"Efecto Bukele" en Colombia: quién es Abelardo de la Espriella, el polémico 'tigre' de ultraderecha que sacude las elecciones
El sorprendente vencedor de la primera vuelta propone militarizar las zonas críticas del país, flexibilizar radicalmente el uso de armamento para la defensa propia de los ciudadanos y no hablar con las guerrillas. Su modelo es el de la mano dura.
Con un estilo estridente, trajes a medida o chándal nacionalista y una retórica implacable de "mano dura", el abogado penalista de ultraderecha Abelardo de la Espriella ha irrumpido con fuerza en el escenario político colombiano. Conocido popularmente como El Tigre, este outsider ha logrado capitalizar el descontento social y el miedo a la inseguridad, consolidando un sorprendente avance, primero, en las encuestas y, anoche, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales: ha ganado con un 43,74 % de los votos, sacándole casi 700.000 papeletas a Iván Cepeda, el líder de la izquierda y favorito de los comicios, que se ha quedado en el 40,9%.
Ambos deberán enfrentarse ahora en una segunda vuelta, el 21 de junio, que se espera a cara de perro porque, para empezar, el actual presidente del país, Gustavo Petro, del partido de Cepeda, no reconoce los resultados, señalando al software utilizado para el recuento de votos, que desde hace varios meses ha cuestionado por estar gestionado por empresas privadas. Pide que se espere al segundo conteo, que se hace hoy, para dar por definitivos los datos.
Mientras se aclaran las papeletas, todos los focos se posan sobre Abelardo de la Espriella (Bogotá, 31 de julio de 1978), un desconocido sin experiencia que ya se ve de presidente, según su mensaje de la pasada noche. Su ascenso meteórico no sólo desafía al establishment tradicional del país, sino que abre el debate sobre la expansión del modelo autoritario y punitivo en la región, cuando se replican las victorias ultras en América Latina, de Nayib Bukele en El Salvador (un modelo que el colombiano adora y reproduce en su programa y hasta en su físico y manera de vestir), a José Antonio Kast en Chile, pasando por Javier Milei en Argentina, por ejemplo. "No se trata de etiquetas como izquierda o derecha, sino de lo que dicta el sentido común (...). Estamos recuperando la cordura", defiende, usando uno de los grandes mantras de los radicales, la supuesta sensatez frente al supuesto caos.
Habla constantemente de Dios y sus designios, comparece en la camiseta de la selección de fútbol colombiana o se va al extremo, vestido como para una boda. Ha azuzado siempre el miedo a un atentado, por lo que ha comparecido en campaña con chaleco antibalas y tras una mampara (aunque es cierto que la violencia política mata en Colombia). Y se lo ha trabajado, dicen los analistas: ha visitado las 32 provincias de Colombia, en una especie de puerta a puerta gigantesco. Eso ha gustado. Populismo, se llama.
Antes de presentarse como el salvador de la patria, De la Espriella era famoso en Colombia por ser el abogado de las causas más controvertidas y los clientes más opulentos. En los tribunales defendió a figuras sumamente polémicas, como el empresario venezolano Alex Saab. Detenido en Cabo Verde en 2020 y posteriormente encarcelado en Estados Unidos por cargos de soborno, formó parte de un intercambio de prisioneros para la liberación de estadounidenses detenidos en Venezuela en 2023. Según algunos informes, Saab se encuentra actualmente detenido en Caracas y va a ser extraditado a EEUU.
Otra sombra es la de David Murcia Guzmán, el cerebro de la mayor pirámide financiera conocida en el país a través de DMG Grupo Holding S.A. Fue arrestado en 2008, extraditado a EEUU, donde cumplió una condena por lavado de dinero, y posteriormente regresó a Colombia para cumplir otra pena. Su antiguo cliente lo ha acusado públicamente de presuntas irregularidades financieras y tráfico de influencias en el Congreso durante sus años de defensa legal, acusaciones que De la Espriella niega rotundamente.
A diferencia de los políticos tradicionales, el ahora candidato no oculta su inmensa riqueza, sino que la exhibe como una de sus mayores virtudes. Su lema de campaña, de hecho, ha ido por esa línea: "Colombia, país de propietarios". Viajes en jets privados, trajes diseñados exclusivamente en Italia, visitas a restaurantes de lujo y hasta marcas propias de vino y ron premium forman parte de su sello personal. Ser rico es de listos, viene a ser su mensaje.
Para sus seguidores, su éxito empresarial es la prueba de que sabe cómo administrar los recursos de una nación, pese a que no sepa nada de la gestión pública. Para sus críticos, es el reflejo de una opulencia frívola y peligrosa y aviso de un olvido de las causas sociales que han sido un pilar en la legislatura del izquierdista Gustavo Petro.
Admiración por Nayib Bukele
El pilar fundamental de la campaña de De la Espriella ha sido la seguridad, inspirada abiertamente en las políticas del presidente de El Salvador, Bukele, al que denuncian sistemáticamente en Naciones Unidas, Amnistía Internacional o Human Rights Watch por sus violaciones de derechos humanos. Un espejo turbio, mucho más allá de la perilla.
El vencedor de la pasada noche propone militarizar de forma permanente las zonas críticas del país, reestructurar por completo los acuerdos institucionales y flexibilizar radicalmente el uso de armamento para la defensa propia de los ciudadanos. Hablar con las guerrillas no entra en su programa electoral, pese a que el camino iniciado en 2016 llevase incluso al Nobel de la Paz y a que dialogar haya sido la vía más exitosa para la sociedad colombiana, con todas sus lagunas. Dice que eso no entra en su visión de "orden y progreso".
En una reciente y masiva transmisión digital junto al popular streamer Westcol, el candidato de la ultraderecha dejó clara su postura frente al control de armas civiles: "Quien demuestre la idoneidad física y psicológica podrá portar un arma en la era del tigre". Esta declaración encendió las alarmas de diversos sectores de derechos humanos, que advierten sobre los riesgos de una posible paramilitarización urbana.
Más aún: su plan de gobierno -bajo el movimiento "Defensores de la Patria"- incluye el cierre definitivo de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y un control férreo sobre los fondos del sistema de salud pública.
"Lo primero que tenemos que hacer para retomar el control de la seguridad es erradicar los cultivos de coca utilizando diferentes medios, incluyendo la fumigación. La cocaína es nuestro peor cáncer", dijo el candidato a Americas Quarterly en una entrevista, la semana pasada. De La Espriella desea que el país estreche sus lazos con Estados Unidos, siendo como es un admirador total de Donald Trump (y de Winston Churchill, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Silvio Berlusconi, Georgia Meloni y Álvaro Uribe, si le preguntan por alguien de casa).
A Washington se quiere arrimar tanto para combatir el narcotráfico como para promover la inversión. "Estoy totalmente de acuerdo con las medidas de interdicción de Trump porque, tanto para ellos como para nosotros, el narcotráfico es un asunto de seguridad nacional", añadió en este medio.
Como poco, peculiar
El candidato y favorito para la segunda vuelta es un tipo peculiar, como poco: posee triple nacionalidad (colombiana, estadounidense e italiana) y reside actualmente en Miami (EEUU) junto a su esposa y sus cuatro hijos. Siempre lleva a gala que Dios le regaló una familia numerosa. Aunque nació en Bogotá, se identifica públicamente como "costeño", un término utilizado para designar a los oriundos de la región Caribe de Colombia. También eso le ha ayudado en la campaña, donde la capital no es necesariamente termómetro del resto de la nación.
A pesar de contar con un esquema de seguridad permanente -implementado tras el asesinato el año pasado del senador y aspirante presidencial Miguel Uribe Turbay-, De La Espriella mantiene una interacción cercana con los ciudadanos en la vía pública. Su comunicación se caracteriza por el uso del humor, la franqueza y, en ocasiones, un lenguaje coloquial o soez.
Además, muestra un fuerte interés por la música y el baile, habiendo producido tres álbumes musicales. En su vestimenta suele incluir prendas y relojería de alta gama y hace varios años incursionó en el sector comercial con el lanzamiento de su propia marca de moda, denominada De La Espriella Style.
En el plano empresarial y profesional, De La Espriella define la vida bajo la analogía de un combate de boxeo. Como fundador de una firma de abogados de alta facturación, ha consolidado un patrimonio económico que incluye, entre otros bienes, un avión privado. Personas cercanas a su entorno lo describen en la prensa local como un abogado y adversario implacable, destacando su habilidad para el mercadeo, por encima de la discreción. Suena a Trump, en su medida. El propio candidato ha manifestado de manera recurrente que uno de los aspectos más satisfactorios de su vida es generar la envidia de sus opositores. Lo lleva con orgullo.
Analistas y estrategas políticos como Ángel Becassino señalan que el candidato es un "espectáculo viviente", moldeado perfectamente para la era de la distracción digital y la polarización extrema, explica la BBC.
Historias de su infancia, transmitidas en televisión abierta, donde admitía con ligereza haber cometido actos de crueldad contra animales, han alimentado las dudas sobre su templanza psicológica para asumir la jefatura de Estado.
Un país polarizado de cara al balotaje
Tras obtener un contundente 43.7% de los votos en la primera vuelta, el mapa electoral colombiano muestra una profunda división geográfica e ideológica. Mientras El Tigre domina con comodidad las regiones costeras y los sectores conservadores del centro del país, Bogotá se mantiene firme como el principal fortín de su rival de izquierda, Iván Cepeda.
Frente a los temores de la oposición de que De la Espriella intente perpetuarse en el poder o debilitar las instituciones mediante una asamblea constituyente, el candidato ha intentado moderar su discurso de cara a los indecisos, asegurando que su proyecto es independiente y limitado en el tiempo: "Las otras candidaturas tienen tutores, pero yo soy independiente. (...) Si por alguna razón pierdo contra Cepeda, seré el jefe de la oposición, nunca me iría del país". El propio presidente Petro no se ha podido presentar a la reelección porque, constitucionalmente, es imposible, un mandatario sólo puede estar un mandato.
Colombia se enfrenta ahora a una encrucijada. El próximo 21 de junio, los ciudadanos deberán elegir entre la continuidad de un modelo institucional progresista o la audaz e impredecible promesa de orden absoluto que encarna Abelardo de la Espriella. Los sondeos de cara a este segundo round son aplastantes hoy para el ultra: saca 20 puntos de media a su oponente. Toca esperar.