Una prueba de misil balístico intercontinental (ICBM) de alcance sin precedentes ha marcado un punto de inflexión en la política de defensa internacional.
Trump ha pasado de bloquear la ayuda a Kiev a anunciar nuevos envíos: tecnología propia pero pagada por Europa. La angustia de Zelenski por la necesidad de defensa y su propia frustración con Putin justifica la medida.
El primer uso operativo reconocido del Oreshnik tuvo lugar en noviembre de 2024, cuando se lanzó en configuración no nuclear contra la instalación industrial de defensa de Yuzhmash en Dnipropetrovsk.
La triple capa que protege los cielos es altamente efectiva, pero nunca ha hecho frente a misiles tan potentes como los de Teherán. Nadie sabe qué se agotará antes, si el arsenal de los ayatolás o los interceptores de Tel Aviv. El pulso dura.
Son capaces de burlar los escudos más avanzados, incluida la Cúpula de Hierro israelí. 50 cazas israelíes atacan una planta de centrifugadoras nucleares en Teherán.
Las fuerzas ocupantes han bombardeado varios edificios residenciales, centros educativos e infraestructuras críticas, empleando drones y misiles. La peor oleada en casi un año, con 440 drones y 32 misiles.
Tel Aviv defiende su ofensiva sobre el país como una acción "preventiva" ante las hipotéticas armas atómicas de su adversario. ¿De verdad las tienen ya? ¿Están muy cerca? ¿Con el daño causado ya no podrán armarlas?
"El de hoy ha sido uno de los mayores ataques contra Kiev, Odesa, y la región de Dnipró y Cherníguiv", reconoce Zelenski, "ataques con misiles y Shahed que ahogan los esfuerzos de EEUU y de otros países en el mundo para forzar a Moscú a la paz".
"Contábamos con este proyecto para combatir los Shaheed. No era costoso, pero era tecnología especial", lamenta el presidente de Ucrania, que explica que fue un compromiso de la era Biden que ahora Trump rompe.
La inteligencia militar de Ucrania advirtió que Rusia planeaba efectuar un lanzamiento de "entrenamiento y combate" de un misil balístico intercontinental.