No es sólo un partido de fútbol: Malvinas, Maradona y 40 años de la 'venganza' de una nación; esto es un Inglaterra-Argentina
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No es sólo un partido de fútbol: Malvinas, Maradona y 40 años de la 'venganza' de una nación; esto es un Inglaterra-Argentina

México acogía el Mundial del 86. Cuatro años antes, la guerra de las Malvinas había roto el alma del país albiceleste: casi 700 argentinos perdieron la vida. El fútbol dejó de ser sólo deporte y el orgullo de una nación fue empuñado por Maradona.

Diego Armando Maradona y Peter Shilton en las semifinales del Mundial del 86.David Cannon/Getty IMAGES

1986, el planeta entero se prepara para presenciar otro Mundial. México es la sede escogida de la competición por excelencia del deporte rey y Argentina llega con dudas, pero con el hambre de quien anhela bordar una segunda estrella sobre su escudo. En la plantilla albiceleste, un hombre tiene una misión mucho más grande que lo que representa el esférico, la copa dorada y el Azteca, aquel estadio mexicano que presenciaría el partido con más trascendencia de la historia de la Copa del Mundo. Su nombre: Diego Armando Maradona. Cuatro años antes, la guerra de las Malvinas había destrozado al pueblo argentino. Tras la independencia albiceleste, las islas situadas en el Atlántico Sur habían sido administradas por Argentina. Sin embargo, en 1833 fueron ocupadas por las fuerzas británicas.

El torneo de fútbol trascurrió con normalidad. Argentina fue abriéndose paso en la fase de grupos ganando 3-1 a Corea del Sur con los dos goles de Jorge Valdano y uno de Oscar Ruggeri. Maradona empató en los últimos instantes ante Italia, la vigente campeona, en el segundo partido; y Jorge Burruchaga y Valdano sentenciaron la fase con dos goles ante Bulgaria con asistencias del 10 argentino. Inglaterra hizo lo propio con su figura estrella: Gary Linker. Pero su camino empezó con mayores tropiezos que la albiceleste. Carlos Manuel anotó el único gol del primer encuentro, dando la victoria a Portugal; contra Marruecos el marcador se quedó congelado, 0-0; y, en el tercer partido, Linker anotaría un hat-trick ante Polonia que le otorgó la llave a la Selección Inglesa para adentrarse en los octavos de final.

Argentina ganó el clásico de Río de la Plata ante Uruguay en octavos, un partido tenso como sólo los duelos latinoamericanos pueden ofrecer al mundo. El tanto de Pedro Pasculli en los minutos finales de la primera parte colaba a la albiceleste en los cuartos de final. Inglaterra fue más contundente: una actuación excelente de Gary Lineker que se tradujo en un doblete y otro tanto de Peter Beardsley aplastaron a Paraguay cuyo marcador se quedó impasible a lo largo del encuentro. El destino hacía que Argentina e Inglaterra se encontraran en cuartos de final. El mundo parecía detenerse ante un acontecimiento que escapaba al deporte, un duelo entre dos naciones que cuatro años antes habían manchado de sangre sus manos y donde el orgullo del pueblo argentino fue el más devastado de todos. 

  Prisioneros argentinos durante la guerra de las Malvinas.PA Images via Getty Images

La guerra de las Malvinas comenzó el 2 de abril de 1982, cuando la dictadura militar que gobernaba Argentina desde 1976 ordenó el desembarco de tropas en el archipiélago con el objetivo de recuperar un territorio cuya soberanía el país reclama desde 1833. En ese momento, el régimen encabezado por Leopoldo Fortunato Galtieri atravesaba una profunda crisis política y económica: las denuncias por violaciones a los derechos humanos, la inflación, el deterioro de la economía y el creciente descontento social habían debilitado seriamente su legitimidad. La recuperación de las islas fue presentada como una causa de unidad nacional que buscaba fortalecer el apoyo interno al gobierno militar aunque la realidad era buscar algo que sacara el foco de atención de la dictadura. 

Sin embargo, la respuesta del Reino Unido fue inmediata y la piedad no se encontraba en su hoja de ruta. La primera ministra Margaret Thatcher, cuyo gobierno también enfrentaba un período de baja popularidad debido a la recesión económica y al aumento del desempleo, decidió enviar una poderosa fuerza naval y militar al Atlántico Sur para recuperar el control de las islas. Durante 74 días tuvieron lugar combates terrestres, navales y aéreos en condiciones climáticas extremas, hasta que el 14 de junio Argentina aceptó la rendición y asumió la derrota. La guerra de las Malvinas dejó un total de 649 soldados argentinos fallecidos, 255 británicos y tres civiles isleños, además de miles de veteranos que regresaron con profundas secuelas físicas y psicológicas. El orgullo argentino estaba herido ante la brutalidad inglesa.

El Azteca se estremecía con la entrada de ambos conjuntos. La tensión podía palparse tanto en las gradas como en el palco. Al inicio del primer compás del himno británicoGod Save the Queen, los abucheos de los aficionados argentinos y mexicanos captaron gran parte de la atención mundial. Sobre el césped, una mirada desafiante se clavaba en el combinado anglosajón. Maradona mantenía la compostura firme, una seriedad incorruptible y arropado por el resto de compañeros de selección. Horas antes había declarado que "sólo era un partido de fútbol", pero el sentimiento de toda una nación era consciente de lo contrario, al igual que el suyo. Cuando terminó el himno, se escuchó un grito por parte del 10 de la albiceleste: "Vamos eh, vamos que estos hijos de puta nos mataron a nuestros pibes, nuestros amigos, vecinos... No podemos perder".

"Estos hijos de puta nos mataron a nuestros pibes, nuestros amigos, vecinos... No podemos perder"
Diego Armando Maradona

La brutalidad armamentística británica se suplió en el terreno de juego cuatro años después por la genialidad maradoniana. En los primeros instantes del partido, un balón dirigido hacia Valdano salió rechazado por la defensa británica hacia su propia portería. El silencio se adueñó del Azteca cuando el 10 se elevó para disputar el esférico en el cielo mexicano ante el cancerbero inglés Peter Shilton. Hubo un contacto, nadie sabía exactamente qué había sucedido. El balón comenzó a botar en dirección a la portería vacía. Era 22 de junio de 1986, en el minuto 5 de partido, y había nacido la 'Mano de Dios'. El gol con la mano de Maradona que atestó el primer golpe al orgullo británico. Argentina comenzaba ganando el encuentro, pero la actuación del 10 todavía se reservaba otro as bajo la manga. 

  La 'Mano de Dios' de Maradona ante Inglaterra en el Mundial del 86.Getty Images

El partido se disputaba como solo el contexto y la tensión entre ambos países podía permitirlo. El tiempo seguía corriendo en el marcador y Argentina permanecía sobreponiéndose gracias al gol de Maradona. El encuentro había superado el descanso cuando el pitido de Ali Bin Nasser, árbitro del acontecimiento, reanudó el duelo. La siguiente genialidad tuvo lugar poco después, en el minuto 55, cifra que quedó grabada en el alma de la Copa del Mundo. Maradona recibió un pase corto de Héctor Enrique dentro de la mitad de la cancha argentina. 62 metros le separaban del arco inglés, pero el 10 tan sólo necesitó 10 segundo para recorrerlos y dejar a su espalda hasta a seis defensores antes de driblar a Shilton para empujar el esférico ante la vacía portería inglesa. En el mismo encuentro había nacido la 'Mano de Dios', pero también el 'Gol del Siglo'.

"Dios santo viva el fútbol, golazo. Diego Maradona, es para llorar perdónenme. Maradona, en una corrida memorable, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Gracias Dios por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas...", fue la narración que hizo el periodista uruguayo Víctor Hugo Morales y que dio la vuelta al mundo en el preciso instante en que el argentino atestara el 2-0. "Con el pase que te di, si no hacías el gol te tenías que matar", aseguró Héctor Enrique, una broma en la plantilla consciente de que el 10 había recorrido la mitad del campo dejando a sus espaldas a la mitad del equipo inglés. "Le di una pelota espectacular. Lo dejé mano a mano con los ingleses, solo tuvo que correr", afirmó en entrevistas posteriores.

En el minuto 81 el delantero de Leicester, Gary Lineker, anotó de cabeza el 2-1, lo que supuso una elevada tensión para los compases finales del encuentro. No hubo más variaciones en el marcador, Inglaterra había sido eliminada. Un año después, veteranos de la guerra de Malvinas declararon: "Lo que hizo Diego... Fue lo más parecido a la venganza para nosotros". El Inglaterra-Argentina se convirtió en uno de los partidos más representativos de la Copa del Mundo, el lugar donde los mejores jugadores del planeta tratan de acariciar la gloria cada cuatro años, pero también donde el fútbol trasciende a algo más. 

40 años han pasado de aquel partido y el destino vuelve a colocar un Inglaterra-Argentina en el Mundial, esta vez en semifinales. La albiceleste ya ha confirmado que jugará con la segunda camiseta, la azul, la misma con la que jugó en el Mundial de México 86. En la primera rueda de prensa, cuando ya se conocía el enfrentamiento, el entrenador de la Selección Argentina aseguró: "Es un partido de fútbol. El mensaje es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa". Una frase que recuerda también a lo que se dijo hace cuatro décadas antes del encuentro. Ahora no está Maradona, está Leo Messi; ahora no está Gary Lineker, está Jude Bellingham; pero el duelo promete ser uno de esos partidos imborrables para la memoria colectiva, de los que forjan leyendas o desgracias. Pase lo que pase, eso es un Inglaterra-Argentina: un partido de fútbol que trasciende al deporte rey, que siempre significará algo más, que forma uno de los grandes duelos de la Copa del Mundo. Sólo uno llegará a la final. Sólo uno se enfrentará a España en Nueva York. 

  El 'Gol del Siglo' de Maradona ante Inglaterra en el Mundial del 86.Getty Images
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Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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