Quién era Ali Larijani, el hombre fuerte de los ayatolás que no pudo ser presidente
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Quién era Ali Larijani, el hombre fuerte de los ayatolás que no pudo ser presidente

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán se consideraba clave tras la muerte de Jamenei. Fue el rostro amable de Teherán y uno de sus más cotizados negociadores. Pertenecía a la saga de los "Kennedy iraníes".

El entonces presidente del Parlamento iraní y exnegociador nuclear principal de Teherán, Ali Larijani, atendiendo a la prensa el 9 de octubre de 2013 en Ginebra (Suiza).Harold Cunningham / Getty

Alí Lariyaní, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, está muerto. Es lo que ha informado esta mañana el Ejército de Israel, perpetrador del ataque sobre Irán que ha alcanzado su escondite y en el que ha matado, además, a Gholamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij, de la Guardia Revolucionaria. Las autoridades iraníes, sin embargo, lo niegan, y prometen dar una prueba de vida en breve. 

Mientras hay o no confirmación oficial de su asesinato, en El HuffPost nos asomamos a la trayectoria de un hombre que se perfilaba clave en el nuevo Irán, de escenarios tan abiertos. Una figura templada, pragmática, de larga trayectoria, que intentó ser presidente (dos veces) y no pudo, perteneciente a una saga de enorme influencia en el país, hasta el punto de ser bautizada como los Kennedy de Irán. Sin sus contactos, sus lazos diplomáticos y su conocimiento del sistema, el régimen de los ayatolás sufre. 

Los cargos

Alí Lariyaní (nacido en Nayaf, en Irak, el 3 de junio de 1958, hijo de padres persas iraníes) ocupaba su cargo como secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional desde agosto de 2025, cuando fue nombrado por el actual presidente, el reformista Masoud Pezeshkian, quien le dio así el máximo poder de seguridad de Irán, tras la Guerra de los 12 días con Israel.

Tras ocupar la presidencia de la radiotelevisión iraní IRIB (de 1994 a 2004), el Ministerio de Cultura y Guía Islámicas (1992, bajo el mandato del presidente Akbar Hashemi Rafsanjani) y la secretaría del Consejo Superior de Seguridad Nacional, se convirtió en presidente de la Asamblea Consultiva Islámica, el equivalente al Parlamento nacional, durante 12 años, de 2008 a 2020, como representante de la circunscripción de Qom.

En ese tiempo, desempeñó un papel fundamental en la configuración de la política nacional y exterior, porque en todo estaba presente como figura de consenso, como mediador, como facilitador. Una especie de señor Lobo. 

La trayectoria

Ali Larijani provenía (¿o proviene?) de una familia de la nobleza chií religiosa, radicada en Amol, en la provincia de Mazandarán. Su padre fue un clérigo destacado, el ayatolá Hashim Larijani. Sus progenitores se mudaron a Nayaf en 1931 debido a la presión del gobernante Reza Shah, pero regresaron a Irán en 1961. Durante los últimos años del reinado de Reza Pahlavi -el último monarca del país-, miembros de la familia Larijani, incluido su padre, fueron exiliados a las ciudades de Bukan y Sardasht, habitadas por kurdos, donde residieron durante un tiempo antes de que finalmente se les permitiera regresar al norte de Irán. Todo cambió con la Revolución Islámica de 1979. 

La revista norteamericana Time vio en esta familia una dinastía tan influyente en el nuevo Irán que los describió, en 2009, como los "Kennedy" del país. Al igual que Larijani, sus hermanos empezaron a ocupar algunos de los cargos más poderosos de Irán, incluso en el poder judicial y en la Asamblea de Expertos, un consejo clerical facultado para elegir y supervisar al líder supremo.

"Los vínculos de Larijani con la élite revolucionaria iraní posterior a 1979 también son personales", ahonda Al Jazeera, ya que a los 20 años se casó con Farideh Motahari, hija de Morteza Motahhari, un confidente cercano del fundador de la República Islámica de Irán, Ruhollah Jomeini. A pesar de las raíces religiosas conservadoras de su familia, sus hijos han tenido trayectorias diversas. Su hija, Fatemeh, licenciada en medicina por la Universidad de Teherán, completó su especialización en la Universidad Estatal de Cleveland, en Ohio (EEUU), por ejemplo.

Lo mismo ocurre con el propio dirigente supuestamente asesinado este martes. A diferencia de muchos de sus compañeros que provenían exclusivamente de seminarios religiosos, Larijani también tiene una formación académica laica y, además, volcada en Occidente. En en año de la expulsión del sha, cuando las manifestaciones llenaban las calles de su nación, obtuvo una licenciatura en Matemáticas e Informática por la Universidad Tecnológica Sharif. Posteriormente, completó una maestría y un doctorado en filosofía occidental por la Universidad de Teherán, con una tesis sobre Immanuel Kant, el filósofo prusiano más destacado de la Ilustración.

En círculos privados, dice el canal catarí, hacía gala de sus enormes conocimientos filosóficos, estudios que nunca ha abandonó. Sin embargo, en tiempos cambiantes para su país, y dada la inmersión de su propia gente en el nuevo rumbo del país, decidió aparcar los libros y ponerse el uniforme. 

Tras la aprehensión de la victoria por parte de los ayatolás, se unió a la Guardia Revolucionaria Islámica a principios de la década de 1980, antes de pasar al Gobierno, tanto a Cultura como a los medios estatales. "Durante su tiempo en la IRIB, enfrentó críticas de los reformistas, quienes acusaron a sus políticas restrictivas de empujar a la juventud iraní hacia los medios de comunicación extranjeros", expone la citada cadena.  Larijani, añade la DW alemana, "utilizó la emisora como una herramienta de propaganda progubernamental, supervisando programas como Hoviat (Identidad), que tachaba públicamente a los intelectuales iraníes opositores al régimen de traidores financiados por Occidente".

El sueño imposible

Un hombre de las raíces, la trayectoria y el conocimiento de Larijani tenía más ambiciones, sobre todo la de ser presidente de su país, pero le fue imposible. Hasta en tres ocasiones lo intentó y fracasó. 

Se presentó por primera vez a la presidencia en el año 2005, pero recibió menos del 6% de los votos en la primera vuelta y nunca llegó a la segunda, que fue ganada por el ultraconservador Mahmoud Ahmadinejad, uno de los mayores impulsores del programa atómico del régimen. 

El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad y el del Parlamento, Ali Larijani, escuchan un discurso del líder supremo, Ali Jamenei, el 3 de agosto de 2009, en Teherán.REUTERS

El mandatario, no obstante, vio los riesgos de enemistarse con alguien tan influyente y, también, la oportunidad de echar mano de sus valores, así que lo rescató como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y principal negociador nuclear del país. Duró poco: renunció a esos dos cargos en 2007, tras distanciarse cada vez más de las políticas más radicales de Ahmadinejad.

Optó por el poder legislativo, entrando en el parlamento y presidiéndolo incluso, lo que le permitió aumentar su influencia y mantener su vínculo con las materias nucleares. Entre sus méritos, destaca la aprobación en la cámara del acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y las potencias mundiales, conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). De entonces son la mayoría de las fotos suyas de que dispone la prensa internacional, de cuando viajaba a Europa como parte de las delegaciones, no como un líder a perseguir. 

Aquel fue uno de los mayores éxitos diplomáticos de la historia reciente, que limitaba al campo civil las investigaciones de Irán y garantizaba inspecciones internacionales para ver si realmente lo cumplía. Sin embargo, el presidente de EEUU, Donald Trump, se salió del pacto en 2018, y hasta hoy, que estamos en guerra. 

Tras dejar su cargo como presidente del Parlamento y miembro del mismo en 2020, fue puesto al frente de la supervisión de un acuerdo estratégico de cooperación de 25 años con China, que se finalizó al año siguiente. Pero era poco e intentó presentarse a la presidencia por segunda vez en las elecciones de 2021. Sin embargo, en esta ocasión fue descalificado por el Consejo de Guardianes, organismo encargado de evaluar a los candidatos. Y volvió a ser descalificado cuando intentó presentarse a las elecciones presidenciales de 2024.

El Consejo de Guardianes, como es costumbre, no dio ninguna razón para las descalificaciones. Los analistas, en el caso de 2021, interpretaron entonces la medida como una forma de que el establishment allanara el camino al intransigente Ebrahim Raisi, quien ganó las elecciones. El ayatolá Sadiq Larijani se quejó públicamente de que su hermano había sido inhabilitado "sobre la base de información falsa del servicio secreto" y de que se habían difundido deliberadamente "falsedades" entre el Consejo de Guardianes.

Larijani, en el chasco más reciente, criticó la descalificación por considerarla poco transparente.

Aún así, supo reconducir su carrera de la mano del actual presidente, llegando a ser mano derecha del ayatolá Ali Jamenei. Con poder de seguridad centro y con buenos enganches fuera, aún: viajaba con frecuencia a Moscú, actuando como enviado de Jamenei ante el presidente ruso, Vladimir Putin, presumiblemente con la ayuda del embajador iraní Kazem Jalali, quien también era un estrecho colaborador de Larijani. El flanco ruso, otro que hay que vigilar en esta guerra y que, con esta muerte, queda un poco más inestable. 

El presidente ruso, Vladimir Putin, saluda al entonces presidente del Parlamento iraní, Ali Larijani, durante la reunión del Club Internacional de Debate Valdai, el 22 de octubre de 2015, en Sochi.Sasha Mordovets / Getty Images

Su postura actual

Desde que asumió el cargo, su postura se había endurecido, tanto en obras como en palabras. En octubre del pasado año, ya surgieron informes de que Larijani había cancelado un acuerdo de cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), declarando que los informes del organismo "ya no eran efectivos". Esa línea abierta con la ONU era, aún, un asidero para quienes defendían la vía pacífica en la negociación sobre las posibilidades de que Teherán se hiciera o no con armas atómicas, como las tienen, de hecho, EEUU e Israel, sus agresores

Aún así, arrancando el 2026, se le consideraba como un líder pragmático, alguien a quien se podía recurrir en el seno del sistema iraní porque podría estar dispuesto a llegar a un compromiso. Apenas unas semanas antes de la actual escalada, Larijani estaba inmerso en negociaciones indirectas con EEUU, según han desvelado medios norteamericanos como la CNN

En febrero, durante las conversaciones mediadas por Omán, ya afirmó que Teherán no había recibido ninguna propuesta específica de Washington y acusó a Israel de intentar sabotear la vía diplomática para "desencadenar una guerra". Esas negociaciones, supuestamente, debían seguir en la primera semana de marzo, según informaron los mediadores, porque iban transcurriendo de forma "positiva". "Recurrir a la negociación es una vía racional" dijo incluso Larijani. Eso fue el 27 de febrero. El 28, los dos aliados occidentales bombardeaban Irán. 

El pasado 1 de marzo, un día después del magnicidio de Jamenei, Larijani apareció en la televisión estatal y lanzó un mensaje de guerra total. Con los posibles sucesores escondidos, tratando de protegerse, dio la cara para amenazar al adversario. "EEUU y el régimen sionista [Israel] han prendido fuego al corazón de la nación iraní", escribió en las redes sociales. "Les quemaremos el corazón. Haremos que los criminales sionistas y los desvergonzados estadounidenses se arrepientan de sus actos", añadió. 

"Les quemaremos el corazón. Haremos que los criminales sionistas y los desvergonzados estadounidenses se arrepientan de sus actos"

"Los valientes soldados y la gran nación de Irán les darán una lección inolvidable a los infernales opresores internacionales", avisó, igualmente Larijani, quien acusó a Trump de caer en una "trampa israelí", de dejarse arrastrar al conflicto por las ansias del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu

Se esperaba que, en este tiempo nuevo de guerra, desempeñara un papel importante junto al consejo de transición, pese a que ya se ha elegido al sucesor de Jamenei, su hijo Mojtaba.

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