La amenaza de la que nadie habla en Irán
"El mundo debe abordar con urgencia el riesgo de que las armas biológicas queden sin control", avisan los expertos. Una fuga accidental, por daños a la infraestructura, en los protocolos o por abandono, es una posibilidad a tener en cuenta.
Isótopos, uranio, enriquecimiento, centrifugadoras, ojivas... Los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, iniciados el 28 de febrero pasado, buscaban -dice la versión oficial- impedir que el régimen de los ayatolás lograse una bomba nuclear. Sostienen Washington y Tel Aviv que estaba a días de lograrlo, pero las inteligencias occidentales lo descartan. Aún así, llevamos más de un mes hablando del proceso para lograr una cabeza nuclear.
Y, sin embargo, los expertos avisan de que hay otro armamento, este sí conocido y verificado, que debería preocupar al mundo: hablamos de las armas biológicas. Es menos visible, pero potencialmente más peligrosa. No se habla de las investigaciones de la República Islámica en este flanco ni de cómo las está protegiendo, si han sido atacadas o dañadas, si hay riesgo de fuga. Es la amenaza de la que nadie habla, como la ha bautizado el Royal United Services Institute (Instituto Real de Servicios Unidos, RUSI, por sus siglas en inglés).
Durante décadas, las agencias de inteligencia occidentales han evaluado que Irán ha buscado desarrollar capacidades ofensivas de armas biológicas. A pesar de haber sido uno de los primeros signatarios de la Convención sobre Armas Biológicas, que ratificó seis años antes de la Revolución Islámica de 1979, se cree que el programa se aceleró drásticamente a finales de la década de 1980, después de que Teherán sufriera devastadores ataques químicos durante la guerra Irán-Irak.
"La lección que extrajo el liderazgo iraní entonces fue clara: el país jamás volvería a aceptar una asimetría en capacidades no convencionales. Lo que siguió, según sucesivas evaluaciones públicas de inteligencia que se remontan a décadas atrás, fue un esfuerzo sostenido para desarrollar agentes biológicos bajo la cobertura de investigación civil legítima", expone la autora del análisis, Cassidy Nelson, directora de políticas de bioseguridad en el Centre for Long-Term Resilience (Centro para la Resiliencia a Largo Plazo), con sede en Londres.
La verdadera capacidad de Teherán
A principios de la década de los 1990, Irán trasladó su investigación sobre armas biológicas de instalaciones militares a instituciones civiles, entre las que destacan los Institutos Razi y Pasteur. El régimen reclutó a antiguos científicos del programa Biopreparat de la Unión Soviética (URSS), que había sido el mayor plan secreto de armas biológicas del mundo, con la meta de mejorar su arsenal.
Si saltamos a principios de la década de 2000, las evaluaciones de la inteligencia estadounidense indicaron ya que el trabajo se había extendido a agentes farmacéuticos como los derivados del fentanilo, "adecuados para operaciones selectivas y control de multitudes", recuerda Nelson.
En marzo de 2025, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de EEUU endureció notablemente su postura, al considerar que Irán tenía "muy probabilidades" de continuar con la investigación y el desarrollo de agentes químicos y biológicos con fines ofensivos. Tras los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025, en la llamada Guerra de los 12 Días, ya aumentó la preocupación de que esas capacidades pudieran utilizarse en represalia.
El Stimson Center, otro tanque de pensamiento con sede en Washington, comparte plenamente el aviso a navegantes. Recuerda que, por ejemplo, el propio EEUU planeó de forma muy cuidadosa la transición para este tipo de armamento cuando la URSS se hundió, justo lo que ahora no ha hecho. Si ha planeado el fin de los ayatolás, "no está tan claro que se haya considerado la posibilidad de proteger (...) otros materiales y conocimientos nucleares, químicos y biológicos peligrosos sobre los que sucesivas administraciones estadounidenses han expresado su preocupación o que han declarado que la República Islámica alberga", escriben Richard Cupitt, Christina McAllister y Barbara Slavin.
En 2018, la primera Administración Trump ya certificó que Irán, del que se informó que había transferido armas químicas a Libia, no cumplía con la convención, debido a que no declaró esas transferencias, así como la totalidad de sus existencias de agentes antidisturbios. Tampoco presentó una declaración completa de las instalaciones de producción de armas químicas. "Además, EEUU tiene serias preocupaciones de que Irán esté desarrollando agentes farmacéuticos con fines ofensivos", afirmaba el informe.
Los informes anuales posteriores han ratificado esta conclusión, junto con las persistentes preocupaciones sobre la naturaleza de la investigación iraní relacionada con las armas biológicas. En diciembre pasado, por ejemplo, surgieron informes que indicaban que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) "estaba trabajando para integrar cargas útiles biológicas y químicas en misiles balísticos de largo alcance como 'elemento disuasorio complementario' a su programa de misiles convencionales", ya de por si una de las joyas de la corona de su arsenal, con capacidad para golpear incluso en suelo europeo.
Las consecuencias
"Este es precisamente el tipo de escenario que los expertos en bioseguridad temen desde hace tiempo", alerta el análisis. Entiende que el uso deliberado de armas biológicas por parte de Irán sigue siendo "improbable", pero el riesgo "ha aumentado significativamente desde que comenzaron los ataques estadounidenses e israelíes". La espiral de violencia, que todo lo enciende.
"La evidencia de una ojiva con carga biológica lanzada contra objetivos extranjeros provocaría una represalia catastrófica y socavaría la simpatía internacional que Teherán necesita desesperadamente, aunque no se puede descartar el despliegue interno para sofocar un levantamiento o realizar una operación de falsa bandera cuando la toma de decisiones pasa del cálculo estratégico a la desesperación", augura la especialista.
Sin embargo, aparcado prácticamente lo intencional, queda el riesgo, lo imprevisto, esa chispa adecuada que siempre amenaza con empeorar las cosas e incrementar la fiebre de guerra. "Son los riesgos no deliberados los más probables en las próximas semanas y meses", afirma. Y es que cuando los regímenes se ven amenazados existencialmente, las cadenas de mando se fracturan, para empezar. Muerto el líder supremo, Ali Jamenei, le llegó el relevo de su hijo, Mojtaba, a quien aún no se ha visto y de quien se especula con que está gravemente herido. El poder en el país hoy está debilitado y repartido entre varias figuras, si eso es así.
"El personal que trabaja en programas de armas biológicas se enfrenta a poderosos incentivos para desertar, huir o abandonar sus puestos, especialmente cuando temen ser procesados bajo el derecho internacional. Los agentes biológicos requieren protección y un mantenimiento cuidadoso. Sin ambos, la contención puede fracasar", sostiene el RUSI.
Las instalaciones que supuestamente albergan el programa iraní están dispersas en instituciones militares, académicas y de investigación, que según han confirmado tanto EEUU como Israel están dentro de sus listas de dianas. "Es probable que muchas sean instalaciones de doble uso con funciones civiles y militares mixtas, donde la línea entre la investigación legítima y la producción de armas se ha difuminado deliberadamente durante décadas".
Eso supone que "una fuga accidental de cualquiera de estas instalaciones, ya sea por daños a la infraestructura, fallos en los protocolos o simple abandono, es una posibilidad real" en el contexto actual. "Lo mismo ocurre con el robo", añade, abriendo una posibilidad que suena a película de espías pero es real. Hay facciones paramilitares, grupos disidentes o actores oportunistas que podrían intentar apoderarse de agentes biológicos "como moneda de cambio, seguro o armas". "Que la fuga por robo sea accidental o deliberada es irrelevante: los patógenos transmisibles no distinguen entre ambas situaciones y las consecuencias epidémicas son las mismas en ambos casos", avisa.
También existe la posibilidad de una transferencia de este tipo de armamento y sustancias. Si el régimen se siente bajo una "amenaza existencial" -que es lo que más le preocupa, la supervivencia del sistema religioso implantado tras la marcha del sha- existe un riesgo "creíble" de que la Guardia Revolucionaria o sus aliados "intenten trasladar reservas de patógenos, agentes estabilizados, equipos críticos o incluso científicos del programa fuera del país, a milicias aliadas, para preservar su capacidad, evitar ser detectados y procesados, o facilitar futuras operaciones. La transferencia durante una crisis multiplica el riesgo de pérdida de control".
¿Parte de la ofensiva terrestre?
El lanzamiento de la Operación Furia Épica evoca la precipitación a la guerra de Irak en 2003, basada en falsas acusaciones de programas de armas de destrucción masiva. Ahora se habla de armas nucleares, pero tampoco se dan pruebas. Se sabe, y eso lo ha dicho el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que Irán tiene un arsenal de uranio enriquecido al 60%, la base para hacer un arma. Son datos de junio de 2025. Podríamos estar hablando de 450 kilos, que la prensa de EEUU especula con que podrían recuperarse o destruirse con una operación terrestre controlada. Teherán siempre ha dicho que su uso es civil, no militar.
Hoy por hoy, no hay pruebas de que Irán haya intentado recuperar los contenedores de uranio altamente enriquecido, que quedaron sepultados bajo los escombros tras los ataques estadounidenses e israelíes en junio pasado. Si es por falta de medios o de voluntad, es otro debate.
"Para lograr un verdadero cambio de régimen y asegurar el vulnerable material relacionado con las armas de destrucción masiva en Irán, EEUU podría tener que desplegar tropas sobre el terreno", exponen en el Stimson. "Verificar el cumplimiento del desmantelamiento de sus programas de enriquecimiento nuclear, misiles y drones, e investigar posibles programas de armas biológicas y químicas y, de confirmarse, desmantelarlos, requerirá sin duda un gran número de investigadores e inspectores, como mínimo", avanza su dossier.
El Programa Cooperativo para la Reducción de Amenazas y sus socios en la Alianza Mundial del G7 contra la Proliferación de Armas y Materiales de Destrucción Masiva cuentan con décadas de experiencia en la seguridad y eliminación de programas de armas nucleares, químicas y biológicas, sistemas de lanzamiento y material de doble uso en todo el mundo, pero sería necesario "iniciar esfuerzos de planificación colaborativa" en este caso.
Una batalla que necesita más recursos
Así que la comunidad internacional mantiene, con razón, una vigilancia constante sobre las posibles capacidades de Irán en todo el espectro de armas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares, pero las armas biológicas representan un peligro singular y a menudo subestimado. A diferencia de un dispositivo nuclear -identificable, atribuible y con efectos limitados geográficamente- o de un ataque químico, por devastador que sea, "un patógeno transmisible no permanece confinado", reconoce Nelson. Y eso abre las puertas a la incertidumbre.
La liberación de un agente biológico en la región de Oriente Medio, ya sea por uso deliberado, robo o accidente, podría desencadenar "una epidemia que traspase fronteras en cuestión de días y que sea mucho más difícil de atribuir, detectar o contener". No es cuestión de ser alarmistas, sino cuidadosos y, sobre todo, conscientes, de que el desafío es "urgente".
No obstante, proteger la infraestructura de armas biológicas de un Estado bajo ataque puede ser más complejo que proteger su programa nuclear. Las instalaciones nucleares son grandes, identificables y emiten firmas de radiación detectables y la infraestructura de enriquecimiento no puede ocultarse en un laboratorio civil. Los agentes biológicos, en cambio, "son pequeños, fáciles de ocultar y, en muchos casos, pueden producirse con equipos relativamente sencillos con fines totalmente legítimos. Son peligrosos si no se reconocen y manipulan correctamente".
Y, aún más crucial, "no existe un equivalente biológico del OIEA ni de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas: no hay una inspección permanente, ni un régimen de verificación, ni capacidad institucional para proteger las instalaciones en una crisis". La Convención sobre Armas Biológicas opera con una unidad de apoyo de tan sólo cuatro personas y un presupuesto anual de 2,1 millones de dólares, "menos de una vigésima parte de lo que el OIEA gasta solo en inspeccionar las instalaciones nucleares de Irán". La estructura internacional para prevenir la proliferación de armas biológicas "no estaba preparada para un momento como este", reconoce la autora.
Aún así, no es catastrofista, sino propositiva. Explica que existen precedentes a los que recurrir. Tras el colapso de la URSS, el programa de Reducción Cooperativa de Amenazas, establecido en 1991, se movilizó para "asegurar un enorme y disperso arsenal de armas nucleares, químicas y biológicas en 15 estados recién independizados". Este esfuerzo logró prevenir "una proliferación catastrófica". Sin embargo, se benefició de un momento histórico único, con un Gobierno ruso como el de Boris Yeltsin, "relativamente cooperativo", y la ausencia de operaciones militares activas. Irán, en cambio, "presenta un entorno mucho más volátil, y la naturaleza de doble uso de su programa implica que no existe un inventario sencillo que pueda ser contabilizado". Pero eso no quiere decir que no haya que intentarlo.
¿Pero cómo? En primer lugar, los organismos de inteligencia y las organizaciones internacionales deben "priorizar la vigilancia epidemiológica en tiempo real dentro y alrededor de Irán", toda vez que los patrones anómalos de enfermedades pueden ser el primer indicio de una liberación accidental o deliberada.
En segundo lugar, "cualquier futuro marco de alto el fuego debe incluir explícitamente disposiciones para la identificación y la seguridad de las instalaciones relacionadas con armas biológicas, basándose en las listas existentes de instituciones implicadas". Una cosa más para hablar en los hipotéticos contactos que se quieren tener en Pakistán, dicen que la semana que viene.
En tercer lugar, recomienda Nelson, la comunidad internacional "debería prepararse desde ahora para una reducción cooperativa de amenazas, inspirada en el programa Nunn-Lugar, que garantizó la seguridad de las armas de la era soviética tras 1991". Esto requerirá una coalición multilateral, en horas bajas precisamente, entre otras cosas, por el desprecio de Donald Trump a esa cooperación planetaria. Habría que ayudar, entiende la experta, "al régimen sucesor a desmantelar el programa iraní de forma segura". "Es necesario identificar y poner en alerta de inmediato a personal experto, incluyendo a aquellos con experiencia en el desmantelamiento de antiguos programas de armamento", concluye.