Gavin Newsom, el demócrata que planta cara a Trump con sus propias armas y es favorito para 2028
El gobernador de California no duda en llamar al republicano "imbécil con muerte cerebral" y otras lindezas, porque lo entiende como un juego de espejos: ponerlo ante sus propias barbaridades. Con debilidad no se ganarán elecciones, cree.
El Partido Demócrata intenta plantar cara al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desde la indignación y el shock. Lo procura con acciones en el Congreso, con propuestas legislativas, con un intenso trabajo de desmontaje de las mentiras gubernamentales... Pero tiene varios problemas, empezando por su propia travesía del desierto tras la derrota de Kamala Harris, por la falta de liderazgo o por las pugnas de las distintas familias internas, desarboladas ante un mandatario como no ha habido otro.
Hay un problema más, esencial: es tan la fiereza, contundencia y velocidad de los comentarios del republicano, multiplicados por medios y redes sociales, que cuesta amortiguar sus mensajes, sean fake news o sencillamente insultos personales. Y eso cala. Un agujero sin cubrir.
Sin embargo, ha aparecido en escena un demócrata bien conocido que entiende que el fin justifica los medios, o sea, que es mejor jugar el juego de Trump y usar sus propias armas si con eso se ganan elecciones. Primero, las legislativas de mitad de mandato, en noviembre. Luego, las presidenciales de 2028. Se llama Gavin Newsom y es el gobernador de California, un político que arrasa en las elecciones y que ya se había erigido en adalid de la causa antiTrump por su oposición al despliegue de la Guardia Nacional en su territorio, el verano pasado.
Ahora, dice, juega a los "espejos", replica al presidente con palabras gruesas, insultos, acusaciones, memes y montajes que en su formación aún se encajan con la nariz arrugada. "Es un imbécil con muerte cerebral que bombardea a niños y protege a los pedófilos", ha escrito, por ejemplo. El caso es que le funciona, cosecha incontables apoyos y hace que hoy sea el favorito en las encuestas sobre quién debe ser el próximo candidato liberal a la Casa Blanca. Él no avanza que vaya a serlo, pero tampoco reniega del plan, mientras copa titulares.
Un choque viral
Newsom ha cargado contra todas las políticas de Trump en este año largo en el Despacho Oval. Inmigración, transexualidad, recortes federales, Jeffrey Epstein, obras en la Casa Blanca, apoyos a Israel, ataques a Venezuela o Irán... A todo lo que se mueve, le dispara, empezando, claro, por lo que tiene que ver con su estado, donde el presidente quiso dar una lección al progresismo plantando militares en las calles por la oposición general a las redadas migratorias y aludiendo, inexactamente, a datos supuestamente disparados de criminalidad. Lo que no hace en ciudades republicanas, vaya.
Sin embargo, el choque más agrio ha tenido lugar en estos días, cuando Trump ha llamado "tonto" a Newsom, por tener dislexia y, por ello, dificultades de aprendizaje, algo que ha resaltado siempre en su vida pública precisamente para normalizar esta condición. Dijo Trump que el demócrata tiene "bajo cociente intelectual" y lo etiqueta como "Newscum", o sea, combina el apellido "Newsom" con el término inglés "scum" (escoria).
Cree que alguien como él no puede ser presidente, aunque a renglón seguido reconoce que "es muy polémico decir alto tan horrible". Fue cuando Newson, en X, lo llamó imbécil con muerte cerebral o sin cerebro.
Lejos de ocultarse, en sus discursos con la polémica caliente el demócrata ha recordado que no lee discursos porque no sabe leerlos y que ha aprendido toda su vida a base de audiolibros y eso ha llevado a Trump a insistir en su intento de ofensa. "No sabe leer, tiene dislexia y padece un trastorno mental. ¡Un desastre cognitivo!", se mofó.
Hasta el Centro Nacional para las Discapacidades del Aprendizaje ha tenido que condenar enérgicamente al magnate y a explicar que la dislexia no afecta ni a la inteligencia ni al juicio ni a la capacidad de liderazgo y que, de hecho, hay al menos tres presidentes de EEUU disléxicos: George Washington, Woodrow Wilson y John F. Kennedy. Entre el 15 y el 20% de la población de EEUU tiene este trastorno neurobiológico.
Mejor fuerte y equivocado
El gobernador de California no sólo se revuelve cuando le tocan en lo personal. Replica a Trump con todo el armamento que tiene a su alcance porque entiende que, en esta guerra por pararle los pies, prácticamente todo vale. Y en mayúsculas, como le gusta hacer al neoyorquino en Truth Social.
Se mete con la edad del presidente y su salud, que fue un arma arrojadiza de los republicanos contra el expresidente de EEUU, Joe Biden, hasta que lo sacaron de la lona electoral. Se fija en sus manos amoratadas y especula sobre ello como el primer tuitero, publica vídeos en los que se le ve dormido en reuniones o le lanza felicitaciones de San Valentín envenenadas.
Más: lo llama payaso en la cara, publica vídeos con IA en los que Trump le da su apoyo, en los que aparece detenido con esposas puestas o en los que Bakack Obama, otro exmandatario demócrata, le da una paliza en un ring de boxeo. Hasta vende en su web oficial rodilleras rojas con la firma del republicano, "para todas tus necesidades de servilismo a Trump".
Pilla Trump y, claro, todo su equipo. A Elon Musk, el millonario a quien se dejó a cargo del Departamento de Eficiencia Gubernamental durante cuatro meses, le escribió: "Sentimos que tu hija de odie", por su enfrentamiento con la chica por su cambio de sexo. En una entrevista con The Atlantic, Newson no se retracta por haber usado el "cállate, cerdita" que Trump lanzó contra una periodista para atacar a otra pseudoreportera de ultraderecha.
¿No es lo mismo, no repite la misma misoginia? Para él, es un "juego de palabras" que sólo pretende ser un "espejo" ante lo que hace Trump, una denuncia, enfatiza, de la violencia verbal que se ha "normalizado". Y carga contra los que usan sus comentarios "infantiles" para hacerse los ofendidos. "Que se laven la boca con jabón", recomienda.
Sus asesores -porque obviamente estos mensajes no son sólo de su cosecha, sino fruto de la estrategia- asumen la rudeza pero entienden que es la única manera de enfrentarse a alguien como Trump, un "idiota", como lo califican. También confían en su capacidad para salirse del guión sin derrapar.
Han tenido éxito los del actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que ha jugado más a lo positivo, a la alegría que ya viene, a la convivencia y la igualdad. Pero era otra liga, otra batalla. En el Partido Demócrata son muchos los que no comparten el tono de Newson, pero él insisten en que la idea es no aparecer como un blando. Sigue a uno de sus presidentes predilectos, Bill Clinton: "Si se le da a elegir, el pueblo estadounidense siempre apoya a los fuerte y equivocados frente a los débiles y correctos". Moralmente criticable, quizá. Enfilado a la Casa Blanca, también. Esa es la filosofía.
Ambicioso sin ocultarlo
Gavin Christopher Newsom (San Francisco, 10 de octubre de 1967) no oculta sus ganas de crecer. "Ya veremos dónde nos lleva el destino", dice cuando se le pregunta por la posibilidad de aspirar a la Presidencia. El mes pasado publicó sus memorias, Young Man in a Hurry: A Memoir of Discovery (Un joven con prisa: Memorias de un descubrimiento), que es como el rito de iniciación de los que un día quieren entrar en esa pelea, y las encuestas dicen que va primero entre los suyos, por encima de nombres como el de Kamala Harris, Pete Buttigieg o Josh Shapiro.
Por cierto que Harris es de su zona pero no precisamente su amiga. Ni tienen círculos ni filosofías comunes. En sus memorias, la exvicepresidenta de EEUU desveló que llamó al gobernador cuando se estaba pensando ser la candidata en sustitución de Biden. Esa llamada, claro, era para pedirle que fuera su número dos. Newson no le cogió el teléfono. Luego dijo que no reconoció el número de su compañera de partido.
El caso es que sus apariciones se multiplican, dentro y fuera de casa, en consonancia son ese ascenso en los sondeos. El pasado febrero, acudió incluso a la Cumbre de Múnich de Seguridad, que es el gran evento en la materia en el mundo y donde acuden los verdaderamente poderosos. En su salto atlántico, se vio también con el presidente español, Pedro Sánchez, quien le regaló una edición de lujo de El Quijote. "Creo que es importante para ti tener esta visión idealista de luchar", le dijo el socialista.
Inteligente (y alto, blanco, heterosexual y católico), se está atrayendo la atención incluso de de los republicanos más templados que no apoyan a pies juntillas a Trump y no tiene problema en acercarse al clan MAGA para demostrar que quiere hablar con todo el mundo. Su estrategia parece tener dos tiempos, dicen medios como el New York Times: atacar en este tiempo hasta sacar buenos resultados en noviembre y, luego, más cerca de las presidenciales, moderarse para ganarse el centro.
Arrastra fama de ser un progre sanfranciscano de manual o un woke, como dice Trump, así que trata de limar sus aristas, por ejemplo, "presionando a los funcionarios para que tomen medidas enérgicas contra los campamentos de personas sin hogar o proponiendo propuso limitar la cobertura de salud para los inmigrantes que se encuentran en el país ilegalmente", cita Associated Press.
Newsom apoyó a Biden y a Harris, aunque en 2020 y en 2024 su nombre ya surgió como un posible aspirante al Despacho Oval. Dijo que no era su momento, no que no fuera a intentarlo nunca. Ahora el país está más cansado y él, más ansioso.
El 40º gobernador de California lleva en el cargo desde 2019 y renovó su actual mandato en 2022, con un 59,18 % de los votos. En el primero llegó al 62% de los apoyos. Intratable. Antes, fue por dos mandatos teniente gobernador del estado (2011-2019) y alcalde de San Francisco durante siete años (2004-2011). De origen irlandés, es hijo de un juez de un tribunal de apelación y de una madre pluriempleada tras divorciarse cuando Newsom tenía tres años: camarera, contable y secretaria para salir adelante. Tras criarse sobre todo con su madre y su hermana, ha reivindicado siempre que es de clase media y sabe lo que es "pasar una navidad sin regalos".
Pero eso no está tan claro: su padre también se convirtió en administrador de la todopoderosa familia Getty, dueña de media California, y eso hizo que, cuando no estaba con su madre, viviera una vida de lujo, con safaris y osos polares incluidos. De ahí le vino una ayuda imprescindible para su futuro.
Formado en colegios católicos de San Francisco, el demócrata tuvo una infancia compleja por esa dislexia que ahora le afea Trump, que aún hoy permanece. Tuvo problemas para leer, escribir y contar y buena parte de su formación fue oral. Dice que de ahí le viene su afán por comunicar que, ya en la madurez, le ha brotado en forma de programas de televisión y podcasts. No se le ve nunca leyendo discursos. Prefiere hablar con sus asesores a leer sus informes, luego lo pasa todo a notas amarillas y se lo aprende. Ese ejercicio le ha hecho entrenar la memoria y es capaz de dar discursos de siete horas sin equivocarse en un solo dato.
Logró ir a la Universidad de Santa Clara gracias a una beca parcial por deportes, porque destacaba en el béisbol y el baloncesto. También le gusta el atletismo. El deporte le permitió superar sus complejos y su timidez. No hizo carrera por esa vía por culpa de varias lesiones y para pagar sus estudios, fue repartidor de productos de ortopedia, lavaplatos en un bar y dependiente en una tienda de alimentación.
En el año 89 se graduó en Ciencias Políticas, tras pasar su último semestre en Roma (Italia), una estancia que aumentó su conexión con los jesuitas, fijada en la universidad y hasta hoy porque, dice, le aporta "independencia y escepticismo". Dos años después de graduarse, sus intereses estaban lejos de la función pública y apostó por montar una bodega con ayuda de un magnate del petróleo local, Jean Paul Getty, que lo trató "como a un hijo". Defiende ahora el político que lo suyo no fue suerte de rico, sino que la tuvo gracias los contactos labrados por su familia en cuatro generaciones en San Francisco, en los que los Newsom han sido maestros, médicos, músicos...
El caso es que con la ayuda del amigo de la familia llegó a tener 23 negocios entre bodegas, restaurantes, hoteles y tiendas de ropa. Más de 700 empleados. Para 2002, sus propiedades comerciales (sin contar las partes de sus socios) llegaban a un valor de 6,9 millones de dólares. A los trabajadores que proponían ideas que fracasaba les daba un bono de 50 dólares, porque "no hay éxito sin fracaso". Dice que le gustaba la empresa, pero debió dejar ese mundo al entrar de lleno en política.
Asume, en las entrevistas de promoción de su libro, que sabe "de las ventajas y privilegios" que disfrutó. Y eso es un mérito a ojos de una de sus protectoras, Nancy Pelosi, expresidenta de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos y familia política lejana del gobernador. Dice que es "muy trabajador", pese a esas ayudas.
Fue en 1995, cuando metió cabeza como voluntario en la campaña del alcalde demócrata de San Francisco Willie Brown. Le gustó como recaudador de fondos y organizador de eventos en sus bares así que tras ganar se lo llevó como miembro de la Comisión de Estacionamiento y Tráfico. Al año siguiente estaba en la Junta de Supervisión con una suplencia. En 1998, era miembro de pleno derecho. En 2003, se hacía ya con la alcaldía entera, aupado por su juventud y carisma. "Soy un liberal social y un guardián fiscal", decía de sí mismo.
Ya no paró, de vicegobernador a gobernador de dos en dos mandatos. 2011 fue el año en el que se estrenó en su actual cargo, lo que le da galones de veterano. Fue aquel un tiempo de purpurina, cuando la New York Magazine hablaba de su "belleza deslumbrante", su 1,90 de estatura, su gomina (L'Oreal siempre) y sus trajes de Ralph Lauren. Tiene mucha experiencia, pero aún no le ha llegado el salto a la política federal. Se acerca, eso sí.
La gestión
En sus años como gestor, Newsom ha destacado por algunos caballos de batalla muy significativos. En lo municipal, es recordado por su reforma del transporte público en San Francisco, el tren en especial, por sus limitaciones al precio de los alquileres y el impulso a la vivienda pública (con colaboración privada). Con el tiempo, fue añadiendo preocupaciones ambientales.
En el estado, promovió las uniones entre personas del mismo sexo pese a que contravenían aún las legislaciones federales (2004, pese a que fueron tumbadas por el Supremo y recuperadas en 2008) y ha sido un defensor de la comunidad LGTBIQ+, creando zonas-refugio incluso para transexuales, como ha hecho con los migrantes sin papeles, que tienen todos ellos asistencia médica garantizada.
Ha participado en piquetes sindicales para apoyar una huelga contra los grandes empresarios hoteleros y ha creado hogares estables para 5.000 sintecho. Defiende la legalización del cannabis y con él no hay pena de muerte en California, ha creado un programa de ayuda a promesas universitarias, ha aprobado protocolos que reducen la violencia policial admitida y es conocido como uno de los políticos más y mejor incorporados a las redes sociales. Incluso tiene publicado un libro sobre digitalización en la administración pública.
Desde 2023 lidera la Campaña por la Democracia, que se entiende como una plataforma para aspirar a cargos federales un día, en la que se centra en combatir a los "líderes autoritarios" como el actual presidente.
No todo es jauja. Newsom fue severamente criticado durante la pandemia de coronavirus, incluyendo un intento de destitución impulsado por republicanos y que sólo recibió un 38% de apoyos, pero también por empresarios y padres frustrados que sentían que el estado actuó con demasiada cautela y se negó a relajar las medidas de control, como lo hicieron otros estados. Con el tiempo ha reconocido que quizá debió actuar de otra manera. Los sanitarios, por contra, le aplauden aquella prudencia. Desde luego, no es un negacionista como Trump. También fue criticado en los tres últimos años por no atajar a tiempo o con más medios los incendios que recurrentemente los incendios forestales en California, aunque siempre expone lo desmedido de la catástrofe y la falta de ayuda de otras administraciones.
Para algunos, tampoco es coherente ir de líder verde y duplicar los permisos para fracking como hizo nada más llegar al cargo, aunque luego revertió parte de esas licencias, luego firmó algunas sueltas y, al fin, se ha comprometido a poner fin a la extracción de petróleo para 2045.
Hay críticos que, además, dicen que es demasiado profesional, demasiado amable y carismático y atractivo como para tener verdad. Su gente lo niega, dice que es divertido e ingenioso, cariñoso y buen hacedor de equipos.
En lo personal, este gobernador que hoy quita el sueño a Trump está casado con la directora y documentalista Jennifer Siebel (que tiene el cargo de "primera pareja" de California y no de primera dama), con la que tiene cuatro hijos. Se casaron en 2008 en una boda temática sobre Memorias de África. Así entró de lleno en la batalla del Me Too, ya que su esposa fue una de las mujeres que denunció a Harvey Weinstein por violación, en 2005. Es considerada una líder del feminismo norteamericano y, de hecho, no ejerce su papel como "primera dama" sino como "primera pareja" o "compañera" del gobernador.
Es su segunda esposa. La primera, con la que estuvo tres años, es Kimberly Guilfoyle, una abogada famosa por convertirse en comentarista política de la cadena conservadora Fox, que luego ha llegado a ser asesora del presidente Trump... y más que asesora, su nuera: a finales del año pasado, rompió con Donald Trump Junior, el hijo del mandatario, quien ha sido su pareja durante cinco años.
Aún se lleva bien con Newsom... dice en las entrevistas porque, cuando hace comparecencias con el Partido Republicano, habla de si está o no "dotado" o lo acusa de convertir California en "una tierra de jeringuillas de heroína tiradas por los parques, de disturbios en las calles y de apagones en los hogares".
Queda mucho para 2028, pero en su partido saben que tendrán que contar con él, al menos para unas primarias en busca de candidato. Hablando muy alto y, también, muy claro, buscando contentar al centrismo y a los liberales de siempre pero también a los independientes, menos a los socialistas, pero con algunos guiños, quizá también. Es, como dice la CNN, el demócrata del momento. El combativo.