Las reservas de gas en la UE están al 29% cuando deberían estar al 50%: Europa compra ahora a precio doble por la guerra en Irán y el corte al gas ruso
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Las reservas de gas en la UE están al 29% cuando deberían estar al 50%: Europa compra ahora a precio doble por la guerra en Irán y el corte al gas ruso

Países como Noruega y Estados Unidos se han consolidado como los principales suministradores, cubriendo más de la mitad de las importaciones europeas.

Reservas de gas en Europadpa/picture alliance via Getty I

Europa encara la primavera con una preocupación creciente en el frente energético. Las reservas de gas de la Unión Europea están en torno al 29%, muy lejos del 50% que se consideraba deseable para estas fechas. El desfase llega en un momento especialmente delicado, marcado por el encarecimiento del gas y la reducción del suministro procedente tanto de Rusia como del Golfo Pérsico.

Aunque este periodo del año suele ser el de menor nivel de reservas —tras el consumo intensivo del invierno—, la situación actual es peor de lo habitual. Hace un año, los almacenamientos estaban en torno al 34%, y dos años atrás alcanzaban incluso el 59%. La diferencia refleja hasta qué punto el mercado energético se ha tensionado en los últimos meses.

Bruselas pide acelerar el llenado

Ante este escenario, la Comisión Europea ha instado a los Estados miembros y a las empresas energéticas a comenzar cuanto antes el proceso de rellenado de los almacenes. Tradicionalmente, esta fase arranca en primavera, pero este año se había retrasado con la esperanza de que los precios bajaran.

Ese cálculo no ha salido como se esperaba. La guerra en torno a Irán y las restricciones al gas ruso han provocado un repunte de los precios que obliga ahora a actuar sin más demora, aunque ello implique asumir costes mucho más elevados.

Aun así, las autoridades insisten en que no hay riesgo inmediato de desabastecimiento. El problema no es tanto la falta de gas como el precio al que hay que comprarlo.

El gas se dispara

El encarecimiento ha sido notable. En apenas un mes, el precio del gas de referencia en Europa ha pasado de unos 30 euros por megavatio hora a cerca de 57 euros, con picos recientes por encima de los 60. Es decir, prácticamente se ha duplicado.

Este aumento responde a dos factores principales. Por un lado, el impacto del conflicto en Oriente Medio, que ha afectado a los flujos de gas natural licuado. Por otro, la progresiva desconexión de Europa respecto al suministro ruso.

En conjunto, la Unión Europea ha perdido acceso a aproximadamente una sexta parte del gas que importaba el año pasado: alrededor de un 13% procedente de Rusia y otro 4% desde Qatar. Esta reducción obliga a buscar alternativas en un mercado más competitivo y caro.

Dependencia de nuevos proveedores

Pese a esta pérdida de suministro, Europa ha logrado evitar una crisis de abastecimiento gracias a la diversificación de proveedores. Países como Noruega y Estados Unidos se han consolidado como los principales suministradores, cubriendo más de la mitad de las importaciones europeas.

Sin embargo, esta dependencia también tiene un coste. El gas alternativo suele ser más caro, especialmente cuando se trata de gas natural licuado transportado por barco. Además, la mayor demanda global —especialmente en Asia— añade presión sobre los precios.

A esto se suma el factor geopolítico. Estados Unidos, convertido en uno de los principales exportadores, ha comenzado a utilizar su posición como herramienta de negociación en otros ámbitos, como los acuerdos comerciales con la Unión Europea.

Más caro, pero no escaso

El mensaje de los expertos es claro: no hay una crisis de suministro inminente, pero sí una crisis de precios. Europa dispone de gas suficiente, pero a un coste mucho mayor.

Esto tendrá efectos directos tanto en la factura energética como en la competitividad de la industria. Además, obliga a los gobiernos a tomar decisiones incómodas: llenar los almacenes ahora, pagando precios altos, o arriesgarse a llegar al próximo invierno con reservas insuficientes.

En definitiva, la UE se enfrenta a un equilibrio complicado. Con menos acceso a fuentes tradicionales y un mercado internacional tensionado, el gas sigue llegando, pero cada vez cuesta más. Y esa factura, inevitablemente, terminará repercutiendo en toda la economía.

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