Trump vuelve a sembrar dudas sobre las elecciones de EEUU y acusa a China de acceder ilegalmente a datos de 220 millones de votantes
Donald Trump asegura tener documentos que prueban una gran brecha de seguridad electoral desde 2020, aunque la información difundida por la Casa Blanca no demuestra manipulación alguna de los resultados.
Donald Trump ha vuelto a poner en cuestión la fiabilidad del sistema electoral estadounidense.
A menos de cuatro meses de las elecciones legislativas de medio mandato, el presidente de Estados Unidos aprovechó un mensaje a la nación para denunciar supuestas vulnerabilidades en los procesos electorales del país y acusar a China de haber accedido ilegalmente a datos de cientos de millones de votantes.
"No hay ningún país del tercer mundo que tenga unas elecciones como las que tenemos nosotros", afirmó Trump desde la Casa Blanca durante una intervención que ha reabierto uno de los debates más controvertidos de la política estadounidense.
La acusación contra China
El mandatario aseguró disponer de documentos que demostrarían que desde 2020 se produjo "la mayor vulneración de datos electorales de la historia" de Estados Unidos. Según su versión, China habría obtenido de forma ilícita información correspondiente a unos 220 millones de votantes estadounidenses.
Trump sostuvo además que Pekín no quería que él ganara las elecciones presidenciales de 2020 y acusó a los servicios de inteligencia de haber ocultado esos datos durante su primer mandato.
Sin embargo, los documentos publicados posteriormente por la Casa Blanca no muestran pruebas de manipulación electoral ni evidencias de que los resultados de aquellos comicios fueran alterados.
La reforma que quiere aprobar antes de noviembre
El discurso formaba parte de la campaña de presión de la Casa Blanca para lograr que el Senado apruebe la denominada ley "Save America" antes de las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre.
La iniciativa pretende endurecer las condiciones para votar en elecciones federales mediante requisitos como la acreditación de ciudadanía y la presentación obligatoria de documentos de identidad con fotografía.
Los republicanos defienden estas medidas como una forma de reforzar la seguridad electoral. Los demócratas, en cambio, sostienen que podrían dificultar el acceso al voto de colectivos con menos recursos económicos o mayores dificultades administrativas.
Un asunto que sigue persiguiendo a Trump
La intervención llega además sobre un terreno especialmente sensible para el presidente.
Trump nunca ha reconocido su derrota frente a Joe Biden en las elecciones de 2020 y durante años ha mantenido que aquellos comicios estuvieron marcados por un fraude masivo.
Las denuncias fueron rechazadas por tribunales estatales y federales, incluidos jueces nombrados por el propio Trump, que concluyeron que no existían pruebas suficientes para sostener esas acusaciones.
Las teorías sobre el supuesto fraude desembocaron en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, cuando miles de seguidores del entonces presidente intentaron impedir la certificación de la victoria de Biden.
Posteriormente, Trump llegó a ser imputado por su presunto papel en los intentos de revertir los resultados electorales y por su responsabilidad en los acontecimientos de aquel día, aunque los cargos fueron retirados después de su regreso a la Casa Blanca tras las elecciones de 2024.
Kamala Harris responde: "Nosotros ganamos y él perdió"
La reacción demócrata no tardó en llegar.
Horas antes del discurso, la exvicepresidenta Kamala Harris ya había advertido de que Trump utilizaría su intervención para difundir "mentiras y teorías conspirativas. Aquí está lo que necesitas saber: las elecciones de 2020 no fueron robadas. Nosotros ganamos y él perdió", afirmó Harris.
La polémica fue tal que varias de las principales cadenas de televisión estadounidenses, entre ellas ABC, CNN y NBC, decidieron no emitir en directo el mensaje presidencial para evitar amplificar afirmaciones sin pruebas sobre el sistema electoral.
Pese a ello, el discurso vuelve a situar en el centro del debate una cuestión que Trump ha convertido en una de las grandes banderas de su carrera política: la desconfianza en el proceso electoral estadounidense. A pocos meses de unos comicios clave para el control del Congreso, la batalla sobre la legitimidad de las elecciones vuelve a ocupar un lugar protagonista en Washington.