El mundo pendiente del ultimátum de Trump: cuidado porque Irán no va de farol
El presidente de EEUU ha amenazado con destruir las centrales eléctricas del país si no se abre el estrecho de Ormuz. Esta madrugada se cumple el plazo. Teherán dice que no hay paso atrás. El miedo al agravamiento y al estancamiento es planetario.
El viernes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que estaba considerando poner fin a su guerra con Irán, iniciada el 28 de febrero pasado, en compañía de su aliado, Israel. Sin embargo, apenas un día después, amenazó con destruir las centrales eléctricas del país, en una escalada que podría descontrolar aún más el conflicto. El ultimátum se cumplirá esta noche y el mundo está pendiente: ¿será una bravuconada o una amenaza real?
Teherán ya ha dicho que cerrará por completo el estrecho de Ormuz si Washington aprieta. Visto el fin de semana de ataques intensificados en Israel, incluso en Dimona, donde esconde supuestamente sus armas nucleares, parece que el régimen de los ayatolás no va de farol. La escalada testosterónica puede ser una realidad, entre potencias que llevaban décadas diciendo que no querían la guerra. Tel Aviv o, mejor, su primer ministro, Benjamin Netanyahu, ya es otra cosa.
La comunicación errática sobre una guerra, que cumplirá un mes el próximo sábado si nadie lo remedia, se está convirtiendo en una constante y ya nadie sabe a qué atenerse. Sobre todo, los bandazos vienen de EEUU. Anteriormente, Trump exigió a sus aliados que enviaran barcos para reabrir Ormuz , un punto estratégico vital para la exportación de petróleo. Ante su negativa masiva, carne de meme mundial, afirmó que no quería ayuda ni la necesitaba y tildó a los socios de la OTAN de "cobardes" por no unirse a una guerra a la que se oponen.
Y antes de exigir a Irán que reabriera el estrecho en 48 horas o se enfrentaría a un ataque contra sus centrales eléctricas, insistió en que, en algún momento, el estrecho se abriría por sí solo. No dijo cómo. Una vez más, parece que el republicano tenía un plan A, que era atacar, pero no un plan B, que consiste en resistir. Esto no está siendo Venezuela.
Este drástico cambio en la Administración Trump subraya la vital importancia del estrecho afectado y el impacto de un cierre que ha dejado varados a decenas de petroleros, ha creado una crisis en los precios de la energía y ha amenazado con empujar a la economía mundial a una recesión que podría perjudicar a millones de personas. La economía mundial enfrenta una "grave amenaza" por la crisis energética causada por la guerra en Oriente Medio y "ningún país será inmune" a sus efectos, avisa la Agencia Internacional de Energía (AIE).
Pero Trump ha llegado a un punto en el que la confusión retórica y las amenazas contradictorias no pueden ocultar las consecuencias de sus decisiones. Quizás esté a punto de comprobar si intensificar el conflicto puede ofrecerle una salida o si, por el contrario, agravará las consecuencias económicas y políticas que ya le cuesta controlar. En casa y en el exterior, entre su gente de MAGA, sus votantes, aquellos a los que prometió no meterse en más guerras, y los socios a los que pide, por ejemplo, que gasten más en defensa, mientras les causa un enorme daño en lo comercial y energético.
Se mezclan los argumentos: el fin del régimen, las armas nucleares que (no) estaban a punto de llegar, los misiles, las protestas por la libertad... poco se habla de todo eso ahora. Sólo Israel habla claro, decidido a tomar el poder regional sin concesiones.
A corto plazo, el presidente Trump se ha impuesto una nueva y enorme línea roja, sin que haya indicios de que Irán vaya a ceder antes de la fecha límite que él mismo ha fijado en su amenaza de atacar a los barcos que transitan por el estrecho, su principal baza en el conflicto. Si el neoyorquino ordena un ataque contra las plantas, como ha dicho a gritos en sus redes sociales, probablemente desencadenará las represalias iraníes más intensas hasta la fecha, que podrían desestabilizar gravemente los mercados petroleros mundiales.
Si no actúa y el estrecho permanece cerrado, permitirá que los líderes iraníes demuestren que pueden desafiar el poderío militar de EEUU e Israel, a pesar de estar en clara desventaja armamentística y de tener un líder desaparecido y uno muerto.
Atacar las centrales eléctricas podría aumentar la presión, por ejemplo, sobre la Guardia Revolucionaria de Irán, que controla gran parte de la infraestructura civil. Pero también supondría el riesgo de desencadenar una crisis humanitaria en un país que ya sufre graves carencias. Los hospitales, el agua y el saneamiento requieren un suministro eléctrico fiable. Sin eso, los cortes y la falta de potabilización, en un país con 90 millones de habitantes, serán insostenibles en breve tiempo.
La falta de apoyos
En un sentido más amplio, el nuevo dilema de Trump está alimentando la preocupación y las críticas de que carece de una estrategia o un plan de acción para una guerra que inició sin consultar al Congreso ni convencer al pueblo estadounidense de sus costos. “No tienen visión, ni plan, ni estrategia de salida. Claramente no previeron algunos de los acontecimientos que han ocurrido, incluido el cierre del estrecho de Ormuz”, declaró el líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, en la CNN, ayer.
Una nueva escalada agravaría casi con toda seguridad las repercusiones globales de un conflicto impopular a nivel nacional. Si bien la guerra puede considerarse una victoria estratégica para Trump y Netanyahu, dada la destrucción causada por semanas de ataques aéreos y con misiles, ambos aliados corren el riesgo de perder la dimensión política y económica del conflicto. "El presidente no se anda con rodeos", declaró también este domingo Mike Waltz, embajador norteamericano ante las Naciones Unidas, en Fox News. "A diferencia de sus predecesores, él se mantiene firme en sus líneas rojas y no va a permitir que este régimen genocida mantenga como rehenes los suministros energéticos ni las economías del mundo", insiste.
Mientras tanto, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró en la NBC que "a veces hay que intensificar la situación para luego reducirla". Su comentario evocó escalofriantes paralelismos con los conflictos modernos de EEUU, desde Vietnam hasta Irak, que comenzaron a pequeña escala pero degeneraron en guerras de desgaste vastas y perdidas.
La retórica expansionista del Gobierno norteamericano también ofreció una oportunidad política a los demócratas, en un día en que una encuesta de CBS News/YouGov mostró que casi seis de cada 10 estadounidenses creen que la guerra va mal. "Esta administración ha perdido completamente el contacto con la realidad", declaró a NBC el senador demócrata Chris Murphy, de Connecticut. "Esta guerra se está descontrolando. Los precios se disparan para millones de estadounidenses… No se vislumbra el final".
Sin embargo, los defensores de la estrategia trumpista insisten en que el ataque aéreo ha debilitado la amenaza militar de Irán y que los ataques de Israel contra sus líderes, incluido el asesinato del líder supremo Ali Jamenei, pronto comenzarán a tener consecuencias. "Cuanto más se prolonga esto, más se convierte en un símbolo de la fragilidad del gobierno y de su estrategia para sobrevivir a Trump, algo que no creo que vaya a suceder", declaró el viernes a la CNN el vicealmirante retirado de la Marina estadounidense, Robert Harward.
Hechos y planes
Algunos analistas norteamericanos creen que Trump podría intentar doblegar la resistencia iraní atacando el epicentro de la exportación de petróleo de Irán en la isla de Jark o desalojando las bases de misiles y drones a lo largo del estrecho de Ormuz. Sin embargo, tales operaciones podrían requerir el uso de tropas terrestres, un riesgo aún mayor que las amenazas de Trump de atacar las centrales eléctricas iraníes.
Hasta el momento, no hay indicios de que el régimen esté cediendo. Irán demostró este fin de semana que aún conserva su capacidad letal cuando un misil impactó contra un edificio en la ciudad israelí de Arad, hiriendo al menos a 84 personas.
También lanzó misiles balísticos de alcance intermedio contra la base conjunta estadounidense-británica de Diego García, en el océano Índico. Ninguno de los proyectiles alcanzó el objetivo, pero la trayectoria de vuelo de 3200 kilómetros sugiere que las bases y los buques que Estados Unidos creía fuera de su alcance podrían ser vulnerables.
Estas señales de capacidad continua hacen que la decisión de Trump de no amenazar con atacar centrales eléctricas sea aún más significativa. El ejército iraní advirtió el domingo que cerraría Ormuz indefinidamente y atacaría la infraestructura energética y de comunicaciones en Israel y en países que albergan bases estadounidenses. El aumento de las tensiones elevó el precio del crudo Brent, la referencia mundial del petróleo, un 1,69%, hasta los 114,09 dólares el barril. Esto agravará la situación de los consumidores estadounidenses, que ya se enfrentan a precios más altos de la gasolina.
"Sólo malas opciones"
Los próximos pasos de Trump serán cruciales. Podría cumplir su ultimátum, pero terminar extendiendo la guerra. Podría buscar un acuerdo con Irán, pero su régimen, ya de por sí radical, se ha radicalizado aún más a causa de la guerra.
“Nos acercamos a un punto decisivo. Y, lamentablemente, para Estados Unidos no tenemos buenas opciones, solo malas”, declaró Danny Citrinowicz, exjefe de la rama iraní de la inteligencia militar israelí, igualmente en la CNN.
Trump se enfrenta a una disyuntiva cada vez más difícil. Quizás necesite intensificar la guerra para preservar su credibilidad y encontrar una salida. Pero hacerlo agravaría un conflicto cada vez más complejo que él afirma haber ganado ya.