"Predisposición genética": un rasgo que casi nadie conoce está adquiriendo cada vez más importancia en el mercado laboral
Los expertos la definen como la capacidad de actuar con iniciativa, asumir responsabilidades y transformar el entorno sin esperar instrucciones.

La inteligencia artificial está cambiando el mercado laboral a un ritmo acelerado y, con ello, también el perfil de trabajador que buscan las empresas. Si durante años la experiencia o los conocimientos técnicos marcaron la diferencia, ahora cobran fuerza las llamadas soft skills o competencias personales.
Entre todas ellas, una destaca cada vez más en los departamentos de recursos humanos, aunque siga siendo prácticamente desconocida para el gran público: la agencia.
Lejos de tratarse de una predisposición genética o de un talento innato, la agencia hace referencia a la capacidad de una persona para tomar la iniciativa, fijarse objetivos y actuar sin esperar constantemente instrucciones.
Los expertos consideran que esta competencia será una de las más importantes en un entorno donde la inteligencia artificial automatiza tareas rutinarias y obliga a los trabajadores a adaptarse de forma continua.
Qué significa realmente la "agencia"
Aunque el término empieza a aparecer con frecuencia en el ámbito empresarial, su origen está en la psicología. Fue el psicólogo canadiense Albert Bandura quien lo utilizó para explicar la capacidad de las personas para influir conscientemente sobre su propia conducta y sobre el entorno que las rodea.
En el centro de esta teoría se encuentra la autoeficacia, es decir, la convicción de que las propias acciones pueden producir resultados.
Sin embargo, la psicóloga organizacional Stefanie Puckett explica que la agencia va mucho más allá de la confianza en uno mismo. En declaraciones recogidas por Frankfurter Rundschau, señala que no constituye un rasgo de personalidad aislado, sino la combinación de varios elementos, entre ellos autoeficacia, proactividad, iniciativa, autorregulación, orientación a objetivos y asunción de responsabilidades.
En otras palabras, no basta con creer que uno puede hacer algo; también hay que dar el paso y hacerlo.
La diferencia entre confiar en uno mismo y actuar
La psicóloga y experta en mercado laboral Svenja Hofert resume la diferencia de forma sencilla: la agencia consiste en transformar las intenciones en acciones reales. Mientras que la autoeficacia se centra en la confianza personal, la agencia incorpora además la capacidad de intervenir sobre el contexto y modificarlo.
Las personas con un alto nivel de agencia suelen compartir varias características: no esperan constantemente instrucciones, se fijan sus propios objetivos, actúan antes de que alguien se lo pida, asumen responsabilidades, afrontan la incertidumbre con mayor facilidad y buscan soluciones en lugar de esperar órdenes.
Según Hofert, esta actitud se parece a una mentalidad emprendedora, independientemente de que la persona trabaje por cuenta propia o ajena.
La inteligencia artificial acelera este cambio
La creciente importancia de la agencia coincide con la expansión de la inteligencia artificial en prácticamente todos los sectores. Hofert considera que este concepto está ganando protagonismo precisamente porque las condiciones laborales han cambiado. "Los términos siempre aparecen cuando las nuevas circunstancias exigen competencias para las que todavía no tenemos palabras", explica.
La IA puede automatizar tareas repetitivas o generar contenidos, pero sigue necesitando personas capaces de decidir qué hacer con esas herramientas, establecer prioridades, resolver problemas nuevos y adaptarse a escenarios cambiantes.
Por ello, las empresas buscan perfiles que no solo ejecuten instrucciones, sino que sean capaces de identificar oportunidades, proponer mejoras y tomar decisiones de manera autónoma.
Una competencia cada vez más valorada
El auge de la agencia refleja un cambio de enfoque en el mercado laboral. Frente a modelos de trabajo muy jerarquizados, las organizaciones necesitan profesionales capaces de desenvolverse en entornos más flexibles y de aprendizaje continuo.
Esto no significa que la experiencia o la formación hayan dejado de ser importantes, sino que cada vez pesan más habilidades relacionadas con la capacidad de adaptación, la iniciativa y la resolución de problemas.
En un escenario marcado por la inteligencia artificial, donde muchas tareas técnicas podrán automatizarse, los expertos consideran que precisamente esas competencias humanas serán las que marquen la diferencia entre unos candidatos y otros.
