El momento en el que la derecha perdió el apoyo de los pontífices: la defensa de los derechos humanos y la clave migratoria
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El momento en el que la derecha perdió el apoyo de los pontífices: la defensa de los derechos humanos y la clave migratoria

Los últimos dos papas han marcado distancia con la posición de las derechas mundiales especialmente por la defensa de los derechos humanos, el enfoque antibelicista del Vaticano y la migración.

El papa Francisco y León XIV.Divisione Produzione Fotografica

"A veces Dios castiga dándote lo que deseas", esgrimía Cruz Cafuné en su memorable tema que otorgaba el nombre a Me Muevo Con Dios. Las referencias al señor se han incrustado en las referencias culturales de toda índole, desde el rap en los 90, pasando a Rosalía este 2026. Mientras el mundo se tiñe de teorías sobre la derechización de la sociedad, desde el Vaticano han realizado un giro de 180 grados en los últimos años, marcando una distancia evidente con la mayoría de derechas mundiales que han endurecido su discurso en diferentes claves sociales

Todo empezó con la fumata blanca del papa Francisco, allá por 2013. Entonces, el primer pontífice argentino se alzó como uno de los defensores de los principios y derechos humanos fundamentales. El odio de la extrema derecha no tardó en aparecer hacia el argentino y las personas más asociadas al ateísmo empezaron a compartir y defender los postulados de Francisco. La defensa de los migrantes que se jugaban la vida en la valla de Melilla o cruzando el mar para encontrar un futuro mejor también incrementó la repulsa de la extrema derecha. El 8 de julio de 2013 y tan solo cinco meses después de haberse convertido en el mayor exponente del catolicismo, el pontífice realizó su primer viaje fuera de las paredes del Vaticano y de Roma. El lugar escogido no fue casual, se trataba de la isla italiana de Lampedusa, uno de los puntos con mayor tensión migratoria en Europa

"Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los otros, no nos afecta, no nos interesa, no es cosa nuestra. Pidamos al señor que nos dé la gracia de llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas a nivel mundial que abren el camino a dramas como estos", dijo poco antes de lanzar una corona de flores en memoria de los migrantes que murieron en el Mediterráneo. Más allá de Lampedusa, también tuvo intervenciones en otros puntos del mundo para poner consciencia de humanidad, como hizo en Panamá: "Yo también soy hijo de migrantes, que salieron en búsqueda de un mejor porvenir. Hubo momentos en que se quedaron sin nada, hasta pasar hambre; con las manos vacías, pero el corazón lleno de esperanza". 

"Yo también soy hijo de migrantes"
El papa Francisco

En 2016 los constantes posicionamientos del pontífice hicieron estallar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Concretamente este: "Alguien que piensa solo en construir muros y no puentes, no es cristiano". "Que un líder religioso cuestione la fe de una persona es vergonzoso. El papa es una persona muy política. Creo que no comprende los problemas que tiene nuestro país", dijo el líder de la Casa Blanca al respecto. La relación con el mayor exponente de la ultraderecha mundial en ningún caso fue a mejor con el paso de los años. En 2019 y con la clausura de Gobierno de EEUU, Trump volvió al acecho contra Francisco y sus referencias al muro: "Dicen que un muro es inmoral, pero el Vaticano tiene el muro más grande de todos. El Vaticano tiene paredes muy altas. No me vengan a decir que los muros no funcionan, porque vaya si funcionan". 

En lo que compete a España, también el papa Francisco se creó enemigos por sus palabras en pocos instantes. El presidente de Vox, Santiago Abascal, llegó a afirmar que "el papa no le representaba ni a él ni a muchos católicos", marcando una postura similar a la de otros líderes conservadores que veían en Francisco una figura incómoda por su insistencia en vincular la doctrina cristiana con la acogida, la solidaridad y la protección de los más vulnerables. De hecho, en una entrevista de Salvados en La Sexta, el pontífice señaló a las cuchillas que se colocaron en la valla de Melilla: "Es el acto más inhumano que se puede hacer, todos somos hijos de migrantes y no se puede tolerar que se coloquen estos artefactos para hacer daño al prójimo. Qué estado tiene derecho a hacer eso en su frontera". 

  Una patera con migrantes, en una imagen de archivo.SOPA Images via Getty Images

La muerte de Francisco abrió una incógnita que durante semanas sobrevoló el Vaticano. Buena parte de los movimientos conservadores internacionales confiaban en que el nuevo pontífice rebajara el tono sobre la cuestión migratoria y abandonara el perfil marcadamente social que había caracterizado al argentino. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.

La elección de León XIV consolidó una línea que ya parecía irreversible dentro de la iglesia católica. Desde sus primeras intervenciones públicas, el nuevo pontífice situó la defensa de la dignidad humana, los derechos fundamentales y la protección de las personas migrantes en el centro de su mensaje. Lejos de aproximarse a los discursos identitarios que han ganado fuerza en numerosos países, León XIV insistió en que la respuesta a los desafíos migratorios no podía construirse desde la deshumanización ni desde el rechazo al diferente.

Su posición no tardó en generar tensiones con los sectores más próximos a Donald Trump. Antes incluso de convertirse en papa, Robert Prevost había mostrado públicamente su desacuerdo con algunas de las políticas migratorias impulsadas por la Administración republicana. Ya como León XIV, mantuvo esa línea y defendió que la condición humana debe situarse por encima de cualquier frontera política. La insistencia del pontífice en la necesidad de proteger a los refugiados, garantizar procedimientos dignos para los solicitantes de asilo y combatir los discursos de odio fue interpretada por parte del trumpismo como una continuación directa del legado de Francisco.

"Es indispensable una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades"
El papa León XIV

La tensión no se limita únicamente a la migración. León XIV también ha reiterado la importancia de defender los derechos humanos en conflictos internacionales, el derecho internacional, la lucha contra la pobreza, la protección de los trabajadores y la necesidad de reforzar los mecanismos de cooperación internacional. Una agenda que choca frontalmente con el repliegue nacionalista que defienden numerosos líderes de la nueva derecha global. El ejemplo más claro de este choque de principios se ha evidenciado este lunes en el Congreso de los Diputados, donde el pontífice ha expuesto la defensa y ha advertido a los dirigentes españoles la necesidad moral de proteger a aquellos que buscan una vida mejor: "La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos".

"Es indispensable una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran", ha dicho el papa en línea a su antecesor en la Cámara Baja.

Paradójicamente, mientras una parte de la izquierda occidental se alejaba progresivamente de las instituciones religiosas durante las últimas décadas, los papados de Francisco y León XIV han encontrado reconocimiento en sectores tradicionalmente alejados de la iglesia por su defensa de los migrantes, los refugiados y los derechos sociales. Al mismo tiempo, buena parte de la derecha que durante años reivindicó las raíces cristianas de Occidente ha acabado enfrentándose a los pontífices precisamente por aplicar algunos de los principios más elementales del cristianismo.

La paradoja resulta difícil de ignorar. En una época marcada por la polarización y el endurecimiento de los discursos políticos, la iglesia católica ha dejado de ser para muchos un aliado natural del conservadurismo y la extrema derecha. Francisco inició ese camino desde las costas de Lampedusa. León XIV, lejos de distanciarse, ha decidido profundizar en él. Y es ahí donde una parte de la derecha internacional ha descubierto que el mayor conflicto no estaba en Roma, sino en las consecuencias prácticas de un mensaje que pone en el centro a quienes llegan con las manos vacías, a cuidar al prójimo y señalar la desigualdad.

"Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro. Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio", ha concluido este lunes León XIV ante la cámara de representación española. Un mensaje que, lejos de los mensajes de 'sálvese quién pueda' y el individualismo, aboga por mirar al otro, al diferente y apostar por aquellos que menos tienen, que más necesitan. También, señalando uno de los puntos que ha puesto en la agenda desde el agradecimiento al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por su dirección hacia la defensa del derecho internacional.  

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Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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