Los errores se dispararían un 163%: el recorte de Trump a la vigilancia de los océanos amenaza el seguimiento del clima en todo el mundo
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Los errores se dispararían un 163%: el recorte de Trump a la vigilancia de los océanos amenaza el seguimiento del clima en todo el mundo

La retirada de boyas, sensores y observatorios pone en riesgo uno de los sistemas científicos más importantes para anticipar huracanes, olas de calor marinas y el avance del cambio climático.

El presidente Donald Trump en la Casa Blanca en el Memorial Day, en Washington DC (EEUU).Aaron Schwartz

Durante años, esta red invisible con sensores y robots submarinos ha permitido a los científicos comprender mejor cómo evoluciona el clima del planeta y prever fenómenos extremos que afectan a millones de personas, registrando la temperatura, salinidad y el flujo de las corrientes oceánicas. Ahora, gran parte de esa infraestructura está amenazada.

La decisión de la Administración de Donald Trump de recortar programas clave de observación oceánica en EEUU ha encendido todas las alarmas en la comunidad científica internacional. 

Los expertos advierten de que la pérdida de datos podría tener consecuencias globales, desde una peor predicción de huracanes hasta errores mucho mayores en el seguimiento del calentamiento de los océanos.

Según un estudio reciente publicado en la revista científica Nature Climate Change, si desaparecieran únicamente las observaciones financiadas por EEUU, los errores en las estimaciones del contenido de calor oceánico aumentarían un 163%.

Una red de 386 millones de dólares que iba a durar décadas

El detonante de la preocupación es el desmantelamiento progresivo de la Iniciativa de Observatorios Oceánicos (OOI, por sus siglas en inglés), uno de los sistemas de vigilancia marina más avanzados del mundo.

El programa fue lanzado en 2016 tras una inversión federal de 386 millones de dólares (unos 334 millones de euros) y cuenta con más de 900 instrumentos desplegados en distintos puntos estratégicos, desde la costa oeste estadounidense hasta el mar de Irminger, entre Groenlandia e Islandia.

Su objetivo era funcionar durante varias décadas más. Sin embargo, la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) anunció a finales de mayo una fuerte reducción de la infraestructura y el inicio de un proceso de desmantelamiento que se prolongará durante unos quince meses.

La decisión llega en un contexto de recortes presupuestarios que afectan a numerosos programas científicos y medioambientales desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025.

Un océano que los satélites no pueden ver

La preocupación de los investigadores tiene una explicación sencilla: los océanos almacenan más del 90% del exceso de calor generado por el calentamiento global y, sin embargo, gran parte de lo que ocurre bajo la superficie es invisible para los satélites.

Por eso las boyas, sensores y vehículos submarinos son esenciales.

"Esta es una pérdida colosal de información extremadamente valiosa", ha advertido Sabrina Speich, oceanógrafa y presidenta del comité de expertos en océanos del Sistema Mundial de Observación del Clima de Naciones Unidas, en declaraciones al diario Le Monde.

Los datos recopilados permiten medir cómo el océano absorbe dióxido de carbono, intercambia calor con la atmósfera, modifica las corrientes marinas y afecta a fenómenos climáticos como El Niño.

También son fundamentales para estudiar olas de calor marinas, ecosistemas oceánicos, inundaciones costeras y actividad sísmica submarina.

El Atlántico Norte, bajo vigilancia

Uno de los puntos más sensibles de toda la red se encuentra en el mar de Irminger, entre Groenlandia e Islandia.

Los instrumentos instalados allí ayudan a monitorizar la llamada Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC), el gigantesco sistema de corrientes oceánicas que contribuye a mantener temperaturas relativamente suaves en Europa occidental.

Numerosos estudios han advertido de que el calentamiento global podría debilitar progresivamente esta circulación durante las próximas décadas, con potenciales efectos sobre el clima europeo.

Precisamente por eso los científicos consideran especialmente preocupante perder una serie continua de observaciones iniciada hace más de diez años.

El programa Argo, la columna vertebral del sistema

Más allá de los observatorios estadounidenses, la amenaza se extiende al conjunto del sistema mundial de vigilancia oceánica. Su principal herramienta es el programa Argo, una red internacional formada por entre 3.500 y 4.000 boyas autónomas distribuidas por todos los océanos del planeta.

Estas plataformas pueden descender hasta 6.000 metros de profundidad y registrar parámetros fundamentales como temperatura, salinidad, presión, oxígeno disuelto y variables relacionadas con el ciclo del carbono.

EEUU aporta actualmente alrededor del 55% de la financiación del sistema global y genera más de la mitad de los datos oceánicos recopilados en el mundo. Por ello, cualquier reducción significativa de su participación tiene efectos inmediatos sobre la capacidad global de observación.

Las consecuencias van mucho más allá del clima

Los datos oceánicos no solo sirven para estudiar el calentamiento global. Meteorólogos de todo el mundo los utilizan para mejorar las previsiones de huracanes y tormentas extremas.

Las autoridades marítimas dependen de ellos para garantizar la seguridad de la navegación. Las flotas pesqueras los emplean para gestionar recursos cada vez más afectados por el aumento de la temperatura y la pérdida de oxígeno en el agua.

David Ho, oceanógrafo de la Universidad de Hawái, advierte de que los efectos podrían sentirse durante décadas.

Según explica, nuevos recortes comprometerían la capacidad de modelar con precisión el sistema climático, prever fenómenos meteorológicos extremos y validar las observaciones obtenidas desde satélite.

Para muchos investigadores, el problema trasciende a EEUU. Lo que está en juego es la capacidad del planeta para entender qué está ocurriendo en los océanos justo cuando el cambio climático acelera transformaciones sin precedentes.

Y en un mundo cada vez más condicionado por huracanes, inundaciones, sequías y olas de calor, disponer de menos información sobre el estado real de los mares puede acabar siendo mucho más costoso que mantener las boyas que hoy vigilan silenciosamente el planeta.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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