Un ministro italiano pide prohibir el término "turismo masivo" y muchos estallan: "No le corresponde decidir cómo habla la gente"
"Ideas como el après-ski son simplemente perjudiciales".

El debate sobre la masificación turística vuelve a sacudir Italia, uno de los países más visitados del mundo. Esta vez no ha sido una protesta vecinal ni una nueva tasa para visitantes la que ha encendido la polémica, sino las palabras de un ministro.
Gianmarco Mazzi, responsable de Turismo del Gobierno italiano, ha provocado una oleada de reacciones tras plantear que debería prohibirse el uso del término “sobreturismo” o “turismo masivo” porque, a su juicio, “perjudica al sector turístico y genera temor entre los potenciales visitantes”.
Sus declaraciones han abierto una discusión que va mucho más allá de una cuestión lingüística: cómo hablar de un fenómeno que cada vez genera más tensiones en destinos turísticos de toda Europa.
Una palabra incómoda para el sector
Mazzi defendió que Italia debe proyectar una imagen acogedora y evitar mensajes que puedan ahuyentar a los viajeros. “Italia es hospitalaria, además de ser la nación más bella del mundo”, afirmó.
Y parte del sector turístico italiano ha respaldado sus palabras. Gianni Battaiola, presidente de la Asociación de Hoteleros y Empresas Turísticas de Trentino, consideró que quizá sería más apropiado hablar de “mala gestión” que de masificación.
Según explicó, muchos de los problemas podrían aliviarse con una mejor organización de los flujos turísticos, información digital en tiempo real y herramientas que permitan distribuir a los visitantes entre diferentes destinos y épocas del año.
Ecologistas y vecinos en contra
Las críticas, sin embargo, no tardaron en llegar. Desde organizaciones patrimoniales y medioambientales consideran que el problema existe y que ignorarlo no hará que desaparezca.
Manuela Baldracchi, presidenta de Italia Nostra en Trentino, aseguró que “el turismo masivo es un fenómeno real, no teórico” y advirtió de que negar esa realidad supone “ocultar problemas reales”. La dirigente puso como ejemplo algunas intervenciones realizadas en entornos naturales y turísticos que, a su juicio, han deteriorado el paisaje y la calidad de vida de los residentes. “Ideas como el après-ski son simplemente perjudiciales”, sostuvo.
“La libertad de expresión existe”
Las palabras más contundentes llegaron desde Mountain Wilderness, una organización dedicada a la protección de los espacios de montaña. Su presidente, Luigi Casanova, rechazó frontalmente la propuesta del ministro: “No debería corresponder a un ministro decidir cómo habla la gente. La libertad de expresión existe”.
Casanova defendió que el término sobreturismo refleja “problemas críticos” ya visibles en numerosos territorios, desde dificultades para encontrar trabajadores en el sector hasta problemas de acceso a la vivienda o desplazamiento de población local. Además, Casanova también lanzó una advertencia especialmente dura sobre el impacto ambiental. “El sobreturismo destruye el patrimonio de montaña y conduce al abismo”, afirmó, reclamando límites de aforo más estrictos y decisiones políticas “más valientes”.
