Cinco accidentes ferroviarios en una semana y una incógnita en el aire: ¿es seguro viajar en tren?
En los últimos 5 días los siniestros de ferrocarriles han protagonizado la actualidad del país. Ante esta situación, el miedo y la inseguridad son incontrolables, pero pongamos los datos sobre el papel.
Los accidentes ferroviarios han acaparado la actualidad informativa a lo largo de esta última semana. No es para menos, en los últimos cinco días ha habido un total de cinco siniestros —Adamuz, Gelida, Maçanet, Cartagena y Olloniego—. Especialmente el de Córdoba, donde la cifra de víctimas mortales se sitúa en este momento en 45 fallecidos. Las reducciones de velocidad, propias del circuito ferroviario, también han incrementado los sentimientos irracionales propios del ser humano: el miedo y la inseguridad.
Como ya recordamos desde El HuffPost, la inversión y el mantenimiento de las infraestructuras son uno de los puntos clave tras la caída de la inversión desde 2008-2009. Además, el servicio se encuentra en un momento en el que nunca antes habían viajado tantos trenes por las vías nacionales debido a la liberación del mercado que se produjo en diciembre de 2020 por la que entraron a competir empresas como Ouigo o Iryo. Con ello, ahora toca otra pata de la mesa, igual de fundamental: la seguridad.
La seguridad, ¿en entredicho?
Después los siniestros de Gelida, en Barcelona; el choque de un camión grúa contra un tren, en Cartagena, el incidente de Rodalies y, sobre todo, el accidente de Adamuz que ha dejado un total de 45 fallecidos, la seguridad del sistema ferroviario español está en entredicho por una ciudadanía que tiene más incógnitas que certezas. Sin embargo, pongamos los datos encima de la mesa para ver si el miedo tiene fundamento.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), desde 2018 la media anual de accidentes ferroviarios graves o relevantes han descendido hasta un 11% en teniendo en cuenta que se ha elevado hasta en un 15% la cantidad de pasajeros que circulan por el sistema.
La comparativa con el resto de sistemas ferroviarios de la Unión Europea también es favorable para el circuito español. La media es sustancialmente menor al conjunto de la unión e incluso en parámetros por debajo de países pioneros en el sector como Francia o Alemania. En España, el método de transporte ferroviario es el tercero más seguro, tan sólo por detrás del avión y el autobús.
El estudio del departamento de Economía y Transporte de Northwestern University apunta a que, por ejemplo, la mortalidad de los automóviles alcanza las 7,28 muertes por cada mil millones de millas recorridas, mientras que el conjunto de transportes ferroviarios desde un punto de vista nacional tan sólo es de 0,43 muertes.
Las exigencias de los trabajadores
"La actual situación de deterioro del sistema ferroviario, desde todos los puntos de vista, está suponiendo no solo graves perjuicios para la ciudadanía, sino que ha llegado al punto de poner en riesgo la integridad física y la vida de las personas trabajadoras y de los usuarios", así comenzaba el texto del Sindicato Ferroviario en el que exponían las necesidades del sector y al que ha tenido acceso El HuffPost.
Tu navegador no tiene un plugin para PDF, puede descargarlo aquí Comunicado del Sindicato Ferroviario
En el mismo sentido, el SEMAF —el sindicato que convocó la huelga general del sector para el 9, 10 y 11 de febrero— también apuntaba a la seguridad como elemento fundamental y por el que se sustentaba la convocatoria sindical. "Vamos a convocar huelga general en todo el sector para dar legalidad y amparo a las movilizaciones de las personas trabajadoras y usuarios, con el fin de demandar que se garantice la seguridad y fiabilidad de la red", decían a través de un comunicado.
Para el pleno rendimiento del sistema ferroviario, ambas entidades ponen encima de la mesa diferentes exigencias indispensables. Por ejemplo, la garantía de que se paralice el servicio ante una alerta roja por parte de las autoridades, así como que todas las empresas ferroviarias requerirán del Reglamento de Circulación que se les garantice la seguridad en el trayecto a recorrer. Además, las reducciones de velocidad o las condiciones meteorológicas deberán de tenerse en cuenta para el trayecto y los ferrocarriles y actuar en consecuencia para asegurar la seguridad de trabajadores y usuarios.
Las exigencias de los sindicatos se pondrán encima de la mesa y se realizará una interlocución con el Ministerio de Transportes para que se desconvoque la huelga o que, en caso de que no se dirijan a buen puerto, esta siga su curso.
Inquietudes históricas
En líneas generales, hay preguntas que siempre han estado en la órbita de los pasajeros en relación a los sistemas de seguridad que tienen otros medios de transporte. El caso más evidente es por qué no utilizamos cinturón cuando en el avión o autobús son imprescindibles. La respuesta es más sencilla de lo que podría parecer: en realidad, en el tren, es más seguro viajar sin él.
La Junta de Normas Ferroviarias de Reino Unido y los diferentes estudios y pruebas que llevaron a cabo para comprobar su funcionalidad, apuntó a que los cinturones aumentarían las lesiones de los pasajeros en caso de que hubiera un accidente. En vez de eso, el modelo ferroviario apuesta comúnmente por utilizar sitios diseñados específicamente para que, en caso de colisión, los asientos que están incorporados en los vagones puedan amortiguar relativamente el choque que puedan sufrir los pasajeros.
Además de los bancos, la entera composición del tren está diseñado de forma diferente al de los vehículos de carretera o el avión. El ferrocarril trata de repartir, de la mejor forma posible el impacto. Esto se debe a que el tipo de accidente que sufre un convoy no es el mismo que el que puede tener un coche o un aeroplano.
La seguridad de los trenes, a fondo
La principal entidad ferroviaria del país, Adif, tiene lo que se conoce como un "diccionario ferroviario". En sus páginas se recogen todos los puntos indispensables para que la seguridad y los sistemas de emergencia se efectúen de la forma correcta.
Uno de los elementos fundamentales son los detectores de ejes calientes, dispositivos instalados a lo largo de la infraestructura que miden la temperatura de las ruedas en movimiento. Su función es crucial: un sobrecalentamiento puede provocar el agarrotamiento de los frenos, la rotura de ruedas o incluso un descarrilamiento. Cuando se detecta una anomalía, el sistema emite una alerta que permite actuar antes de que la situación se complique.
La seguridad también depende de los equipos de bloqueo: un conjunto de dispositivos y señales que regulan la circulación entre estaciones. Estos sistemas coordinan los movimientos de los trenes para evitar colisiones, asegurando que cada convoy tenga asignado su espacio y su tiempo de paso en la red ferroviaria.
A este entramado se suman las Especificaciones Técnicas de Homologación (ETH), que establecen los requisitos que deben cumplir los trenes para poder operar. Estas normas garantizan no sólo la seguridad y la fiabilidad, sino también la compatibilidad técnica, la salubridad, la protección del medioambiente y, cuando procede, la interoperabilidad con otras redes.
De forma complementaria, las Especificaciones Técnicas de Circulación (ETC) regulan las condiciones que deben cumplir la infraestructura, el material rodante y la operación diaria para un funcionamiento seguro del sistema.
El factor humano sigue siendo esencial, y por ello existen mecanismos específicos para supervisarlo. El llamado dispositivo de "hombre muerto" es un pedal que el maquinista debe mantener accionado para demostrar que está consciente y atento. Si deja de presionarlo, se activa una alarma y, si no hay respuesta en unos segundos, el tren frena de emergencia de manera automática.
Por último, el Sistema de Anuncio de Señales y Frenado Automático (ASFA) actúa como un apoyo constante a la conducción. Este sistema repite en cabina las señales que el tren va encontrando en la vía y, en caso de que detecte una situación de riesgo, puede accionar el freno de forma automática. Sus versiones más recientes amplían la información disponible para el maquinista y refuerzan la supervisión continua de la velocidad, especialmente ante señales restrictivas.
Seguro, pero mejorable
Cogiendo todos los datos y las evidencias de los últimos años, la conclusión resalta a que viajar en tren es seguro, pero como la mayoría de sectores, requiere de mejoras imprescindibles para que esa seguridad histórica siga vigente a lo largo del tiempo. Por ello, huelgas y reclamaciones de los trabajadores están en primera plana en los últimos días.