Dos proyectiles impactan en infraestructuras gasísticas de Irán tras el aplazamiento de un ataque de EE.UU.
La tensión escala en Oriente Medio con ataques a instalaciones energéticas, acusaciones cruzadas entre Teherán e Israel y nuevos bombardeos en Siria.

La guerra en Oriente Medio sigue escalando, y lo hace con un nuevo episodio que vuelve a poner en el centro a la infraestructura energética. Dos proyectiles impactaron en la madrugada de este martes contra instalaciones gasísticas en Irán, apenas horas después de que Estados Unidos anunciara que aplazaba un posible ataque contra este tipo de objetivos.
Según la agencia iraní Fars, uno de los impactos se produjo en un gasoducto cercano a una planta energética en Jorramshahr, en el suroeste del país. El otro alcanzó edificios administrativos y un punto de reducción de presión en una estación de gas en Isfahán, en el centro de Irán. No se han registrado víctimas, pero sí daños materiales en varias estructuras.
Ataques tras la tregua de Washington
El momento en el que se producen estos ataques no es menor. Horas antes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había anunciado la decisión de posponer durante cinco días cualquier ofensiva contra infraestructuras energéticas iraníes, tras lo que calificó como "conversaciones productivas" con Teherán.
Sin embargo, Irán ha negado que esas conversaciones existan.
Este nuevo ataque llega además en un contexto especialmente delicado, después de que Israel bombardeara el pasado 18 de marzo instalaciones gasísticas del yacimiento de Pars Sur, el mayor del mundo compartido por Irán y Catar. Aquel movimiento desencadenó una cadena de represalias iraníes contra infraestructuras energéticas en la región del golfo Pérsico.
El resultado ha sido inmediato: volatilidad en los mercados energéticos y una subida del precio del petróleo, que solo se ha moderado parcialmente tras el anuncio de Washington.
Irán niega ataques contra bases de EE.UU. y Reino Unido
En paralelo, Irán ha rechazado otra de las acusaciones que circulan en los últimos días: un supuesto ataque con misiles contra una base militar conjunta de Estados Unidos y Reino Unido en Diego García, en el océano Índico.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, ha calificado estas informaciones como "desinformación de Israel", en un mensaje publicado en redes sociales. Según Teherán, ni siquiera la OTAN ha confirmado esas acusaciones.
De hecho, el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, evitó respaldar la versión israelí sobre el origen de los proyectiles utilizados.
Pese a ello, medios estadounidenses han informado de que dos misiles fueron lanzados hacia la base -sin llegar a impactar-, lo que ha aumentado la tensión diplomática. Reino Unido ha condenado los hechos, mientras que Irán advierte que permitir el uso de bases británicas equivale a participar directamente en el conflicto.
Siria entra en el tablero
La tensión no se limita a Irán y sus alrededores. Este lunes, una base del Ejército sirio en la provincia de Hasaka, en el noreste del país, fue atacada con al menos cinco misiles lanzados desde territorio iraquí.
El Ejército sirio ha confirmado el ataque y ha declarado el estado de máxima alerta, mientras coordina con las autoridades de Irak la búsqueda de los responsables. Todo apunta a milicias armadas próximas a Irán que operan en la zona y que ya han atacado en otras ocasiones objetivos vinculados a Estados Unidos.
Aunque Siria se había mantenido relativamente al margen del conflicto directo entre Israel, Estados Unidos e Irán, la situación empieza a cambiar. En los últimos días, Israel también ha bombardeado posiciones del Gobierno sirio en el sur del país, en medio de una creciente inestabilidad interna.
Un conflicto que se expande
Lo que comenzó como una escalada puntual se está convirtiendo en un conflicto cada vez más amplio y complejo. Países como Líbano, Irak o las monarquías del golfo ya están viendo sus infraestructuras afectadas directa o indirectamente.
El foco en la energía añade una dimensión especialmente delicada, no solo por su impacto estratégico, sino también por sus consecuencias económicas globales.
Y mientras las grandes potencias intercambian mensajes, ataques y desmentidos, la realidad sobre el terreno es cada vez más clara: la guerra ya no es local.
Se está expandiendo.
