De Estados Unidos 94 a Estados Unidos 2026: cómo ha cambiado el mundo, la sociedad y el fútbol en más de treinta años
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De Estados Unidos 94 a Estados Unidos 2026: cómo ha cambiado el mundo, la sociedad y el fútbol en más de treinta años

Del país donde el 'soccer' parecía un deporte extraño al epicentro del mayor Mundial de la historia. Del planeta sin internet al fútbol de TikTok, la IA y Messi en Miami. Así ha cambiado el mundo desde aquel verano de 1994.

Cartel de la Copa Mundial de la FIFA 2026Michael Yanow / NurPhoto vía Getty Images

En el verano de 1994 Estados Unidos organizó un Mundial que muchos miraban casi como una extravagancia. Una rareza, si se me permite la expresión.

Un país sin tradición futbolística real, sin gran liga profesional y sin cultura de grada comparable a Europa o Sudamérica. Un territorio dominado por la NFL, la NBA, el béisbol y el hockey sobre hielo que, de repente, iba a convertirse durante un mes en el centro del fútbol mundial.

Había muchísima desconfianza y muchos, en Europa, veían aquel torneo como una especie de experimento comercial organizado en un país que no entendía el fútbol.

Y, sin embargo, acabó ocurriendo algo inesperado: Estados Unidos 94 cambió el fútbol para siempre.

Ahora, más de tres décadas después, el Mundial vuelve a Norteamérica en un contexto totalmente diferente porque el planeta que recibe el torneo en 2026 ya no se parece casi en nada al de aquel verano.

Ni el fútbol, ni la sociedad, ni la política, ni internet. Ni siquiera la propia Estados Unidos podríamos decir. Unos nos hemos hecho mayores, otros han nacido, las generaciones han cambiado y algunos ya no están entre nosotros. 32 años dan para mucho.

El mundo de 1994 parecía muchísimo más simple

Cuando arrancó Estados Unidos 94 no existían las redes sociales.

  • Google ni siquiera había nacido.
  • YouTube tardaría más de diez años en aparecer.
  • Facebook todavía pertenecía a la ciencia ficción universitaria.
  • Y TikTok habría sonado directamente a nombre extraterrestre.

El Mundial, en definitiva, se veía por televisión. Y a horas intempestivas, una de las cosas que va a seguir igual 32 años más tarde.  Las alineaciones se leían en periódicos y los goles se comentaban al día siguiente en bares, oficinas y patios de colegio.

La globalización existía, pero no a la velocidad salvaje actual.

En aquel planeta, por ejemplo, Bill Clinton era presidente de EEUU, Nelson Mandela acababa de ganar las elecciones en Sudáfrica, la Unión Europea apenas empezaba a construirse, y la Guerra Fría todavía estaba muy reciente.

Incluso el propio fútbol era otro deporte. Era un fútbol más lento, más físico y mucho menos táctico. También, por supuesto, estaba menos industrializado económicamente.

Aquel Mundial parecía un parque temático americano

Estados Unidos 94 tuvo algo profundamente noventero: los estadios gigantescos de NFL, un calor bastante infernal, ceremonias exageradas... La mascota Striker, diseñada por Warner Bros, la música de "Gloryland" y los partidos a plena tarde bajo temperaturas imposibles. El paraíso del americano medio.

Todo parecía un gigantesco espectáculo estadounidense intentando adaptar el fútbol al lenguaje del entretenimiento americano. 'Show must go on', que diría aquel.

Y aun así funcionó, pese a aquella terrible final entre Brasil e Italia, resuelta en los penaltis tras un tedioso 0-0. El error de Roberto Baggio para la transalpina es una herida que arrastra toda una generación de tiffosi.

De hecho, aún con todo, fue un éxito brutal de asistencia. Muchísima gente olvida hoy que aquel Mundial sigue siendo uno de los más vistos y rentables de toda la historia.

El fútbol todavía no era una máquina global perfecta

En 1994 todavía había selecciones que hoy parecen irrepetibles:

  • La Rumanía de Hagi.
  • La Bulgaria de Stoichkov.
  • La Colombia de Valderrama y Andrés Escobar.
  • La Nigeria que sorprendía al mundo.
  • La Suecia de Brolin.

Todavía había cierto romanticismo futbolístico. Era otra época, eran otros tiempos. Los jugadores, por su parte, no eran marcas o empresas globales permanentes, sino que muchos seguían jugando casi toda su carrera en sus países. Y el fútbol europeo, por otro lado, aún no había absorbido completamente el mercado mundial.

La Champions moderna apenas comenzaba a desperazarse, la Premier distaba mucho de lo que es hoy actualmente y muchos de los países que hoy llenan un mundial de 48 equipos ni se les pasaba por la cabeza que un día tendrían ese gran privilegio. Algunos ni siquiera existían.

Maradona, Escobar y el lado oscuro del Mundial

Estados Unidos 94 también fue un torneo atravesado por tragedias y símbolos oscuros. Diego Armando Maradona fue expulsado del Mundial por dopaje en una de las imágenes más impactantes de la historia del torneo. Y pocos días después ocurrió algo todavía más terrible: el asesinato de Andrés Escobar tras su autogol contra Estados Unidos.

Aquello dejó una sensación que aún colea en nuestros días: el fútbol podía ser fiesta global… pero también presión insoportable, violencia y negocio salvaje. Treinta años después, esa tensión sigue existiendo, solo que amplificada por internet y, por ende, entendida de otra manera.

Hoy el fútbol vive permanentemente dentro del móvil

En 1994 los jugadores eran futbolistas, como ya hemos dicho. En 2026 son también creadores de contenido, marcas personales, streamers, celebridades globales y activos comerciales gigantescos.

Por eso, el Mundial ya no se juega solo en los estadios al no poder separarse de internet, lo que ha terminado por cambiar de forma definitiva la experiencia emocional de un deporte que no deja de evolucionar. Hasta se arbitra a través de un vídeo.

Quizá el cambio más grande de todos sea precisamente el del propio país anfitrión porque en aquel 1994 el fútbol apenas tenía cierta repercusión, era algo 'extranjero' más asociado a los inmigrantes o a las comunidades latinas allí presentes.

Pero eso ha cambiado de forma radical y la universalización de este deporte también ha conquistado a Estados Unidos gracias, en parte, al nacimiento de la MLS (Major League sSoccer), una competición que no deja de crecer y de importar estrellas y grandes jugadores.

La llegada de Messi al Inter Miami ha terminado de acelerar todavía más la transformación cultural del fútbol estadounidense. El planeta entero está pendiente del astro argentino y los estadios cada vez parecen más llenos.

Así pues, el Mundial 2026 será otra cosa completamente distinta, no solo por el nuevo formato, si no por la forma en la que la vivirá un país, que comparte sede con México y Canadá, que ha cambiado por completo su forma de ver y de entender el deporte más global que existe, el fútbol.

Será, aunque eso ya lo sabíamos, el Mundial más grande y largo de la historia con 48 selecciones -16 más que en las últimas ediciones-, 104 partidos y millones y millones de aficionados.

Pero Estados Unidos no deja de ser Estados Unidos. Por eso, mientras el planeta mira al balón, fuera de los estadios se vivirá ese otro Mundial: el económico, el político y el tecnológico.

Bank of America, por ejemplo, ya calcula que el torneo moverá más de 41.000 millones de dólares en la economía global y la FIFA, mientras tanto, prepara probablemente el Mundial más comercializado jamás visto.

También será un Mundial profundamente político

Y aquí aparece otra diferencia enorme respecto a 1994 porque este evento llega en un contexto muchísimo más polarizado.

Estados Unidos, ahora, ya no es aquel país optimista de la posguerra fría.  Donald Trump ha convertido el torneo en parte de su narrativa nacionalista y política. Cómo no podía ser de otra manera. Y eso hace que el Mundial de 2026 llegue rodeado de debates que en 1994 apenas existían. Sobre el tablero de juego rondan la inmigración, la seguridad, la geopolítica o incluso la tan manida inteligencia artificial.

El calor también cambiará el fútbol

Hasta el clima ha cambiado y se ha polarizado. Un informe reciente advierte de que buena parte de los partidos de 2026 podrían disputarse bajo temperaturas peligrosas para jugadores y aficionados, así que la FIFA prepara pausas obligatorias de hidratación y protocolos especiales.

En 1994 ya hubo muchísimo calor, pero hoy el problema climático forma parte central de la conversación global y el fútbol tampoco puede escapar de eso.

También económicamente el deporte es irreconocible respecto a 1994. Por aquel entonces los clubes ricos existían como existen hoy, pero las diferencias entre unos y otros no era la que es ahora.

El mercado de fichajes mueve cifras obscenas, las televisiones pagan cantidades inimaginables y los futbolistas viven convertidos en superestrellas globales desde adolescentes.

Por supuesto, con el tiempo, el fútbol ha ganado espectacularidad y alcance global, pero en la otra parte de la balanza está claro que se ha perdido parte de la inocencia. Sin embargo, 30 años después el Mundial sigue provocando exactamente la misma sensación extraña: la de parar el planeta durante un mes. 

Sigue existiendo algo profundamente poderoso en ver un país celebrando un gol o a millones de personas sin pestañear durante 90 hipnóticos minutos.

Entre 1994 y 2026 no solo ha cambiado el fútbol, ha cambiado prácticamente todo el planeta. Hemos cambiado nosotros, pero el Mundial sigue funcionando como una especie de espejo gigante donde el mundo se mira a sí mismo.

Antes era televisión y ahora son pantallas infinitas. Antes era el 'soccer' intentando abrirse camino en América y ahora es América intentando demostrar que puede convertirse en el centro definitivo del fútbol global.

Y en medio de todo eso quedan más de treinta años de transformaciones salvajes. Treinta años que, vistos de golpe, parecen casi otro planeta.

Y ahora, sí.... shhhhh. Silencio. Jueguen.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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