"Me suena bien": así convenció Netanyahu a Trump para meter a EEUU en la guerra contra Irán
Global
Global

"Me suena bien": así convenció Netanyahu  a Trump para meter a EEUU en la guerra contra Irán

La sala de situación, 'powerpoints' con planes del Mossad para derrocar a los ayatolás y muchas dudas entre los altos cargos estadounidenses, excepto en uno. El propio presidente. 'The New York Times' reconstruye cómo fue la sucesión de hechos que acabó arrastrando a Washington a un conflicto que no salió como prometía Tel Aviv.

Imagen de archivo del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente estadounidense, Donald Trump; en su club de campo en Mar-a-Lago (Palm Beach, Florida).REUTERS / Jonathan Ernst / File Photo

La operación Furia Épica por la que EEUU entró en la guerra contra Irán junto a Israel está rompiendo las costuras de los pilares que apuntalaron la victoria electoral de Donald Trump —la mayor de la historia de ese país—, desde haber roto su promesa de no iniciar conflictos armados a centrarse en la mejora de la economía doméstica que lleva un mes viendo el precio del petróleo por encima de los 100 dólares. 

Numerosas voces dentro del movimiento MAGA ('Make America Great Again') señalan ahora al mandatario estadounidense acusándole de haber traicionado sus principios y de plegarse a los intereses de Israel, antes que hacer honor a la consigna del "America first!" (América, primero). En medio de esa serie de críticas ha irrumpido una investigación periodística que retrata cómo Netanyahu logró seducir a Trump para que aprobase una campaña militar conjunta que, tras el frágil alto al fuego suscrito ayer, cada día suscita más dudas de qué ha ganado EEUU en ella.

The New York Times, uno de los diarios más prestigiosos de EEUU y del mundo ha publicado en exclusiva una reconstrucción de la sucesión de movimientos por parte del Gobierno israelí para convencer a la Administración Trump de que era necesario atacar ya a Irán. En realidad, a solo una parte de esa administración, la que lleva su nombre, pues el resto de altos cargos del presidente le aconsejaron que no se dejase encandilar por los israelíes.  

El 'powerpoint' de un plan 'infalible' que solo convenció a Trump y falló

El reportaje que ha publicado el rotativo neoyorquino se trata de un trabajo de investigación periodística de dos de sus corresponsales, Jonathan Swan y Maggie Haberman, que formará parte de su próximo libro Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump ('Cambio de régimen: dentro de la presidencia imperial de Donald Trump'). En este artículo se entremezclan distintas y vastas entrevistas con funcionarios estadounidenses, siempre bajo condición de anonimato, permitiendo adentrarse dentro de las discusiones internas del propio Ejecutivo estadounidense.

El relato periodístico arranca el pasado 11 de febrero, cuando se produjo una visita de Netanyahu a la Casa Blanca que no tuvo la misma cobertura y pompa que otras. El primer ministro israelí fue conducido hasta la sala de crisis —the situation room— a pesar de que no es una estancia que suelen visitar mandatarios extranjeros. Aquel fue el escenario para la presentación de un powerpoint que lo cambiaría todo. Pero el escenario no estaba dispuesto como siempre. Ni Trump presidía la mesa de la habitación donde se toman algunas de las decisiones más relevantes de la historia de EEUU —y, por ende, a veces del planeta—, ni lo que se proyectaba venía de la Inteligencia estadounidense.

Sentado ante las pantallas junto a su homólogo israelí y con el vicepresidente JD Vance ausente por una visita a Azerbaiyán, Trump visionó una presentación de una suerte de plan en cuatro fases en el que el objetivo era derrocar a la República Islámica y colocar a un líder laico al cargo de un gobierno de transición. Incluso le pusieron un montaje en vídeo con posibles candidatos entre los que se incluía Reza Pahlavi, el hijo del último sha de Irán, que vive exiliado en EEUU.

El plan que le presentaron a Trump era tan perfecto como conocido ahora después de más de un mes de guerra, un tiempo en el que se ha ido reproduciendo en forma de declaraciones del propio Trump y su secretario de Guerra, el mismo Pete Hegseth que lo criticó y le hizo desmarcarse después de escucharlo. Según las autoridades israelíes, podían destruir el programa de misiles balísticos iraní en solo unas semanas —Irán continuó lanzando misiles hasta antes de ayer—. También golpearían tan fuerte a objetivos militares iraníes que estos no podrían bloquear el estrecho de Ormuz —el alto al fuego tiene como objeto central la reapertura de ese paso marítimo—.

La siguiente pata del plan pasaba por otro de los grandes desastres para EEUU en este conflicto, el del deterioro de las relaciones con sus aliados del golfo Pérsico como Catar, Omán, Kuwait, Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos. Según Israel, la probabilidad de que los iraníes pudieran atacar intereses estadounidenses en la región o, directamente, de estos aliados era "mínima". Es precisamente en esos territorios donde más daño han causado las respuestas bélicas de Irán. 

La cuarta fase del plan era, en teoría, la clave que haría caer a los ayatolás. Las informaciones del Mossad apuntaban a que los ataques desencadenarían de nuevo protestas callejeras que recibirían apoyo de la propia agencia de espionaje para realizar acciones de sabotaje, insurgencia y rebelión con el que crear un clima de caos en el que la oposición se alzase. A mayores, también se intentaría crear un foco de conflicto en el noroeste, armando a los kurdos iraníes para que atacasen desde territorio iraquí. 

Lo que ocurrió es de sobra conocido. Con el líder supremo Alí Jameneí muerto se aupó a su hijo, otro Jameneí con el mismo discurso, pero de momento en paradero desconocido para Washington y Tel Aviv. A cada magnicidio, Irán ha respondido nombrando un nuevo alto cargo y su estrategia de defensa en mosaico les ha permitido mantener los contraataques sin necesidad de un alto mando central. Los kurdos iraníes todavía aguardan su momento en la frontera.

Netanyahu pronunció un monótono discurso, pero con una seguridad y un convencimiento que bastaron para cortejar a la única persona en la habitación a la que realmente tenía que convencer. La misma que desoyó todas las advertencias y consejos de sus ministros, generales y responsables de Inteligencia para que no siguiera a Tel Aviv a esa guerra. "Me suena bien", contestó Trump a un Netanyahu que volvió a Israel casi seguro de que ya tenía el 'sí' a lo que ocurrió una semanas después cuando las bombas comenzaron a arrasar Teherán.

Las advertencias que Trump desoyó: "El procedimiento habitual de los israelíes. Prometen más de lo que pueden cumplir"

Aquel 11 de febrero no se eludió la pregunta más obvia. La de si no habría riesgos en lanzar una operación de esta magnitud que no llegase a cumplir el objetivo principal y derivase en una guerra de desgaste que hiciese escalar la tensión en la región por un tiempo indefinido. Netanyahu admitió que claro que sí, pero insistió en el argumentario de que más peligroso sería no hacerlo señalando la rapidez con la que Teherán fabricaba misiles y drones. Esa fue la clave de esa reunión. Nadie salió de la sala de crisis de la Casa Blanca sin tener claro lo siguiente: que Irán puede aumentar ese armamento a un ritmo mucho mayor —y mucho más asequible— que el de EEUU para fabricar unos interceptores que cada unidad le cuesta millones.

Con todo, la Inteligencia estadounidense se pasó la noche analizando y evaluando el plan israelí para dar una valoración a Trump al día siguiente y confirmarle si realmente era posible materializar el derrocamiento de la República Islámica en un par de semanas. Para hacerse una idea, al director de la CIA, John Ratcliffe, solo necesitó una palabra para mostrar su opinión: "Ridículos". Y, una de las dos personas con más papeletas para suceder a Trump en el próximo ticket electoral, el secretario de Estado, Marco Rubio, entró en la conversación tratando de ampliar esa valoración: "En otras palabras, es una tontería".

La otra persona con más papeletas aún de suceder a Trump como candidato republicano, un JD Vance que ya había regresado de Azerbaiyán, no se desvió de esa línea y expuso que no creía factible que fueran capaces de propiciar un cambio de régimen en Irán. Con tres de los hombres más importantes de la política estadounidense dudando del plan que le había gustado, Trump buscó la aprobación del general Dan Caine: "General, ¿qué opina usted?". 

El general fue sincero con el presidente: "Señor, en mi experiencia, este es el procedimiento habitual de los israelíes. Prometen más de lo que pueden cumplir y sus planes no siempre están bien elaborados. Saben que nos necesitan, y por eso insisten tanto en convencernos". La postura de Caine fue la de aconsejar constantemente que no se entrase en la guerra que proponía Israel, repitiendo que su papel no era la de decirle a Trump qué tenía que hacer, sino exponer posibles opciones con los riesgos que conllevarían. Su principal temor pasaba por la incertidumbre de si el arsenal estadounidense de misiles e interceptores sería suficiente para un conflicto que se alargase.

Hay otro dato de interés que permite entender aún más la situación que se vivía en la Casa Blanca. El comentarista político Tucker Carlson —ligado a la ultraderecha internacional y con una gran capacidad de influencia en las bases MAGA— había estado el año pasado en el Despacho Oval advirtiendo al presidente de que no moviese ficha en Irán, puesto que una guerra en Oriente Medio podría acabar destruyendo su presidencia. Trump llamó a Carlson para tratar de tranquilizarlo respecto a los mensajes sobre un eventual ataque a Irán que se estaban reproduciendo. "Sé que te preocupa, pero todo va a salir bien", le dijo Trump al otro lado de la línea. Él le inquirió que cómo podía saberlo, a lo que el 47º inquilino de la Casa Blanca se limitó a responder: "Porque siempre es así".

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactor de El HuffPost de actualidad y última hora en Hard News. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en La Voz de Galicia y Radio Voz durante un lustro antes de llegar a El HuffPost en 2021.

Más de Global

Comentar:
comentar / ver comentarios