta.
Aunque no se cubre toda la demanda, el laboratorio funciona como una especie de reserva de emergencia, explica su director. "Hace 10 años, hubo un retraso en la entrada de medicamentos y tuvimos que trabajar el doble para, por lo menos, garantizar los analgésicos, jarabes y antisépticos", recuerda.
El entorno en el que se asienta el laboratorio explica sus limitaciones. "En el desierto hay solamente cuatro cosas: sol, arena, sequía y el viento, que hace que entre la arena por debajo de las puertas, por las ventanas”, reflexiona su director. "Es una lucha continua".
Mulai Mesaud Jarrachi, responsable de logística y subdirector del laboratorio, con nacionalidad española, relata en conversación con el diario que ha notado "un cambio total" en las últimas dos décadas. Recuerda que, al principio, cuando la gente iba a recoger la medicación, muchos la tiraban en cuanto les daban la espalda. "No creían que en el desierto se pudieran fabricar medicamentos", relata. "Pero ahora eso ha cambiado. La gente quiere nuestros fármacos locales porque son muy eficaces".
Los farmaceúticos, consultados por el periódico, han notado un descenso de la financiación en los últimos años. Aunque el laboratorio no ha sufrido los recortes que sí han afectado a otros proyectos financiados por organismos internacionales como Acnur, los fondos nunca son suficientes. El proyecto está ahora ejecutado por Medicus Mundi Mediterrània y a lo largo de su historia ha recibido fincanciación de otros organismos como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo y otros donantes.