Bajar la temperatura cuando nos vamos a la cama no solo tiene ventajas económicas, sino que también puede mejorar de forma notable la salud y la calidad del descanso.
Algunos materiales como el ladrillo clásico, la piedra natural o el hormigón son difíciles de calentar, mientras que la elección del sistema de calefacción influye directamente en el consumo energético.