Entre la esperanza y las llamas, la lucha por salvar la vida a cientos de animales de los incendios: "Son parte de la familia"
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Entre la esperanza y las llamas, la lucha por salvar la vida a cientos de animales de los incendios: "Son parte de la familia"

Los fuegos de Madrid y Ávila causan estragos. Mientras tanto, el Santuario Vegan trata de que sus 200 animales sobrevivan, al igual que en Safari Madrid donde el peligro ha sido menor. Desde El HuffPost hablamos con ambas entidades. 

Imagen de archivo de un burro en un incendio.MediaNews Group via Getty Images

Hace quince años, Laura Luengo encontró una oveja anciana abandonada. Se llamaba Mel y, sin saberlo, marcaría el inicio de un proyecto que acabaría convirtiéndose en el hogar de cientos de animales rescatados del abandono, el maltrato y la explotación, además de una parte fundamental de su vida y el proyecto que la marcaría. Lo que comenzó como la inquietud de una voluntaria que no entendía por qué unas vidas valían más que otras terminó transformándose en el Santuario Vegan

Un refugio situado en las proximidades de Brunete que hoy alberga a cerca de 200 animales y que, durante los últimos días, ha estado a escasos metros de desaparecer bajo las llamas de los incendios que asolan la Comunidad de Madrid y Ávila. De hecho, en estos momentos la incertidumbre todavía se cierne sobre el refugio.

Más suerte ha tenido Safari Madrid gracias a los protocolos de prevención que han gestionado a lo largo de todo el año. Sus animales, cuentan, han sufrido menos riesgo y de hecho, la evacuación ni siquiera se planteó. Ahora, los animales vuelven a salir con normalidad después de días en los que el humo protagonizaba gran parte del paisaje del lugar. 

Santuario Vegan y la incertidumbre por 200 animales: "Pensábamos que se nos morían"

Antes de fundar el santuario, Laura colaboraba en una protectora de perros y gatos. Allí comprobó cómo cabras, cerdos, ovejas, terneros o burros eran tratados como "animales de segunda". "Veía que los trataban con indiferencia. Incluso si venían heridos no iba ni el veterinario a verlos, pasaban de ellos. Era como: 'Bueno, esto no es un perro'", recuerda a El HuffPost. Aquella realidad cambió su manera de entender el animalismo y la llevó a volcarse con ellos hasta que el número de rescates hizo inevitable crear una fundación dedicada exclusivamente a ofrecer una segunda oportunidad a los animales considerados de granja. Un lugar donde pudieran tener una vida lejos del dolor. Un santuario donde el bienestar animal y su cuidado fueran prioritarios. 

Desde entonces, el santuario se ha convertido en el final feliz para historias marcadas por el sufrimiento. El último en llegar fue un ternero que una veterinaria logró salvar del matadero tras encariñarse con él durante su recuperación. Antes había llegado Quique, un burro que pasó trece años encadenado junto a una carretera recibiendo golpes. Y como ellos, decenas de animales de toda índole que encontraron allí un lugar donde vivir sin miedo. "Son 200 animales, cada uno con su historia, rescatados del abandono y del maltrato, que reciben cuidados y viven rodeados de muchísimo amor. Son parte de la familia", explica Laura emocionada a este periódico.

"Son 200 animales, cada uno con su historia, rescatados del abandono y del maltrato, que reciben cuidados y viven rodeados de muchísimo amor"
Laura Luengo, Santuario Vegan

Ese refugio, construido durante década y media, se encuentra en el vilo por las llamas de Madrid y Ávila. El santuario cuenta con dos instalaciones y ambas están amenazadas por los incendios. Primero fue el fuego que se acercó al antiguo refugio. Después, el avance del incendio de Ávila puso en jaque el centro donde permanecen la mayor parte de los animales. Las llamadas a Protección Civil fueron constantes, mientras la incertidumbre de Laura y sus compañeros crecía minuto a minuto sin saber si habría que evacuar.

Cuando comenzaron los desalojos en Cenicientos, Laura intentó llegar hasta el santuario, próximo al pueblo. La Guardia Civil fue deteniéndola en los distintos controles hasta que, finalmente, le impidieron acceder. Allí permanecían varios cuidadores junto a los animales. "Les hablé de que había un refugio con 200 animales y seis o siete personas dentro. Los cuidadores intentaron meter a los más delicados en las naves y abrieron los recintos para que el resto pudiera alejarse si el fuego llegaba. En ese momento no nos permitieron entrar", relata.

La angustia fue absoluta. "Honestamente pensábamos que se iban a morir todos. El fuego estaba bajando hacia ellos", confiesa. No sólo estaba en juego la vida de los animales, sino quince años de trabajo, esfuerzo, inversión y cariño al proyecto de su vida: "Pensar que todo el refugio podía perderse... era devastador. Nos desalojaron y sentimos que aquello no les importaba, aunque sabemos que su prioridad es nuestra seguridad y la de apagar el incendio. Por eso pedimos ayuda en redes sociales para que alguien protegiera el santuario igual que se protege un pueblo o una tienda. A veces los animales no son tenidos en cuenta, pero son igual de importantes que cada uno de nosotros".

La movilización surtió efecto. La repercusión en redes y medios provocó que efectivos de la UME se desplazaran hasta la zona para evitar que las llamas entraran en el santuario. Con esfuerzo, y aunque quedó peligrosamente cerca, el fuego no logró entrar. Sin embargo, el problema no terminó ahí. Durante las últimas horas los cuidadores han tenido prácticamente imposible acceder para alimentar o medicar a muchos de los animales. "Hay animales mayores que necesitan tratamientos y llevaban más de 24 horas sin atención. La pelea ya no era sólo que el fuego no les alcanzase, que por suerte y por ahora no ha entrado, sino poder llegar hasta ellos", explica Laura.

Cuando finalmente pudieron regresar durante un par de horas comprobaron que todos seguían con vida, aunque profundamente alterados. "Son muy listos. Se habían refugiado todos en la zona asfaltada, donde no había riesgo. Estaban muy asustados", comenta.

Ahora la mayor preocupación está en los animales más mayores. Muchos necesitan dietas específicas, medicación diaria y cuidados constantes que solo pueden recibir durante las escasas horas en las que las autoridades permiten acceder al recinto. "Lo más delicado son los animales ancianos. Comen dos o tres veces al día y nosotros sólo podemos entrar un par de horas. Si esto se alarga mucho, podemos encontrarnos una desgracia", advierte. A ello se suma la incertidumbre por los efectos de la inhalación del humo. "He hablado con mis veterinarios y ellos intentan tranquilizarme, pero nadie sabe qué puede pasar. Es un contexto tóxico para los seres humanos, pero también para toda la fauna que se encuentra conviviendo con la naturaleza", lamenta.

"Hasta que las autoridades no digan que estamos fuera de peligro no podemos estar tranquilos"
Laura Luengo, Santuario Vegan

Mientras el incendio continúa activo y cualquier cambio en la dirección del viento puede modificar la situación en cuestión de minutos, Laura vive pendiente de las actualizaciones de la UME y de la Guardia Civil. "Hasta que las autoridades no digan que estamos fuera de peligro no podemos estar tranquilos, estoy permanentemente viendo los avisos, las noticias, viendo qué me pueden contar... El fuego avanza muy rápido y todo puede cambiar. Solo queda esperar, pero espero que para el miércoles", concluye. Después de quince años dedicando su vida a rescatar animales que nadie quería, la mayor batalla del Santuario Vegan ya no consiste en encontrarles un hogar, sino en evitar que las llamas reduzcan sueños y vidas a cenizas.

El fuego a 200 metros del Safari Madrid: "Nunca se planteó el desalojo de los animales"

Esta noche —la del domingo al lunes— los cuidadores del Safari Madrid, el parque de animales en semilibertad de Aldea del Fresno, por fin han podido dormir tranquilos. "Nos quedamos dos días... no hemos dormido, claro. La primera noche, por razones obvias, teníamos el fuego en la puerta. Por la mañana, cuando nos vinieron a dar el relevo, tuvimos ciertos problemas para que mis compañeros llegaran al parque. Luego se reactivaron los fuegos y ya nos quedamos todos hasta última hora", cuenta uno de los cuidadores, Christian Cabrer. Pero la preocupación no ha desaparecido del todo y aún cuesta recordar lo vivido.

"Hubo un rato en el que el incendio avanzaba a 5 kilómetros por hora y se quedó como a unos a 600 metros. En ese momento, hablando mal, nos cagamos, porque llegaba el fuego por dos frentes distintos. Pero como a las 10 paró el aire por completo, se estabilizó y, aunque se fue acercando, lo hizo muy despacio y se quedó a 200 metros de nosotros", relata el cuidador sobre lo que vivieron la noche del 23 al 24. Se quedó con tres compañeros más a pasar la madrugada para cuidar de los animales —"son casi más familia que algunos de mi familia"—, aunque pensaban permanecer allí los 26 que había en ese momento: "La Guardia Civil consideró que el riesgo era demasiado alto como para que se quedaran tantas personas. Después de una dura negociación conseguimos quedarnos cuatro".

"Ahora estamos más preocupados por nuestros vecinos — su madre sigue desalojada en Villamanta— y por los animales que tenemos alrededor, porque todavía el acceso no es fácil a todos los sitios. Ahora no tenemos un fuego cerca y lo que se quemó en las proximidades está completamente apagado, o eso queremos creer. Aunque ayer tuvimos un pequeño susto porque en el encinar se encendió otro fuego, aunque se consiguió frenar", relata a El HuffPost con la voz en algunos momentos temblorosa.

Afortunadamente, el protocolo antiincendios que se activó en este lugar, activo turístico de la zona y centro de referencia de protección de la fauna y la educación ambiental, funcionó bien y los animales están fuera de todo peligro.

"Nunca se planteó el desalojo de los animales", reconoce el cuidador. "Los más pequeños, más manejables y entrenados, sobre todo rapaces, los trajimos de la periferia de la finca al interior. Ellos están entrenados para ese proceso, aunque a seis buitres hubo que moverlos en los camiones de instalación y sufrieron un poco de estrés", explica sobre las medidas que adoptaron cuando el fuego comenzó a amenazar el parque.

Al resto de animales los mantuvieron en sus instalaciones, en interiores o al aire libre, en parcelas sin hierba, en un entorno bastante seguro porque "desde la primavera el parque se empieza a preparar para este tipo de situación y está todo desbrozado y limpio".

El protocolo también dicta que rinocerontes, elefantes, jirafas, leones y, en general, todos los animales potencialmente peligrosos tienen que estar guardados en sus instalaciones interiores, que no se pueden quemar, "con el aire acondicionado puesto, con comida y agua".

Dice su cuidador que todos pasaron la noche bastante tranquilos, "aunque sí que vimos que se anticipaban a lo que iba ocurriendo y detectaban las cosas antes: de repente, cambiaban de lado y al rato se veía una columna de humo". "A los monos beduinos, que fueron los que más cerca estuvieron del fuego, sí que se les escuchaba más nerviosos, pero por la noche no se movieron de sus instalaciones porque ellos no se fían de la oscuridad", señala sobre el escaso impacto que tuvo la tragedia sobre ellos.

Ahora, los animales empiezan a salir a sus instalaciones exteriores y están recibiendo más mimos de lo normal "porque tenemos un poco más de tiempo que cuando estamos abiertos al público". "En cuanto se pueda, volveremos a abrir. Esperamos recibir el apoyo de los visitantes porque han sido días muy duros", concluye Christian.

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