Alisa se gastaba 20 euros a la semana en bebidas energéticas con 14 años: ahora las ha dejado todas tras notar arritmias y un dolor punzante en el pecho, pero ya no tolera ni el café
“Vale la pena reflexionar sobre los motivos por los que se consumen”, asegura.

Las bebidas energéticas se han convertido en un producto habitual entre muchos adolescentes, atraídos por su sabor, su imagen o simplemente porque forman parte de las modas del momento. Sin embargo, detrás de ese consumo aparentemente inofensivo pueden esconderse consecuencias que no siempre se perciben hasta años después, como demuestra la historia de una joven finlandesa que decidió dejar de tomarlas tras sufrir problemas cardíacos.
Alisa Korhonen, de 22 años, empezó a consumir bebidas energéticas cuando solo tenía 10 años. Lo que comenzó como una experiencia puntual con una amiga terminó convirtiéndose en un hábito diario durante la adolescencia. Con apenas 14 años, llegó a gastar cerca de 20 euros a la semana en estas bebidas y, aunque durante mucho tiempo creyó que no le estaban pasando factura, acabó desarrollando arritmias y un dolor punzante en el pecho que la llevaron a dejarlas por completo.
Hoy asegura que su organismo ha quedado tan sensibilizado a la cafeína que ni siquiera puede tomar café. “Se podrían evitar problemas si no se consumieran bebidas energéticas a una edad tan temprana como la mía”, explica en declaraciones recogidas por el diario finlandés Keskisuomalainen. Muchos de sus compañeros también las compraban y beberlas formaba parte de la rutina después de clase.

Consumo por presión social
Durante años no notó consecuencias importantes, más allá de algún dolor de cabeza ocasional. Sin embargo, mientras cursaba el instituto empezó a sufrir arritmias y un dolor punzante o sensación de cosquilleo en el pecho, aunque al principio no relacionó estos episodios con las bebidas energéticas. Finalmente decidió eliminarlas por completo de su dieta y comprobó que las molestias desaparecieron.
Desde entonces no ha vuelto a consumirlas de forma habitual. De hecho, hace un par de años probó un pequeño sorbo de la bebida de un amigo y volvió a experimentar malestar casi de inmediato. Según explica, cualquier cantidad le provoca ansiedad, arritmias y una sensación de incomodidad que puede prolongarse durante horas, por lo que ha optado por evitar completamente este tipo de bebidas.
Ahora, Alisa reconoce que le preocupa que otros jóvenes repitan su experiencia. “Vale la pena reflexionar sobre el propio consumo y los motivos por los que se consumen bebidas energéticas”, concluye. Cree que muchas veces el consumo responde más a la presión social o a las modas que a una necesidad real y anima a reflexionar antes de incorporar estas bebidas a la rutina diaria, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
