Nicolás Maduro, el hijo político de Hugo Chávez que nunca pudo ser Hugo Chávez
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Nicolás Maduro, el hijo político de Hugo Chávez que nunca pudo ser Hugo Chávez

Militante de izquierdas desde muy joven, Maduro siempre consideró a Hugo Chávez como un sucesor revolucionario de Simón Bolívar. Antes de morir, Chávez le nombró como sucesor. A partir de entonces, tuvo que luchar por mantener vivo el espíritu del chavismo mientras hacía frente a una crisis económica sin precedentes.

Nicolás Maduro, en un acto en recuerdo al fallido golpe de Estado de 1992.Pedro Rances Mattey/Anadolu via Getty Images

Un mes después de las elecciones para la Asamblea Constituyente, el órgano que creó Nicolás Maduro para dejar sin utilidad a la Asamblea Nacional, el presidente venezolano recibió en su despacho presidencial al periodista estadounidense Jon Lee Anderson. En "el escritorio de madera pulida" que había al otro lado de la habitación, estaba la silla desde la que Hugo Chávez había dado su "último discurso a la patria", el 8 de diciembre de 2012. Según recuerda Jon Lee, Maduro la había dejado "exactamente como estaba, para preservar el momento histórico". Quizás ahí radiquen al mismo tiempo la mayor de las bendiciones y la mayor de las maldiciones para Nicolás Maduro. Cómo sostener el chavismo sin Hugo Chávez. No son tanto las sillas, sino quién se aposenta sobre ellas.

Nacido en un barrio obrero de la capital venezolana, Caracas, en 1962, Nicolás Maduro comenzó pronto a militar en movimientos de izquierdas. Hijo de un sindicalista, se afilió al sindicato de estudiantes y, cuando abandonó los estudios, se unió a la Liga Socialista. Con 23 años, la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba le invitó a la escuela Julio Antonio Mella, en La Habana, para estudiar un programa de formación política. A su regreso a Venezuela, se convirtió en conductor de autobús y llegó a ser líder del sindicato de conductores. Fue en ese momento cuando comenzó a aumentar su simpatía y veneración ideológica por Hugo Chávez, entonces un militar líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, que este último fundó en 1982 con ese nombre en homenaje a los 200 años del nacimiento de Simón Bolívar.

La relación entre Maduro y Chávez comenzó poco después del intento de golpe de Estado del segundo en 1992. Cuando Chávez fue encarcelado, Nicolás Maduro dedicó todos sus esfuerzos a lograr su liberación. Además de visitarlo en prisión, a partir de cuando se convirtió en uno de sus más leales asesores, Maduro conoció entonces a la que ahora es su mujer, Cilia Flores, entonces abogada de Chávez. Para Maduro, Chávez fue siempre "el líder más grande del país" desde Bolívar. En más de una ocasión, el presidente venezolano se refirió a Chávez como su "padre".

La llegada al poder con Chávez

Con Chávez como mentor, ya indultado y fuera de prisión, Maduro ayudó al histórico líder socialista en la organización y fundación del Movimiento V República, o MVR, el partido político con el que el primero llegaría a la Presidencia de Venezuela en 1998. Desde ese momento, y siempre bajo la estela y protección de Chávez, la carrera política de Maduro fue in crescendo, primero en el MVR y después bajo el paraguas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV); desde diputado en la Asamblea Nacional venezolana, que llegó a presidir, hasta vicepresidente del Gobierno tras pasar por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Hasta que murió Hugo Chávez.

La muerte de Chávez fue para Maduro, y para el chavismo en general, un varapalo de difícil digestión. Con Hugo Chávez se fue también parte del potencial del movimiento que había fundado y con el que había presidido Venezuela sin interrupción desde 1998, con apenas un paréntesis de tres días tras un golpe de estado militar respaldado por Estados Unidos. Durante su último discurso y cuatro meses antes de morir, Chávez anunció a Maduro como sustituto desde esa silla que nadie se atrevió a mover.

Con una réplica de la Constitución, y algo cabizbajo, Chávez dijo: "Óigaseme bien, para continuar al frente de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, bien sea para terminar los pocos días que quedan y, sobre todo, para asumir el nuevo periodo para el cual fui electo por la gran mayoría de ustedes, si algo ocurriera que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro no solo en esa situación debe concluir como manda la Constitución el periodo, sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente. Yo se lo pido desde mi corazón". A su izquierda, Maduro atendía con el rostro desolado.

Maduro, presidente

Esas elecciones presidenciales se produjeron pocos meses después del fallecimiento de Chávez, en 2013. Y ya entonces se supo que algo más se había ido con Chávez. Si este había vencido al opositor Henrique Capriles con una ventaja de once puntos en 2012, Maduro ganó los comicios con una diferencia de apenas el 1% de los votos.

Maduro no solo ha tenido que luchar por mantener vivo el espíritu de la revolución bolivariana, sino, sobre todo, por rescatar una economía venezolana en desplome debido a dos factores clave: la crisis de los precios del petróleo y las continuas sanciones impuestas por Estados Unidos. La crisis económica, que llevó a una hiperinflación extrema, echó por tierra gran parte de los programas sociales, como los subsidios alimentarios, que había desarrollado Hugo Chávez para eliminar la pobreza. Los programas de asistencia social que el chavismo implementó durante los años de bonanza petrolera quedaron relegados casi al olvido y, con ellos, también el apoyo de las clases más bajas, que se sumaron a unas cifras crecientes de hambre y pobreza. En los últimos años, millones de venezolanos salieron del país.

Por si fuera poco atender una economía en crisis, Maduro ha tenido que lidiar con una presión internacional creciente y amenazas constantes de intervencionismo militar por parte de Estados Unidos, como así se ha demostrado este sábado y como pedía un buen porcentaje de su oposición política desde hace años. La respuesta del Gobierno venezolano pasó por la represión, según han denunciado diferentes organizaciones de derechos humanos. La situación, además, empeoró mucho cuando Maduro, después de perder la Asamblea Nacional, decidió crear una legislatura aparte y afín a su mandato, a pesar de los resultados. Incluso muchos de sus aliados latinoamericanos se distanciaron.

Desde la izquierda latinoamericana, presidentes y expresidentes como Gabriel Boric, Lula da Silva, Gustavo Petro o incluso Pepe Mujica denunciaron la autoproclamación de Nicolás Maduro como presidente tras las últimas elecciones. Ni la ONU ni la Fundación Carter garantizaron la integridad de los comicios. Por primera vez, muchos países que hasta entonces habían reconocido la limpieza de las elecciones venezolanas, pusieron en duda el resultado anunciado por el Gobierno venezolano, a quien pidieron que mostrara pruebas de su victoria, algo que nunca hizo y que solo alimentó las sospechas de amaño electoral, además de romper una histórica alianza en la izquierda latinoamericana, desde donde se pidió llegar a acuerdos con la oposición.

Ninguno de estos líderes, sin embargo, defiende ni ha defendido nunca la intervención de Estados Unidos en Venezuela. El presidente brasileño, por ejemplo, no reconoció la victoria de Maduro, pero tampoco la de la oposición. Este viernes, tras conocerse los ataques militares estadounidenses, condenó los bombardeos y la captura de Maduro. "Estos actos representan una grave afrenta a la soberanía de Venezuela y sientan un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional", dijo.

Este sábado, Donald Trump ha cumplido las amenazas que ya vaticinaba Hugo Chávez hace unos años. "Ahí está la historia reciente", respondió Chávez a una periodista que le preguntaba sobre por qué consideraba a Estados Unidos una amenaza. "La causa más importante es que aquí está la reserva de petróleo más grande de este planeta, tenemos petróleo para más de 100 años y a Estados Unidos se le acaba el petróleo. La razón de mayor peso para que quieran poner un Gobierno subordinado es el petróleo venezolano".

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Me llamó Héctor Juanatey, aunque como dice Xoan Tallón, eso no importa, todo el mundo tiene un nombre. Me gusta escribir y contar cosas. En El HuffPost escribo de política, y como política lo es todo, decirles esto es como decir todo y decir nada.

 

Sobre qué temas escribo

En El HuffPost escribo, como ya les dije, de política, que es todo. Si quisieran entrar más en detalle, les cuento: por gustar, me gusta escribir de todo aquello que me preocupa dentro y fuera de la redacción. En los últimos años, por ejemplo, he estado investigando el ascenso de la extrema derecha, una suerte de virus invisible que crece cada día más. Un crecimiento, sin embargo, que también tiene responsables, y en ellos me gusta fijarme, ya sea Elon Musk, Mark Zuckerberg o influencers de ultraderecha con cada vez más adeptos. Pero también la política es causa de la desafección de la que beben los ultras. De ahí que no haya que olvidarse nunca de temas fundamentales como la vivienda; en definitiva, de las condiciones materiales de la ciudadanía. Por ese motivo, también, y desde la cobertura que hice para Público durante el 15M en la Puerta del Sol, en Madrid, he centrado gran parte de mi trabajo en las diferentes reivindicaciones de la movilización social. Sospechen siempre de aquellos periodistas que acostumbran a agobiar con la cantinela de la objetividad. Al final, solo buscan desprestigiar el sentido mismo de la profesión.

 

Mi trayectoria

Pese a todas las advertencias, desde que me decanté por estudiar periodismo (Licenciatura y Máster en Periodismo de Investigación), a excepción de un parón en el que trabajé en discurso y comunicación política, he tenido la suerte de dedicarme a escribir. Empecé en La Voz de Galicia y, tras dejar la terruña (Galicia) y mudarme a la capital en busca de oportunidades laborales, pasé por Público, La Sexta, fui redactor fundacional de eldiario.es, y he escrito para un buen número de medios como Praza.com, la revista Luzes, Playground Magazine, La Marea, Vanity Fair o CTXT. En una ocasión estuve en el campamento de refugiados de Dajla, en el Sahara, y de allí me traje unas breves anotaciones que fueron publicadas como libro, ‘Dajla. Apuntes desde o Sahara’, editado por Praza. En otra, entrevisté a Txema Guijarro, una de las personas que trabajó en el asilo de Julian Assange y Edward Snowden, y esos diálogos se transformaron también en libro, ‘El analista. Un espía accidental en los casos Assange y Snowden’, de Libros del KO. En otro lapso de tiempo, creé junto a los cómicos Facu Díaz y Miguel Maldonado un programa de humor, La Tuerka News, porque tengan claro que sin risas nos vamos a la m*****.

 


 

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