Un taller oficial le pide 13.200 euros por una reparación, pregunta en otro y se la hacen a cambio de una cerveza
A la segunda va la vencida.
Las reparaciones de los coches, especialmente los de lujo, suponen un buen pellizco para cualquier bolsillo. Pero a veces la avería —y su solución— es mucho más sencilla y barata de lo que pide el servicio oficial. Es lo que le pasó a Carl Hartley, empresario del automóvil al frente de Tom Hartley Cars y propietario de un Bugatti Veyron, cuando un simple botón le abrió los ojos sobre cómo funciona el mantenimiento de un hiperdeportivo.
Tras cuatro años con el coche, el interruptor que regula los retrovisores empezó a fallar. Nada grave, pero molesto. Cuando Hartley acudió a un taller oficial de Bugatti para cambiarlo, la respuesta le dejó helado: le pedían un presupuesto de 13.200 euros. ¿El motivo de semejante cifra? Que, según la marca, para sustituir el botón había que cambiar la guarnición completa de la puerta, el motor y todo el conjunto del retrovisor.
Incrédulo, Hartley no pasó por caja. Recurrió a un conocido con experiencia en componentes de Fórmula 1, que localizó el problema en cuestión de minutos: la pieza defectuosa era un interruptor idéntico al que monta el Volkswagen Transporter, una furgoneta comercial de lo más común. La explicación es sencilla: el grupo Volkswagen fue dueño de Bugatti, y sus hiperdeportivos comparten componentes con modelos mucho más asequibles de la casa.
El recambio solo se vendía en pack de cinco unidades, por un total de 0,89 libras (alrededor de un euro). La reparación llevó unos 20 minutos. Y cuando Hartley fue a recoger el coche y preguntó cuánto debía, el especialista le contestó, medio en broma, que «me debes una cerveza». Frente a los más de 13.000 euros del servicio oficial, una factura prácticamente un 99,998% más barata.
El consejo de Hartley para otros propietarios fuera de garantía es claro: acudir a talleres independientes de confianza, que muchas veces hacen el mismo trabajo por una fracción de lo que cobra el concesionario oficial.
Por qué estos coches son tan caros de mantener
El Bugatti Veyron, fabricado entre 2005 y 2015, es una pieza de coleccionista: solo se produjeron 450 unidades, con un precio de salida en torno a 1,4 millones de euros. Su motor W16 de 8.0 litros convierte cualquier operación rutinaria en una obra de ingeniería: un simple cambio de aceite puede irse a decenas de miles de euros y superar las 27 horas de mano de obra. Por las cifras del propio Hartley, cada revisión ronda los 35.000 euros y mantener el coche al año puede acercarse a los 115.000 euros.
Y el botón de los retrovisores es de lo barato. En otra ocasión, otro propietario que compró un Veyron averiado relató que, para sellar la caja de cambios —una reparación que en material apenas cuesta unos euros—, Bugatti le pidió 115.000 euros más IVA. El motivo: la única forma de acceder a la transmisión es partir el coche literalmente en dos y enviarlo de vuelta a la fábrica de Molsheim, en Francia, donde el trabajo lo realizan los pocos técnicos capacitados para ello a lo largo de varios meses.
La moraleja: ni siquiera el Bugatti más exclusivo lleva todas las piezas bañadas en oro. Algunas, simplemente, comparten cajón con las de una furgoneta.