Los biólogos tuvieron que llevar los polluelos con la otra hembra para que no se quedaran solas, que las cría como su fueran suyas, cosa que no le gusta al macho.
"Este hallazgo aporta nueva luz al hecho de que muchas de las terapias que funcionan con éxito en los modelos preclínicos luego no lo hacen en humanos", ha señalado el investigador de la Universidad de Málaga, David Baglietto.
Afirma que la habilidad para comprender las emociones ajenas es máxima a los 40 o 50 años y el vocabulario lo es a los 65 o incluso 75 años, depende de la persona.