Luis Antuña, español atrapado en Dubái, tras los ataques de Irán: "Cené en un restaurante y dos días después me mandaron un vídeo en el que se veía un misil explotando justo ahí"
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Luis Antuña, español atrapado en Dubái, tras los ataques de Irán: "Cené en un restaurante y dos días después me mandaron un vídeo en el que se veía un misil explotando justo ahí"

El testimonio de este asturiano da fe de primera mano de lo que se está viviendo en la capital de Emiratos Árabes: caos, explosiones y preocupación por lo que esté por llegar.

Aeropuerto de Dubái tras el impacto de un misilEFE

Más de 200 asturianos se encuentran estos días en alguno de los países salpicados por la escalada del conflicto en Oriente Medio. Uno de ellos es Luis Antuña. Viajó hace apenas unos días a Dubái para visitar a su hija y, sin imaginarlo, terminó viviendo en primera persona el inicio de los bombardeos tras los ataques de Irán.

Desde la habitación de su hotel en Dubái (Emiratos Árabes Unidos), Antuña relataba en La Ventana de Asturias una escena que parece sacada de una película, pero que forma parte ya de su experiencia reciente: "He visto caer un misil y explotar a lo lejos". Lo cuenta con una serenidad que contrasta con la crudeza de la imagen.

Su viaje comenzó como una visita familiar más. Sin embargo, la tensión regional transformó en cuestión de horas la rutina turística de la ciudad. Dubái, uno de los grandes iconos de estabilidad y lujo del Golfo Pérsico, ha mantenido en apariencia su actividad habitual. Pero el sonido de los aviones y las explosiones lejanas recuerdan que la normalidad es frágil.

Una cena, un vídeo y un misil

El episodio que mejor resume la surrealista experiencia de Antuña ocurrió pocos días después de su llegada. "Cené en un restaurante y dos días después me mandaron un vídeo en el que se veía un misil explotando justo ahí", explica. El mismo lugar donde compartía mesa y conversación se convirtió, apenas 48 horas después, en escenario de una detonación.

No habla desde el pánico, sino desde el desconcierto. En su relato no hay histeria, sino incredulidad. Esa sensación de estar viviendo algo que parece ajeno, aunque esté sucediendo a pocos kilómetros.

En el hotel, la calma domina el ambiente. "Lo estamos viviendo desde la tranquilidad", asegura. El personal continúa con su trabajo y los huéspedes siguen con sus planes, aunque adaptados a las circunstancias. Si alguien quiere ir a la playa, por ejemplo, recibe un aviso: es peligroso, pero puede hacerlo bajo su responsabilidad. No hay prohibiciones tajantes, sino advertencias.

La ciudad tampoco presenta, según su testimonio, la imagen de una urbe en guerra. "Aquí no da la sensación de que haya un conflicto, salvo por los aviones", señala. El tráfico continúa, los comercios abren y los rascacielos siguen iluminando el horizonte. Pero el cielo, cruzado de forma constante por aeronaves, delata que la tensión está ahí.

A la espera de volver

Durante estos días, el movimiento aéreo ha sido incesante. "Ha habido un continuo movimiento de aviones y se han escuchado varias explosiones", explica. Esa actividad constante es, paradójicamente, lo que alimenta su esperanza de regreso.

Antuña estima que es cuestión de poco tiempo que reciban el visto bueno para desplazarse al aeropuerto y poder volver a España. En su caso, el destino final será Madrid. La prioridad ahora es esperar instrucciones y mantenerse informado.

Mientras tanto, el paso de las horas transcurre entre llamadas, mensajes y vídeos que circulan por el móvil. Como el del restaurante. Como el del misil que explotó donde él había estado apenas dos días antes. Un recordatorio de lo imprevisible que puede ser el contexto internacional y de cómo, en cuestión de horas, un viaje familiar puede quedar atrapado en el epicentro de una crisis geopolítica.

Luis Antuña no fue a Dubái para contar una guerra. Fue a ver a su hija. Pero hoy forma parte de ese grupo de españoles que observa el conflicto desde dentro, aunque lo haga —como repite— desde la serenidad. Una serenidad que, en medio del ruido de los aviones y las explosiones lejanas, es quizá la única certeza que le queda hasta poder subir a un avión de regreso a casa.

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