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28/01/2015 07:07 CET | Actualizado 29/03/2015 11:12 CEST

¿Qué es y qué no es 'Charlie Hebdo'?

Charlie Hebdo es un hijo del espíritu de mayo del 68, de corte libertario, antirreligioso y antirracista. No es difícil entender que Jean-Marie Le Pen tardara poco en declarar "Je ne suis pas Charlie" después de los atentados, aunque su hija se disponga a sacar todo el rédito político de la matanza.

Enterrados ya Charb, Cabu, Honoré, Wolinski y compañía parece pertinente pasar de la pura emoción al análisis de lo ocurrido en París hace dos semanas y las posibles consecuencias.

El semanario satírico Charlie Hebdo es, para los que no lo conozcan, un hijo del espíritu de mayo del 68, de corte libertario, antirreligioso y antirracista, por este orden. Por estas tres razones no es difícil, pues, entender que Jean-Marie Le Pen tardara poco en declarar Je ne suis pas Charlie después de los atentados, aunque su hija se disponga ahora a intentar sacar todo el rédito político de la matanza.

El asesinato de los redactores de Charlie Hebdo va a dar, irónicamente, munición a los Le Pen, tantas veces satirizados por el semanario, si bien es cierto también que la reacción de la mayor parte de los franceses ha sido, por ahora, ejemplar. Esperemos que la comunión republicana en la que se ha fundido la mayor parte del país (de la que solamente los extremistas se han autoexcluido) se mantenga, aunque es probable que este espíritu de concertación, ilustrado por La Marsellesa cantada a coro por todos los diputados en la Asamblea Nacional, dure muy poco.

No ha sido el izquierdismo de Charlie Hebdo sino su militantismo antirreligioso el que ha despertado la ira de los fanáticos. En una entrevista al valiente Charb que la televisión Paris Première redifundió recientemente, el director del semanario, que vivió con escolta policial los últimos cuatro años de su demasiado corta existencia, declaraba que por la vía legal eran los católicos los que le habían atacado con mayor frecuencia, pero que las amenazas venían de fundamentalistas islámicos que, según Charb, probablemente no habrían siquiera leído El Corán. En la misma entrevista Charb aseguraba, en relación a los fundamentalistas, que si uno quiere ofenderse siempre encontrará alguna razón para hacerlo.

Evidentemente es lícito satirizar la religión, y en Francia es legal. Ahora bien, Charlie Hebdo, como el Islam, también puede ser criticado. Hace un par de años Charlie Hebdo publicó un número especial dedicado a Mahoma y al Islam, y la actitud gamberra de Charb y los suyos fue tildada de irresponsable por muchos, incluído el que esto escribe. Najat Vallaud-Belkacem, que entonces era portavoz del Gobierno y hoy es ministra de Educación, comparó la publicación de ese número con echar gasolina al fuego.

Mi opinión ha cambiado ligeramente desde entonces, y no solamente por respeto a la valentía de Charb y los suyos, que reclamaban su derecho a ser irresponsables y por el que han pagado el precio más alto posible. Vivir durante casi dos años en Francia ayuda ciertamente a entender la idiosincrasia, y la verdad es que los franceses tienen un gusto extremadamente desarrollado por las bromas vulgares y provocativas y, en alguna ocasión, nosotros hemos sido el blanco de las mismas. Existe incluso un verbo (gouailler) sin traducción directa a nuestro idioma, que podemos traducir libremente por "soltar vulgaridades (con gracia)". Charlie Hebdo se inscribe en esa rica tradición satírica y los redactores del semanario y su osadía contribuyen con certeza a hacernos a todos un pelín más libres.

¿Es Charlie Hebdo antirracista? Sin duda, Charlie Hebdo se sitúa dentro de esa familia pero el uso repetido de estereotipos para ilustrar a musulmanes, judíos y demás puede levantar ampollas a más de uno. Cabe decir que el judaísmo y el Islam son religiones, no razas, pero Charlie Hebdo ha llegado a ilustrar a la ministra Christiane Taubira como a un simio, con la intención, eso sí, de ridiculizar justamente los postulados del Frente Nacional, en un rebuscado ejercicio de ironía que los franceses denominan second degré (segundo grado). Ahora bien, ¿es válido servirse de la imaginería racista para denunciar el racismo?

La intención última es muy importante a la hora de juzgar estos casos. Dieudonné Mbala, un célebre humorista franco-camerunés, acaba de ser procesado por apología del terrorismo. Poco después del atentado en el supermercado kosher de París, Dieudonné se lució publicando en Facebook Je suis Charlie Coulibaly, en referencia a Amedy Coulibaly, el autor del atentado. El tono humorístico es evidente, pero la fiscalía interpreta que la intención última de Dieudonné, que tiene un largo historial de polémicas antisemitas a sus espaldas, era ensalzar al asesino y lanzar un último insulto a sus víctimas. Sin embargo, hay quién cree que Dieudonné se encuadra dentro del espíritu de Charlie Hebdo o que, aunque nos disguste, debe permitírsele polemizar sin ser molestado.

Con todo, en el improbable caso de que Dieudonné fuera asesinado por un integrista judío, creo que sería socialmente aceptable decir que él se lo había buscado a pulso y dudo que las muestras de solidaridad con el hipotético asesino fueran perseguidas por la justicia, lo que da mucho que pensar en los intrincados vericuetos de la libertad de expresión y de los límites de la misma.

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