Crisis total en el caza europeo FCAS: el CEO de Airbus reacciona al bloqueo técnico de Francia y Alemania con un dardo directo a donde más duele
El programa FCAS, el gran caza europeo de sexta generación impulsado por Francia, Alemania y España, atraviesa su peor crisis.
La escena tuvo algo de simbólico. Dos Eurofighter sobrevolando la planta de Airbus en Manching mientras el gran proyecto que debía sustituirlos permanece prácticamente bloqueado.
El problema es que el Eurofighter ya pertenece a otra época. Su diseño original nació en los años ochenta y el primer vuelo se produjo hace más de tres décadas. Aunque Airbus presume ahora de las nuevas versiones modernizadas con radar AESA, mejoras digitales y guerra electrónica avanzada, Europa sigue sin tener un verdadero caza furtivo de quinta o sexta generación comparable al F-35 estadounidense o al futuro NGAD norteamericano.
Y ahí es donde apareció el mensaje de Faury. “No se trata de un solo avión. Actualmente existen tres aviones diferentes bajo el nombre F-35”, afirmó el CEO de Airbus en declaraciones publicadas en Welt. La comparación no era casual. EEUU desarrolló varias versiones del F-35 adaptadas a necesidades distintas: una para la Fuerza Aérea, otra para portaaviones y otra de despegue vertical.
Europa lleva años intentando construir su gran respuesta militar al F-35 estadounidense. Pero el proyecto que debía simbolizar la autonomía estratégica europea se está convirtiendo justo en lo contrario: un escaparate de divisiones industriales, rivalidades nacionales y choques militares imposibles de ocultar.
El programa FCAS (Future Combat Air System), liderado por Francia, Alemania y España, atraviesa una de sus mayores crisis desde su creación. Y ahora, por primera vez, el consejero delegado de Airbus, Guillaume Faury, ha dejado caer públicamente una posibilidad que hasta hace poco era casi tabú en el sector: que Europa termine desarrollando no uno, sino dos cazas diferentes bajo el paraguas del FCAS.
La lectura es que Airbus empieza a asumir que Francia y Alemania podrían necesitar aeronaves diferentes porque sus exigencias militares son incompatibles.
El verdadero choque no es industrial: es militar y estratégico
Durante años se presentó el FCAS como un gran símbolo político europeo. Pero la guerra de Ucrania cambió completamente las prioridades. Faury lo resumió con una frase demoledora: el FCAS fue concebido “en tiempos de paz”. Y ese escenario ya no existe.
Ahora las necesidades militares pesan más que las concesiones políticas. Y ahí es donde han explotado todas las tensiones ocultas entre Francia y Alemania.
París quiere un avión capaz de operar desde portaaviones. Eso obliga a diseñar un caza más compacto, extremadamente resistente y preparado para soportar aterrizajes violentos sobre cubierta.
Alemania, en cambio, prioriza otra cosa: un aparato más grande, con más autonomía, más combustible, más electrónica y mayores capacidades furtivas para operar en escenarios continentales. Y ambos conceptos chocan frontalmente.
El portaaviones francés se ha convertido en el gran problema del FCAS
La exigencia francesa de operar desde portaaviones condiciona todo el diseño del avión.
Un caza naval necesita trenes de aterrizaje reforzados, estructuras más resistentes y dimensiones adaptadas a ascensores y cubiertas. Todo eso aumenta el peso y reduce margen para combustible, sensores o armamento interno.
Ese problema ya se vio en EEUU con el F-35C naval, más pesado y complejo que la variante F-35A de la Fuerza Aérea.
Desde el punto de vista alemán, aceptar esas limitaciones supone renunciar a parte del rendimiento que buscan para un futuro caza furtivo europeo de largo alcance. Y ahí entra otro elemento delicadísimo: quién manda realmente en el programa.
La batalla entre Airbus y Dassault amenaza con romper el proyecto
Detrás de la discusión técnica hay una guerra industrial gigantesca. Dassault Aviation, fabricante del Rafale francés, exige mantener el liderazgo sobre el desarrollo del avión de combate. Según varias informaciones del sector, la compañía francesa aspira a controlar cerca del 80% del desarrollo del caza.
Airbus rechaza completamente ese reparto. La tensión lleva meses bloqueando decisiones clave y retrasando fases fundamentales del programa. Algunos plazos internos ya se han incumplido varias veces sin acuerdo definitivo.
El director de defensa de Airbus, Michael Schöllhorn, habló incluso de “problemas inesperados” con Dassault, aunque intentó mantener cierto optimismo asegurando que todavía cree posible la cooperación.
Pero el mensaje lanzado por Faury parece indicar algo distinto: Airbus ya trabaja mentalmente con escenarios alternativos.
Europa habla de autonomía militar mientras compra F-35 a Estados Unidos
La paradoja resulta cada vez más incómoda para Bruselas. Mientras el FCAS sigue atrapado en disputas franco-alemanas, varios países europeos están comprando F-35 estadounidenses a gran velocidad. Alemania incluida.
Berlín adquirirá estos aviones para cumplir con las misiones de reparto nuclear de la OTAN, reforzando todavía más la dependencia tecnológica respecto a Washington precisamente cuando Europa insiste en la necesidad de ganar autonomía estratégica.
Faury lanzó también un dardo directo sobre ese punto. Según el CEO de Airbus, alrededor del 60% del gasto europeo en defensa termina actualmente fuera de Europa. Para él, eso demuestra la fragmentación extrema de la industria armamentística europea y la incapacidad del continente para desarrollar programas comunes sólidos. “Es hora de un cambio”, afirmó.
El miedo en Europa ya no es quedarse atrás: es quedarse fuera
El problema para Europa es que el tiempo corre. EEUU avanza con el programa NGAD de sexta generación. China acelera el desarrollo de nuevos cazas furtivos y drones de combate. Y Rusia, pese a las dificultades de la guerra, sigue empujando proyectos como el Su-57 y futuros desarrollos asociados.
Mientras tanto, Europa continúa atrapada en discusiones sobre liderazgo industrial, porcentajes de trabajo y requisitos nacionales incompatibles.