Fuentes de la Casa Blanca reconocen que la guerra contra Irán se les escapa: "Tiene que acabar rápido o esto es una pesadilla. La coalición MAGA se está desgarrando por las costuras"
"No pongo un cronograma, pongo un recuento de víctimas".
La administración de Donald Trump empieza a reconocer en privado que la guerra contra Irán puede escapársele de las manos. Apenas cuatro días después del inicio de las operaciones militares, dentro de la Casa Blanca crece la preocupación por la falta de un relato claro para justificar el conflicto y por el riesgo de que se prolongue más de lo previsto.
Altos cargos del Gobierno admiten que el mensaje oficial se ha limitado, por ahora, a explicar lo que la guerra no es: no es Irak, no es una guerra eterna y no es un conflicto elegido. Pero ese discurso se ha visto debilitado por las propias declaraciones del presidente, que ha dado versiones contradictorias sobre la duración y el objetivo de la campaña.
Mientras la administración intenta justificar los ataques señalando el programa nuclear iraní, sus misiles balísticos o la amenaza a Israel, aliados cercanos al presidente advierten de que el tiempo para convencer a la base política de Trump se está agotando.
Crece la tensión dentro del movimiento MAGA
La ofensiva militar ha abierto grietas dentro del propio movimiento Make America Great Again, que durante años se ha construido sobre el rechazo al intervencionismo exterior y las guerras prolongadas.
Hay voces influyentes del ecosistema conservador como Tucker Carlson, Megyn Kelly o Matt Walsh que han criticado la operación y reprochan a la Casa Blanca no haber explicado con claridad por qué era necesaria.
Un estratega republicano cercano a la primera administración Trump reconoce que el apoyo no está garantizado si el conflicto se alarga. "Una parte importante de la base lo apoyará haga lo que haga, pero hay voces cada vez más fuertes que plantean preguntas legítimas", explicó. "Si esto se prolonga o sale mal, esas dudas crecerán", añadió.
La preocupación es doble: política y económica. Muchos republicanos temen que una guerra larga eleve el precio de la gasolina y debilite el mensaje económico del presidente de cara a las elecciones.
Bajas militares y presión política
Desde el inicio de los ataques, al menos seis militares estadounidenses han muerto en la región. Ese recuento preocupa especialmente dentro del círculo de Trump, donde algunos creen que el número de víctimas podría convertirse en la principal narrativa mediática del conflicto.
"No pongo un cronograma, pongo un recuento de víctimas", admitió un exfuncionario de la administración al describir cómo la opinión pública podría juzgar la guerra. En paralelo, Irán continúa respondiendo con ataques de misiles y drones contra instalaciones vinculadas a EEUU en Oriente Medio, lo que ha obligado a Washington a cerrar embajadas, evacuar ciudadanos y reforzar la protección de petroleros.
La Casa Blanca intenta limitar el alcance de la guerra
Funcionarios del Pentágono han tratado de tranquilizar a los legisladores. El jefe de política del Departamento de Defensa, Elbridge Colby, insistió ante el Senado en que el objetivo es limitado y no implica una ocupación o reconstrucción del país. "Esto no es construcción nacional y no será interminable", aseguró.
Sin embargo, el propio Trump ha contribuido a aumentar la incertidumbre. En declaraciones recientes, sugirió que la guerra podría terminar en cuestión de días, pero también dejó abierta la posibilidad de que durase cuatro o cinco semanas, e incluso señaló en redes sociales que "las guerras se pueden pelear para siempre".
Una explicación que no convence a todos
La administración también ha defendido que la operación militar llegó tras el fracaso de negociaciones diplomáticas con Teherán. Según funcionarios de la Casa Blanca, enviados como Steve Witkoff y Jared Kushner concluyeron que Irán no negociaba "de buena fe" y solo buscaba ganar tiempo para preservar su programa nuclear.
No obstante, el organismo de control nuclear de la ONU sostiene que Irán no tiene actualmente un programa estructurado para fabricar un arma nuclear, algo que la administración estadounidense ha minimizado.
Para algunos antiguos responsables del propio gobierno Trump, el problema es que el presidente aún no ha explicado la guerra al país con claridad. Elliott Abrams, que fue el representante especial para Irán durante el primer mandato de Trump, se mostró sorprendido de que el presidente no haya pronunciado un discurso formal ante la nación. "Necesitará el apoyo del público si esto continúa más allá de la próxima semana", advirtió.
El miedo dentro de la Casa Blanca
En privado, algunos cercanos al presidente lo expresan con más crudeza. Si la guerra no termina pronto, dicen, el coste político podría ser enorme. "Esto tiene que terminar rápido o será una pesadilla", aseguró una persona cercana a la Casa Blanca. "De hecho, ya lo es, porque la coalición MAGA se está desgarrando por las costuras".
La gran incógnita ahora no es solo cuánto durará la guerra, sino si la administración Trump podrá mantener unido al movimiento político que la llevó al poder mientras el conflicto sigue escalando. La cuestión no es cumplir la promesa de una duración de no más de cuatro o cinco semanas, sino qué coste humano conlleva.