Ana Luzón, técnica en nutrición: "Tomamos demasiada carne, pocas legumbres... pero lo que nos perjudica realmente es que hemos dejado de cocinar alimentos, como hacían nuestras abuelas"
Esta experta defiende que "necesitamos recuperar algunas de sus costumbres, como cocinar más, sentarnos a comer o llenar el plato de verduras"
Consumimos muchas menos legumbres de las recomendadas y hay una percepción muy negativa del huevo que aún persiste en parte de la población. Pero estos no son los únicos problemas que tienen en la actualidad nuestros hábitos de alimentación. "Hemos sustituido gran parte de la cocina casera por alimentos ultraprocesados y comidas rápidas y la dieta mediterránea tradicional se está perdiendo, especialmente entre la población joven", como explica la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón.
Pero tampoco es cuestión de decir que lo que comían nuestras abuelas era mejor, porque eso podría idealizar el pasado, lo que sí hacían mejor era el patrón alimentario, no necesariamente cada alimento", explica esta experta. "Si tuviera que resumirlo en una frase diría que hemos dejado de cocinar alimentos para empezar a consumir productos. Ese cambio explica mucho mejor el deterioro de nuestra alimentación que un alimento concreto", resume Luzón.
Lo que ha pasado es que durante décadas "la alimentación tradicional española tenía una serie de características muy claras", prosigue esta técnica en dietética: "Había muchas más legumbres, más verduras, más fruta, más pescado, más guisos, más cocina en casa, más comidas compartidas y más planificación. No era una alimentación perfecta, pero sí mucho más basada en alimentos frescos", resalta.
En cambio, hoy encontramos "justo lo contrario", añade: "Cada vez dedicamos menos tiempo a cocinar y más a consumir alimentos listos para comer. Eso ha hecho que aumenten los ultraprocesados, las bebidas azucaradas, los snacks y los productos muy palatables, mientras disminuyen alimentos tan importantes como las legumbres.
Respecto a la carne, Luzón recuerda que, en España, "consumimos alrededor de 40 kilos por persona y año, una cifra elevada, especialmente porque gran parte corresponde a carnes rojas y procesadas. Y esto no significa que la carne sea mala, pero el problema es el desequilibrio", añade. "Cuando aumenta mucho la carne suelen disminuir otros alimentos muy interesantes como las legumbres, el pescado, los frutos secos o las verduras, y eso empobrece la calidad global de la dieta".
También resalta esta experto lo que está pasando con el huevo: "Es probablemente uno de los alimentos que peor fama ha tenido de forma injusta", asevera. "Porque hoy sabemos que, para la mayoría de las personas, el colesterol del huevo tiene una influencia pequeña sobre el colesterol sanguíneo. Lo que más pesa suele ser el patrón alimentario completo, el exceso de grasas saturadas en ciertos alimentos, la genética, el sedentarismo o el tabaquismo. Por eso ya no tiene sentido que muchas personas sigan evitando el huevo por miedo al colesterol mientras consumen con frecuencia bollería, embutidos o ultraprocesados", agrega esta experta.
Pero también hay buenas noticias: "lo que hemos ganado", añade. "No todo es negativo, también hemos mejorado en aspectos importantes, como que disponemos de frutas y verduras durante todo el año, tenemos más variedad de alimentos, la seguridad alimentaria es muchísimo mayor, sabemos mucho más sobre nutrición que hace 50 años y hay más opciones para personas con alergias o enfermedades".
Así que el problema no es que no dispongamos de esas opciones, según Luzón, sino "haber desplazado los alimentos básicos por productos diseñados para ser rápidos, muy apetecibles y fáciles de consumir": "No necesitamos volver exactamente a comer como nuestras abuelas. Necesitamos recuperar algunas de sus costumbres, como cocinar más, sentarnos a comer, llenar el plato de verduras, incluir legumbres varias veces por semana, consumir fruta a diario y comer menos productos ultraprocesados", aconseja.
Porque la salud "no depende de demonizar el huevo ni de eliminar un alimento concreto, sino del patrón de alimentación que repetimos día tras día", recuerda esta experta. "No echo de menos la cocina de nuestras abuelas por nostalgia. La echo de menos porque, sin saber de proteínas, antioxidantes o microbiota, nuestras abuelas llenaban la mesa de alimentos de verdad y dejaban mucho menos espacio a los productos que hoy ocupan nuestras despensas", concluye.
*Ana Luzón es técnica en nutrición y defensora de una alimentación realista, alejada de dogmas y dietas restrictivas. Su enfoque se centra en ayudar a las personas a reconectar con sus señales de hambre y saciedad, integrando la salud física con el bienestar emocional y el contexto de la vida actual. Más información en www.analuzonsalud.es y en Instagram @analuzonsalud.